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Recomendaciones musicales semana 1(2026)
Te presentamos a un grupo sobresaliente de artistas que esta semana ha cautivado tanto a la crítica como al público. Con estilos propios, propuestas innovadoras y una energía contagiosa, cada uno de ellos promete hacerte vibrar con su talento.
The Picnic: empezar una banda como quien abre una ventana
Musicalmente, Chemtrails combina la energía directa del power pop y el garage rock con una nostalgia reconocible, heredera del indie de los años dos mil. No hay pretensión de sofisticación excesiva, sino un equilibrio natural entre melodía, ritmo y una urgencia juvenil que empuja la canción hacia adelante. Todo suena inmediato, como si todavía estuviera ocurriendo mientras se escucha.
The Picnic se presenta así como una banda que no necesita grandes declaraciones para empezar a existir. Su música se apoya en esa emoción inicial que aparece cuando algo arranca sin saber muy bien hasta dónde llegará, pero con la convicción de que merece la pena intentarlo.
Hay canciones que no nacen para cerrar etapas, sino para inaugurar un camino sin mapas.
Santa Ana: experimentar para encontrar la propia voz
Santa Ana no empieza su próximo proyecto con una concesión, sino con una grieta. Niña gritando al cielo es la primera canción que emerge del disco que verá la luz en 2026, y funciona como un gesto inaugural más que como un simple adelanto. No presenta una idea cerrada, sino un recorrido: una pieza que se despliega en distintas partes, como si necesitara tiempo y movimiento para decir lo que tiene que decir.
La canción avanza por cambios de intensidad y atmósfera que invitan a escucharla hasta el final, no por insistencia, sino por coherencia interna. Cada sección parece responder a una necesidad distinta: contención, explosión, repliegue. En ese ir y venir se reconoce una de las claves del proyecto de Santa Ana, siempre dispuesta a dejar que las canciones evolucionen sin someterse a una forma única.
Hay rock, hay texturas más etéreas y una cadencia emocional que conecta con lo visceral antes que con lo narrativo. Niña gritando al cielo no explica una historia concreta, pero transmite una sensación clara: la de alguien que se afirma a través de la voz, incluso cuando no sabe todavía a dónde la llevará.
Hay canciones que no nacen para gustar, sino para marcar el punto exacto en el que una voz decide no callarse más.
Este primer tema no busca resumir el disco que vendrá, pero sí deja una señal inequívoca. El proyecto que Santa Ana prepara para 2026 empieza aquí: con una canción que no se conforma con una sola forma y con un grito que abre camino más que cerrarlo.
Evil Maracas: aceptar el deseo sin pedir permiso
Con Tu Maldad, Evil Maracas se instala en ese espacio incómodo donde el deseo y la contradicción conviven sin necesidad de justificación. La canción no busca redención ni moralejas claras, sino asumir la complejidad emocional de amar cuando también duele, cuando ceder y afirmarse forman parte del mismo gesto. La voz avanza con una mezcla de fragilidad y lucidez, reconociendo impulsos que no siempre encajan, pero que resultan imposibles de negar.
La letra se construye a partir de imágenes sencillas, casi cotidianas, que ganan peso a medida que se repiten y se asientan. Guardar besos, callar verdades, ofrecer lo que queda incluso desde la soledad: Tu Maldad habla de aceptar lo incompleto como una forma honesta de estar en el mundo. No hay épica ni dramatismo excesivo, solo una mirada directa a aquello que incomoda porque es real.
Musicalmente, el tema se mueve en un rock alternativo contenido y atmosférico. Las referencias a bandas como Radiohead, Vetusta Morla o Ultraligera aparecen diluidas, siempre al servicio del texto. La instrumentación acompaña sin imponerse, dejando que la palabra marque el pulso emocional de la canción y que cada silencio tenga su propio peso.
A veces aceptar lo que somos no significa elegir lo correcto, sino dejar de fingir que no sentimos lo que sentimos.
