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Bravo Lahoz: «Llenar el vacío con ruido es fruto de la desesperación”
Tras un largo paréntesis, Bravo Lahoz reaparece con La tensión irresoluble (de nuestros días), un EP que vira hacia lo íntimo y desnudo. El piano marca el paso y abre un espacio de silencio y contención donde pesan las letras: desesperanza, ruido social, tensiones contemporáneas. Con la producción de Juan A. Salinas, las canciones se desenvuelven entre la aridez y la ternura, mientras el artista se distancia de la sobreexposición y de unas redes que ya no le aportan. Una vuelta honesta, recortada al hueso, que pide escucha atenta y sin distracciones.
Después de más de dos años de silencio, vuelves con La tensión irresoluble (de nuestros días). ¿Qué te llevó a retomar el proyecto y qué ha cambiado en ti durante este tiempo?
Me he pasado mucho tiempo haciendo otras cosas y dejé esto un poco apartado. Cuando me vi con unas pocas ideas a medio componer, me propuse ir a grabar. Como llevaba ya tanto tiempo, no he querido forzar ni hacer más para completar algo más largo. Estos temas tenían coherencia juntos, así que aproveché el impulso —que luego me lío con otras cosas y lo dejo parado—, no fuera que se desvirtuara un poco. Lo que ha cambiado es que soy más viejo, más todavía.
Has fijado tu residencia en la costa cantábrica, un lugar que parece haber influido en el sonido y el tono del EP. ¿Qué papel ha jugado ese entorno en la gestación de estas canciones?
En realidad, nada, porque ya estaba todo hecho antes de venirme al norte. Lo grabé antes también, así que no ha tenido nada que ver. Pero queda bien en las reseñas; como en este país todo lo que tiene que ver con el norte está tan romantizado, se ve con otros ojos lo que haces.
Este nuevo trabajo supone una evolución clara hacia un sonido más íntimo, casi confesional. ¿Cómo surgió esa búsqueda de lo mínimo, lo lo-fi, lo crudo?
Ha salido así. Componer con el piano puede haberlo cambiado todo, porque cuando componía con la guitarra tenía la impresión de que era algo a completar con otros elementos, como si me faltara una banda. Si escuchas mis discos anteriores, casi son discos de banda. El piano parece completarse en sí mismo y ya me suena suficiente con la voz, sin necesidad de mucho más. Me veo más cómodo en este formato más “recogido”. Pero la canción que abre el EP es aún formato banda, y contrasta con el resto, que explora este nuevo camino para mí.
“El silencio es parte integral de la música.”
—Bravo Lahoz
La producción de Juan A. Salinas ha creado un ambiente de “árida ternura” que define mucho el espíritu del EP. ¿Cómo fue trabajar con él y qué crees que ha aportado al resultado final?
Ya había trabajado con él en el primer disco, con un resultado muy satisfactorio. Me resulta muy fácil porque aporta sonidos muy interesantes que envuelven la base con la que voy al estudio. De las guitarras me puedo olvidar (para mí las guitarras son un suplicio) porque las toca él, y todo lo que incorpora me acaba convenciendo. Tiene allí varios sintetizadores y pedales para buscar arreglos; me gusta trabajar así. Además, tiene la capacidad de experimentar en el estudio con ruidos de todo tipo, aunque luego yo me acabo desbocando y le cuesta un poco darle forma a mis delirios.
El título del EP ya plantea una premisa potente: La tensión irresoluble (de nuestros días). ¿Qué querías transmitir con él? ¿A qué tipo de tensiones te refieres?
Uf, nos estamos volviendo todos locos: estamos crispados, enfadados; nos dejamos arrastrar por cualquier tontería y discutimos por cualquier cosa. Es un ruido de fondo que está por todas partes: en el trabajo, en la familia… Ves la televisión y da hasta miedo, llena de personajes grotescos pegando gritos y discutiendo, y viene desde todas partes. Y eso que aquí tenemos suerte de no estar a pepinazos, pero todo es tensión: hasta cuando uno va a descansar huyendo del ruido, se encuentra con masificación, más ruido y conflicto. No tiene buena pinta, porque lo que nos venden es enfrentamiento y lo estamos comprando. Estamos en tensión contra nosotros mismos, en un enfrentamiento contra nuestra propia naturaleza, y está por todas partes.
“Estamos en tensión contra nosotros mismos.”
