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HANZ RUIZ: “Se puede sonar actual sin perder la raíz rockera”

Hanz Ruiz lanza Cosquilleo, un single que define su nueva identidad y adelanta un debut marcado por el riesgo emocional y la vuelta a la esencia del rock.

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Hanz Ruiz presenta Cosquilleo, un single que abre una nueva etapa en su carrera y anticipa un debut donde el vértigo, la emoción y la energía del rock marcan el camino.

“Cosquilleo” llega como un paso importante dentro del camino hacia tu álbum debut. ¿En qué punto creativo te encuentras ahora mismo y qué representa este single dentro del proyecto?

Me encuentro en un momento de muchísima claridad y adrenalina. Terminar un álbum debut siempre es un proceso intenso, pero ahora mismo siento que las piezas han encajado. Te tengo que confesar que tengo el disco ya prácticamente terminado, así que ahora puedo ir moviendo ficha con los lanzamientos y, estratégicamente, contar de qué va esto para que se entienda mejor. “Cosquilleo” es el segundo single, pero en realidad funciona como el primero, pues me sirve para presentar la nueva identidad y el concepto del álbum: volver a mi origen y saltar al vacío. Representa esa urgencia, esa chispa que lo enciende todo. Es la canción que dice: «vale, ya estamos aquí, vamos con todo y sin frenos».

“Es la canción que dice: vamos con todo y sin frenos.”

El tema transmite una sensación muy clara de vértigo ante los nuevos comienzos. ¿Qué experiencias o momentos personales están detrás de esa emoción?

Sí, la verdad es que el tema juega con dos sensaciones. Para mí, el vértigo de sacar mi primer disco en solitario, sabiendo perfectamente que solo hay un primer disco y que puede marcar mucho mi proyección. Llevo tres años ahorrando, invirtiendo y trabajando para que tenga el resultado que esperaba y, la verdad, lo tiene; eso ya me quita un peso de encima. Por otro lado, está el vértigo puramente romántico del que habla la letra. Esa sensación de conocer a alguien, sentir que pierdes el control y decidir lanzarte a la piscina aunque sepas que te puedes estrellar.

“Ese vértigo de lanzarte aunque sepas que te puedes estrellar.”

Hay una idea muy directa de “riesgo emocional” en la canción, incluso en el estribillo. ¿Te interesaba lanzar ese mensaje sin filtros, casi como un impulso inmediato?

Totalmente. Vivimos en una época donde a veces sobrepensamos demasiado todo, también las relaciones, jugamos a hacernos los duros o a ver quién muestra menos interés. Yo quería hacer lo contrario. El «apunta bien» es una rendición voluntaria. Será que me gusta el riesgo. Es decirle a la otra persona: «me tienes desarmado”, casi invocando a Cupido con su flecha y dándole ánimos para acertar en la diana.

“Quería hacer lo contrario: rendirme al riesgo emocional.”

A nivel sonoro, mezclas guitarras muy nerviosas, cercanas al punk de Green Day, con un enfoque más actual dentro del rock urbano. ¿Cómo has trabajado esa combinación sin que pierda coherencia?

La clave ha sido no tener prejuicios y trabajar mano a mano con Joel Llauradó en la producción; él es un enamorado del urbano. Green Day es la razón por la que me senté en una batería a los 12 años, esa rabia la llevo en el ADN. Pero, obviamente, nuestros gustos se han impregnado de más influencias, así que tratamos de coger la nostalgia y traerla al presente. Queríamos esa garra analógica de los 90’, pero pasada por el filtro de las texturas que escuchamos hoy y que por supuesto también me encantan y representan. De hecho, cito la canción de Rels B, “Buenos Genes”.

Vienes de una trayectoria previa con Segonamà, pero este proyecto tiene una identidad muy distinta. ¿Qué te pedía hacer Hanz Ruiz que no podías desarrollar antes?

Segonamà fue una escuela increíble y por suerte nos vemos frecuentemente. Simplemente, nos hicimos mayores y las prioridades de muchos se fueron transformando, algo demasiado normal. Mi vida siempre ha ido ligada a la música desde que me senté en una batería a los 12 años, eso no iba a cambiar. Ahora tengo la libertad para volver a la esencia, a mi habitación. Necesitaba colgarme la guitarra, hacer ruido, hablar de mis vulnerabilidades y apostar por el rock y todos esos recuerdos.

El formato de power trío le da al proyecto una energía muy concreta. ¿Cómo influye esa formación en la forma de componer y llevar las canciones al directo?

Al principio ellos solo asumían el rol de compositores junto a mí; me gusta trabajar las canciones con más gente de confianza, apoyarme en otros criterios y avanzar mejorando la canción. A veces eso ralentiza los tiempos, pero la canción siempre gana nuevos enfoques y mejora. Cuando grabamos el videoclip les dije que para mí sería un placer darles ese espacio, y fue una alegría que se sumaran a aparecer. Sin duda cuento con ellos para los conciertos también, pero la cosa va mucho más allá.

El sonido de “Cosquilleo” es sucio pero muy cuidado al mismo tiempo. ¿Qué importancia tiene para ti ese equilibrio entre imperfección y precisión?

Hoy la música suena demasiado perfecta y, en mi opinión, la belleza está en la imperfección, pero esa que aparece en su justa medida, sin espantar. Me encanta lo analógico, volver a lo de antes: escuchar la respiración entre frase y frase, notar la púa contra la cuerda, el acople del ampli… pero empaquetado con un sonido moderno y contundente que te golpee el pecho en el coche o en los auriculares. También hay muchas horas ajustando texturas y sintetizadores.

“La belleza está en la imperfección.”

En tus referencias se perciben nombres clásicos y actuales. ¿Cómo conviven en tu cabeza influencias como Green Day con propuestas más recientes como Barry B o shego?

Conviven perfectamente porque en el fondo comparten lo mismo: la actitud. Billie Joe Armstrong tenía esa actitud irreverente en su momento, y algunos artistas más actuales tienen exactamente esa misma urgencia hoy en día, sin complejos. El rock no es un sonido cerrado, es una forma de escupir verdades, y esa energía traspasa décadas.

Después de “Frío” y ahora “Cosquilleo”, ¿qué nos puedes adelantar del sonido o del concepto general de tu álbum debut?

Puedo adelantar que va a ser un disco muy honesto, de muchos contrastes. Habrá cañonazos para saltar en los festivales, pero también momentos donde bajo un montón las revoluciones y me muestro más frágil. Es un disco sobre transiciones, para perderse y para encontrarse. Ruido y calma, habrá de todo.

“Es un disco sobre transiciones: ruido y calma.”

Se te señala como uno de los nombres a seguir dentro del nuevo rock nacional. ¿Cómo gestionas esa expectativa y qué te gustaría demostrar con este primer disco?

Ojalá eso sea así, me da mucha gasolina. Con este disco solo quiero mostrar que se puede sonar actual sin perder la raíz rockera, y que he venido para quedarme. Y dar muchísimos conciertos; al final, ese es mi gran objetivo una vez salga el disco.

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