Tu Maldad se presenta así como una canción que no ofrece respuestas cerradas, pero sí un espacio de reconocimiento. Un lugar donde el deseo no se juzga, solo se nombra.
Nando Puentes: canciones que maduran sin perder el pulso
El álbum se apoya en una base claramente clásica —rock and roll, blues, folk y psicodelia—, pero siempre atravesada por giros inesperados. Arreglos de cuerda, pasajes orquestales y cambios de clima conviven con una banda sólida de guitarra, bajo, teclados y batería. Los tres singles adelantados, “Dulce Abismo”, “The Pettiness of the World” y “María Sagal”, funcionan como puertas de entrada, pero el disco se expande con naturalidad en temas como “Segundas Náuseas”, donde asoma un cruce improbable entre New Order y The Strokes, o “Valentina”, que mira al bossa nova sesentero con espíritu beatle.
En el tramo final, “Frías noches de invierno” y “Sin moverse de acá” oscurecen el paisaje con solos intensos, antes de cerrar con “Espléndido sol”, una pieza de letra contundente y arreglos majestuosos. La producción, firmada junto a Ricardo Luna, refuerza esa sensación de disco cuidado y coherente, pensado como una obra completa más que como una suma de canciones sueltas.
Hay discos que no necesitan correr para llegar lejos: avanzan a su ritmo y dejan huella por el camino.
Franleplant: canciones que aparecen cuando quieren
Su álbum debut, Girasoles de Banquina, funciona como una colección de escenas sueltas, nocturnas y ligeramente descolocadas. El single “Canción de amor por si acaso” resume bien ese espíritu: un tema onírico y visceral que mezcla el pulso del rock clásico con una atmósfera etérea, casi irreal. No busca narrar una historia concreta, sino abrir un espacio donde lo cotidiano y lo extraño se confunden, como una noche que se estira más de lo previsto.
Franleplant no persigue la perfección ni la coherencia absoluta. Sus canciones avanzan por intuición, aceptando el error, el desvío y la duda como materiales creativos. Hay algo deliberadamente inestable en su propuesta, una voluntad de no fijar del todo las formas para que la música conserve ese carácter imprevisible.
A veces la música no nace de una idea clara, sino del gesto de tocar sin saber muy bien a dónde lleva.
Jaexlynne: cuando el rock deja de ser refugio y se convierte en respuesta
Para Jaexlynne, el rock no es una elección estética, sino una forma de decir la verdad sin intermediarios. Desde Sudáfrica, la artista se ha ido abriendo paso con una propuesta marcada por la honestidad emocional y una energía que no busca encajar, sino romper. Su nuevo single, Last In Line, es una muestra clara de esa actitud: una canción que transforma la herida en impulso y el desengaño en afirmación personal.
El tema nace de una experiencia de abandono y desequilibrio afectivo, de ocupar siempre el último lugar en relaciones donde la entrega no era recíproca. Lejos de quedarse en la queja, Jaexlynne convierte ese dolor en una descarga frontal, sostenida por una interpretación vocal intensa y una producción que empuja la emoción hasta el límite. Es un rock directo, sin filtros ni maquillaje, donde cada verso parece escrito para sobrevivir al siguiente.
Acompañada por sus colaboradores habituales, la artista sigue definiendo un sonido propio dentro del rock contemporáneo, guiado más por la necesidad expresiva que por las tendencias. Su discurso es claro: no hay espacio para suavizar lo que se siente, ni para pedir permiso en un terreno que todavía exige explicaciones.
Hay canciones que no buscan consuelo, sino devolverle a quien las canta el lugar que le fue negado.
Con Last In Line, Jaexlynne no solo suma un nuevo capítulo a su carrera, sino que reafirma una identidad artística que entiende el rock como acto de resistencia personal. Un comienzo que suena a declaración y a promesa de todo lo que aún está por venir.