—Bravo Lahoz
Las letras siguen siendo una pieza central en tu trabajo, con referencias a la desesperanza, lo mental, lo político. ¿Desde dónde escribes ahora? ¿Cómo ha cambiado tu forma de enfrentarte a las palabras?
Estas sí las he escrito en el momento actual. Los discos anteriores recogían cosas que tenía ya escritas y esta vez me he puesto en tiempo presente. No son totalmente autobiográficas o centradas en mi punto de vista: he intentado abrir el campo o ponerme desde varios puntos de vista ajenos (si es que eso se puede hacer) de forma simultánea. Se diluyen diferentes visiones, como si varios personajes hablaran al mismo tiempo. También he querido retorcer el texto y forzarlo para ver hasta dónde llega, aunque a veces pueda incurrir en errores y que el mensaje pueda ser ambiguo.
Hay en este EP una atmósfera casi desértica, con espacio, silencio y contención. ¿Fue intencionado ese alejamiento de lo sobreproducido, del ruido?
Sigue habiendo ruido, pero más de fondo, más envolvente. Lo bueno del piano es que completa sin necesidad de tantas capas de sonido. Lo que hago cada vez me pide menos sonido y más silencio. El silencio es parte integral de la música y, aunque pueda resultar incómodo, es el recurso más importante que tiene la música y el más difícil de utilizar. Yo todavía tengo que aprender a manejarlo; tenemos que aprender a callar. Llenar el vacío con ruido es fruto de la desesperación.
“Llenar el vacío con ruido es fruto de la desesperación.”
—Bravo Lahoz
El videoclip de “La tensión irresoluble” tiene una estética entre distópica y religiosa, y fue realizado junto a Carmen González. ¿Cómo nació esa colaboración y qué buscabais reflejar visualmente?
Cogimos el coche, la cámara y una maleta. Nos fuimos unos días por ahí, a recorrer España sin saber muy bien adónde ni por dónde ir; seguimos carreteras secundarias sin un criterio claro, por pura intuición, y fuimos parando donde nos iba pareciendo. Nos fuimos encontrando todo tipo de cosas que se ven en el vídeo y, según íbamos grabando, íbamos construyendo una historia que en el montaje se acabó modificando, porque teníamos tanto material grabado que pudimos llevarlo por otro camino.
Hablas de una “perspectiva cubista” sobre la realidad. ¿Cómo se traduce eso en la forma de construir las canciones y en su orden dentro del EP?
Viendo la realidad desde diferentes perspectivas al mismo tiempo, poniendo en mis palabras ideas que podrían venir de otros, mezcladas con mi experiencia y en diferentes momentos. Intento construir un texto que tenga diversas perspectivas simultáneas: lo que cuento es en parte mío, pero también intento ponerme en otros lugares y momentos. El conjunto es fragmentado y discontinuo.
El cambio de rumbo también implica una especie de retirada de las redes sociales y de cierta exposición pública. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión y cómo te sientes en esa distancia?
Las redes sociales son una puta mierda, una de esas ponzoñas que trae la modernidad y el nihilismo baboso que nos rodea. Me sorprende que sean adictivas con lo aburridas que son. No me estaban aportando nada; se supone que, para que esto venda, tienes que estar ahí, siempre compartiendo cosas para que se hagan virales, pero mira, no me compensa el apuro que da ver lo que se ve. Nada: narcisismo y falta de personalidad, pornografía. Además, no tengo mucha tolerancia a la vergüenza ajena y ver cómo la gente se arrastra por un poquito de atención me incomoda muchísimo, así que dejé de alimentarlas. Tampoco es que me prodigara demasiado cuando las tenía, porque siempre he pensado que las redes sociales son una cosa de modernos de mierda.
Este trabajo está disponible en una edición limitada en vinilo de 7 pulgadas. ¿Qué significa para ti cuidar ese formato físico hoy, en un entorno tan digital?
Pues tener un formato físico, porque algún día se nos borrará a todos los que somos minoritarios. Los formatos digitales son fácilmente controlables, y el formato físico no se puede censurar, cancelar, alterar…
Por último, ¿cómo te gustaría que se escuchara La tensión irresoluble (de nuestros días)? ¿Hay algún contexto o estado de ánimo en el que creas que cobra su verdadero sentido?
No es para ponerlo en una boda… Sé que no es muy alegre, pero, de todas formas, como es cortito, el trago es fácil de llevar.