Si Bowie levantase la cabeza… (una historia paranormal en Fnac Murcia)

Toda buena historia tiene un gran comienzo. Era una radiante mañana de… no me acuerdo, solo sé que pasé por la tienda de Fnac Murcia y no pude contener la tentación de pasar por la sección de música.

Puede que no lo creas, pero los 60m2 de superficie de la sección los conozco al milímetro, quizás más que muchos vendedores de la tienda. Me encanta pasar por el pasillo central, como si un alto mando pasase revista a sus soldados, con las manos entrelazadas en mi espalda y girando la cabeza a cada lado. Saludo a Sidonie, giro al otro lado y veo a Viva Suecia, sigo caminado entre Muse y Bill Halley, me reverencio ante el señor  Johnny Cash que tiene al lado un disco de Paloma San Basilio… (Voy y lo coloco en su estante) me deslizo por el camino de baldosas amarillas hasta mi altar, hasta hacer mi parada en la sección de Vinilos. Siempre voy de cabeza a la sección de Bowie, en la cuall, tienen el disco de “Ziggy Stardust” siempre pasado de precio de mercado y me digo a mi mismo que es una locura pagar tanto por ese disco…

Toda esta palabrería era para ponerte en situación, allí estoy yo rodeado de los más grandes, en la zona de VINILOS, solo reservada para los músicos Premium, o eso creía. Mientras me disponía a revisar en el mural de NACIONAL si por fin había entrado en stock “El poeta Halley” una niña de unos doce años se coloca a mi lado. Está atacada, casi hiperventilando de la emoción, me asusto, creo que estoy ante una aparición. Esta medio ida rebuscando entre los vinilos de Bunbury, Nacho Vegas…

  • Esta niña ha tenido una revelación. —Pensé —el rock no ha muerto.

Una satisfacción invadió mi interior, me volví a San Bowie de mis amores y asentí con agrado.

De repente la niña exclamó a su madre, ansiosa con temblores diciendo que lo tenía, ¡lo tenía!. Faltó muy poco que yo exclamase un ¡Aleluya! pero me contuve.

Su madre acudió a su llamada, con esa mirada de madre de: “sea lo que sea déjalo que no te lo voy a comprar” ese parpadeo que solo ellas saben hacer.

 

Y entonces la iluminada sacó de entre todas las glorias del rock Nacional el vinilo majestuoso, increíble, enigmático de… las Sweet California

… (Un minuto de silencio por mi esperanza muerta)

Y ésta fue su conversación:

  • ¡Mamá me lo tengo que llevar! ¡lo necesito!— esa niña iba a morir de ansiedad.
  • ¿Acaso sabes qué es eso? –mirada de madre impenetrable.
  • No, pero lo necesito.
  • Eso es un disco de vinilo y en casa no tenemos tocadiscos.
  • Me da igual, lo necesito.

Pero sus plegarias no se cumplieron y su madre siguió su camino.

Cogí el vinilo ante tanta ansiedad mostrada y miré su precio, era mucho más elevado que el vinilo de “Ziggy Stardust” ¡pero que co&5¡%!

Todo esto me hizo reflexionar sobre la industria del vinilo, gente como Justin Bieber, Rihanna, One Direction (reyes del mundo digital) tienen sus discos en vinilo a la caza de niñas tontas como esta. Esta inclusión de lo digital en el vinilo ensombrece un poco el legado de este formato,  universaliza la música de una manera que desvaloriza al vinilo como formato de culto. Así que cogí el vinilo, miré otra vez a Bowie y los dos negamos con tristeza.

 

Lo peor de todo es que esa jodida niña me hizo replanteármelo todo… ¿no era yo como esa niña? Me explico, yo soy el primero que cuando voy allí y veo alguna recopilación de Little Richard o Chuck Berry me pongo como una perra y me da igual lo que valga, me la llevo. ¿Esa niña y yo somos la misma persona? ¿Voy a tener que llevar a mi madre de compras conmigo para que me someta con esa mirada y no caer en las garras del capitalismo? ¿Eh?¿Eh?.

Todo esto lo digo mientras me llevo el disco de Ziggy Stardust…

Conclusión: esa niña es tonta, yo solo soy un melómano y tengo un problemilla con esta droga.

 

Fin

 

Totana,1984. Crecí entre los discos de Los Pecos de mi madre y los casetes de Formula V de mi padre. Soy técnico de Marketing enfocado al grafico, a la creación de contenido y al diseño. Tengo los oídos bien entrenados a base de Rap, Rock, shogaze o Metal, paso del indie a la copla, o del Trash a la clásica... no me importa el género siempre que la canción merezca la pena. Mi otro yo es escritor, y ha publicado dos novelas “La luna roja de Siberia" y “Omega, el Ángel caótico”. Amante de la peor ciencia ficción y la serie Z. Coleccionista de vinilos compulsivo, desde Nino Bravo a Marilyn Manson, para mi madre: soy un caso perdio.

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