La Gramola Kids

Ombligo: «Cuando vemos a los más pequeños en los conciertos, nos recuerda que la música es un juego».

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Haciendo honor a su último disco, «Intrépido viaje a velocidad cero», y con un vagón de metro como el origen de su aventura, Ombligo evolucionan hasta acercar sus bellas e íntimas canciones a los oídos de todos los seres de la casa, incluyendo las pelusas protagonistas de las portadas de sus discos.

Hay grupos que nacen con el sentido de llenar los oídos y corazones de todos los miembros de la familia, pero otros que se reciclan o generan una energía universal capaz de interesar a grandes y pequeños con mensajes sonoros y un cuidado fondo de instrumentos y melodías. Y líricos silbidos que recorren los pasillos de casa y el escenario de la nueva edición del Viva Boom. Y letras… Vaya letras.

Os propongo un reto. Escúchalos en la cotidianeidad de tu casa, paseando solo o acompañado, o, si te dejan, desconecta un segundo del trabajo. Y dime si han conseguido llevarte al sitio más bonito que tengas en el pecho, o en tus pensamientos, y te has sorprendido sonriendo o dos palmos sobre el suelo.

Tenemos la suerte de gozar del gusto de las amigas de Aguacates con Tomates, y en esta edición apuestan por abrir la puerta a una banda como esta, con la que estoy seguro que bailaremos, nos abrazaremos y soltaremos alguna lagrimilla. Y tenemos la suerte que nos respondan a nuestras humildes inquietudes en esta pequeña entrevista.

Nacéis en un vagón de metro. No puede ser más romántico y narrativo. ¿Cómo sucedió esa magia?

(Anika) Nos conocimos una noche de fiestas en Madrid, en el Parque de las Vistillas. Ángel iba con una guitarra y yo con una botella de anís. Nos pusimos a improvisar y surgió una increíble conexión musical. Yo le dije que en realidad tocaba el violín, estaba justamente en crisis porque acababa de dejar de estudiar violín pero quería retomarlo de otra manera. Así que cogimos nuestros instrumentos y nos fuimos a los vagones del Metro a tocar standards de swing y boleros. Empezamos a enseñarnos ideas que teníamos compuestas en las esperas en el andén, y en seguida terminábamos de componer la canción entre los dos. Así que, según la acabábamos, la estrenábamos en el vagón y la gente aplaudía mucho más que con las versiones. Un día, una persona del vagón nos ofreció dar un concierto en un festival de circo, y así empezó todo.

¿Cuáles son vuestros orígenes e influencias musicales?

(Ángel) Comencé a tocar la guitarra con 16 años porque me encantaba la música del cantautor paco Ibáñez, y a la vez, tocaba la batería en un grupo de punk-ska. Recuerdo aquellos años escuchar mucho blues, música progresiva de los 70 y mucho funk. Un día, cual epifanía, decidí que quería dedicarme a la música y desde ese momento lo tuve clarísimo, me puse a estudiar guitarra y armonía como un loco. Tuve varios grupos de música, los cuales me hicieron aprender un montón pero que acabaron deshaciéndose, hasta que conocí a Anika en 2015 y formamos Ombligo.

(Anika) Yo vengo del mundo del clásico. Desde los 9 años estudié violín, primero en una escuela municipal y luego en el conservatorio. Cuando llegué al Grado Superior, en Barcelona, me di cuenta de que quería quería hacer algo más, no sólo repetir lo mismo e interpretar partituras. Así que empecé a experimentar en la calle con diferentes músicos y poco a poco se fue forjando mi personalidad musical a base de las experiencias. A día de hoy sigo escuchando a diario música clásica, me apasiona, y creo que es mi mayor influencia a la hora de componer. Pero también adoro los folclores, las músicas del mundo, el rock progresivo y las canciones de autor. Todo esto lo llevo muy dentro y creo que siempre asoman en todas mis ideas.

Haciendo honor a su último disco, «Intrépido viaje a velocidad cero», y con un vagón de metro como el origen de su aventura, Ombligo evolucionan hasta acercar sus bellas e íntimas canciones a los oídos de todos los seres de la casa, incluyendo las pelusas protagonistas de las portadas de sus discos.

Hay grupos que nacen con el sentido de llenar los oídos y corazones de todos los miembros de la familia, pero otros que se reciclan o generan una energía universal capaz de interesar a grandes y pequeños con mensajes sonoros y un cuidado fondo de instrumentos y melodías. Y líricos silbidos que recorren los pasillos de casa y el escenario de la nueva edición del Viva Boom. Y letras… Vaya letras.

Os propongo un reto. Escúchalos en la cotidianeidad de tu casa, paseando solo o acompañado, o, si te dejan, desconecta un segundo del trabajo. Y dime si han conseguido llevarte al sitio más bonito que tengas en el pecho, o en tus pensamientos, y te has sorprendido sonriendo o dos palmos sobre el suelo.

Tenemos la suerte de gozar del gusto de las amigas de Aguacates con Tomates, y en esta edición apuestan por abrir la puerta a una banda como esta, con la que estoy seguro que bailaremos, nos abrazaremos y soltaremos alguna lagrimilla. Y tenemos la suerte que nos respondan a nuestras humildes inquietudes en esta pequeña entrevista.

Entendemos música familiar como aquella dirigida por igual a mayores y pequeños, sin prejuicios ni vergüenzas, sin infantilizar a los pequeños y liberando de sus complejos a los adultos. Tiene mensaje e intención de trasladar valores ¿Os sentís identificados si os etiquetamos como música familiar?

Sí, sentimos que nuestra música puede ser muy familiar. Como casi toda nuestra música es instrumental, es muy imaginativa, y también muy diferente a lo que normalmente se suele encontrar en conciertos catalogados como «música familiar». El mensaje y los valores que nuestra música transmiten, a pesar de no tener letras, es precisamente que la música es un lenguaje universal. Que podemos entendernos sin importar si hablamos el mismo idioma, o tenemos diferentes edades para comprender unas palabras de una manera o de otra. Nos unen sensaciones, los sonidos nos transforman, y la música nos traslada a lugares secretos de nuestra imaginación si dejamos que nos empape.

¿Cuál es el sentimiento al ver a los más pequeños disfrutando al son de vuestra música?

Nos llena de alegría y de orgullo. Y nos confirma que la música es juego. A nosotros nos encanta jugar, nos pasamos el día jugando y del juego ha nacido este proyecto. Nunca nos hemos puesto ningún límite a la hora de componer, y a veces hemos tenido miedo estrenando canciones porque pensábamos que eran muy raras y que no tenían sentido fuera de nuestra cabeza. Y siempre se ha confirmado que, cuando haces algo sincero, cuando juegas, la gente te ve disfrutar sobre el escenario, y eso es algo universal. Aunque haya muchas diferencias entre el público y la banda (ya sean culturales, de edad, sociales…), la felicidad y el disfrute siempre se transmiten y se pueden compartir. Esto lo hemos comprobado dando conciertos en lugares tan diferentes como Cabo Verde o Marruecos, donde no nos entendíamos en el idioma, pero no hizo falta para disfrutar de la música.

¿Sobre qué cosas nos canta Ombligo?

Cantamos en primera persona, de nuestra vivencias y sensaciones. Es una forma de cantar humilde: canto mis experiencias y si a alguien le conecta, bienvenida sea. Y en realidad esta forma de canciones conecta a mucha gente, porque al final tenemos tantas vivencias comunes…

Sois viajeros, sois nómadas… ¿Cuál es el destino de Ombligo? ¿A dónde queréis llegar?

Nunca hemos tenido una meta ni una ambición fuertes, y por eso nunca nos hemos frustrado. Llevamos 8 años y han sido años de ir sorprendiéndonos a cada paso que dábamos, con mucha alegría. Ahora estamos empezando a recoger de verdad los frutos de tantos años de trabajo, y eso ya nos da una tranquilidad como para pensar en qué queremos para esta banda. ¿Un destino realista? Dar muchos conciertos con la banda completa al año, formar parte de carteles de festivales de world music internacionales, que nos encarguen componer bandas sonoras…

Habéis realizado giras por África (Marruecos, Cabo verde), ¿Qué os traéis de aquellas experiencias?

Fueron experiencias increíbles. Es muy diferente viajar a otro continente de vacaciones, que hacerlo para compartir música con la gente de allí, sobre todo cuando no hablas el mismo idioma. Una vez más, confirmamos que no hace falta hablar el mismo idioma para entendernos, y que la música es capaz de conectarnos con cualquier persona de cualquier parte del mundo, por realidades muy diferentes que vivamos. Es igualmente capaz de emocionarnos, hacernos llorar y hacernos reír. Y bueno, como amantes de los folclores y las músicas del mundo, fue un regalo poder escuchar tanta música de allí de primera mano.

Vuestro último single «Hoy no tengo nada que hacer», un precioso vals con alma de nana, sin embargo nos invita a disfrutar del calor del hogar… ¿Qué se esconde dentro de esa canción?

(Anika) Esa canción la escribí durante la cuarentena, cuando los días pasaban y realmente no había nada que hacer, al menos para los músicos. Creo que no la podría haber escrito en ningún otro momento, porque nuestra vida es muy ajetreada y no paramos (risas). Es una oda a estar con una misma, mirando hacia adentro y agradeciendo todo lo que nos conforma como personas: gente querida, muertes, ruinas, mariposas…

Por cierto, vuestros discos están repletos de pelusas viajeras… ¿De dónde han salido tantísimas?

¡De nuestros ombligos! (risas) Es un concepto que surgió al principio del todo, con la primera maqueta que grabamos en casa. Al llamarnos Ombligo, pensamos en el título del disco: «El origen de las pelusas». Luego llegó «La evolución de las pelusas», otra maqueta casera. Y después, fuimos al estudio y abandonamos la bromita de las pelusas, pero se quedaron como nuestro sello visual hasta hoy. El ilustrador culpable de todo esto es Torre Pentel, o Tordezailart. Os recomendamos seguir su trabajo, es increíble.

Para terminar, mini test LGE (podéis alternar, especificando quién responde cada una), para conoceros mejor. Indicad canción o disco que os evoque los sentimientos o imágenes que os planteo:

  • Canción para escuchar al despertar y comenzar el día: Meridian, de BartolomeyBittman.
  • Disco para versionarlo entero: La Llorona de Lhasa de Sela, o Illusions de Ibrahim Maalouf
  • Canción que te recuerde mucho a tu infancia: Unicornio azul, de Silvio Rodríguez.
  • Canción para perder el control: Dancing queen, de ABBA.
  • Canción que te guste y te avergüences de ella: Muñeca de trapo, de La Oreja de Van Gogh. Pero no me avergüenzo en absoluto. Temazo.
  • Canción para irte de viaje sin moverte del sillón: Sherezade, de Rimsky-Korsakov
  • Clásico que odies: ufff no tenemos
  • Canción que ames y escucharías en bucle toda la vida: Moonchild, de King Crimson.
  • Bonus LGE KIDS, una canción para abrazar fuerte a mamá: Chiquitita, de ABBA

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