1+1+1: nostalgia luminosa y guitarras que miran atrás sin quedarse
Detrás de 1+1+1 se esconde un proyecto en solitario nacido en Tokio, pero profundamente conectado con el pulso emocional del rock alternativo de los noventa. Con Baby Mansion, su nuevo single, el proyecto recupera ese lenguaje guitarrero que combina melodías memorables y una energía cálida, sin caer en la imitación ni en la nostalgia vacía. La canción avanza con naturalidad, sostenida por un estribillo que se queda flotando incluso cuando el tema ya ha terminado.
El sonido de Baby Mansion se apoya en una instrumentación robusta y expresiva, donde las guitarras pesan pero no aplastan, y la estructura fluye con una sencillez muy medida. Hay algo reconfortante en su forma de mirar al pasado: no como refugio, sino como punto de partida para una emoción que sigue siendo vigente. En ese equilibrio entre lo familiar y lo inmediato, 1+1+1 encuentra su voz propia.
Hay canciones que no buscan reinventar nada, solo recordarnos por qué una vez nos enamoramos de ese sonido.
El proyecto ha ido despertando interés entre oyentes y curadores internacionales precisamente por esa capacidad de condensar sentimiento y accesibilidad en pocos minutos. Baby Mansion, publicado el 16 de noviembre de 2025, funciona como una síntesis clara de su propuesta: rock alternativo directo, melódico y honesto, pensado para conectar sin rodeos.
Con este lanzamiento, 1+1+1 reafirma que el espíritu del alternative rock sigue teniendo espacio cuando se aborda desde la emoción y no desde la fórmula.
Fickle Hill: cuando el silencio también dice la verdad
Mortez no se limita a escribir canciones: conFickle Hill nunca ha parecido interesado en suavizar las aristas de sus canciones. En When the Word Goes Quiet, su nuevo single, James Rossillo se acerca aún más al núcleo de lo que siempre ha perseguido: una música que respire como lo hace la vida cuando deja de forzarse. La canción se presenta desnuda, sostenida apenas por guitarra, voz y un espacio sonoro que pesa tanto como las palabras que se dicen.
Lejos de grandes construcciones o clímax evidentes, el tema habita ese instante posterior al colapso, cuando el ruido mental se apaga y lo que queda no es euforia, sino una calma frágil. Las imágenes poéticas con las que se abre la canción no buscan impacto, sino reconocimiento: el mundo que se pliega, el océano que respira, la sensación de que por fin nada exige una respuesta inmediata.
Rossillo, que ha transitado por géneros diversos —del punk a la electrónica—, parece aquí decidido a reducirlo todo a lo esencial. Las imperfecciones se mantienen, los errores no se corrigen, y esa elección se convierte en una declaración ética más que estética. En un contexto saturado de estímulos, When the Word Goes Quiet funciona casi como un freno de emergencia.
Hay canciones que no quieren llenar el silencio, sino enseñarnos a escucharlo sin miedo.
Fickle Hill firma así una pieza pequeña y honesta, que no promete soluciones, pero sí un lugar donde quedarse un momento más. Un recordatorio de que, a veces, parar también es avanzar.
REEL: metal cinematográfico contra el borrado de la identidad
REEL concibe la música como un relato que se expande más allá de la canción. En Stolen Dreams, su nuevo single publicado el 20 de diciembre de 2025, la banda italiana profundiza en un metal de pulso cinematográfico que combina fuerza, atmósfera y una clara vocación narrativa. No es solo un tema contundente, sino una pieza que avanza como un viaje, sostenida por riffs ásperos, cambios de tempo y una tensión que no se relaja hasta el tramo final.
La canción aborda la pérdida de identidad y la negación de la libertad individual frente a sistemas que uniforman y silencian. Esa idea se traduce en una estructura cambiante y densa, donde la agresividad convive con una sensibilidad melódica muy marcada. La voz guía el recorrido con intensidad y carisma, mientras la base rítmica empuja la historia hacia un desenlace más oscuro y opresivo.
El videoclip oficial amplía ese universo conceptual con un lenguaje simbólico y onírico. No ilustra la canción, la prolonga: una travesía interior en la que el protagonista se enfrenta a miedos, tentaciones y zonas sombrías de la naturaleza humana. Todo forma parte de una trilogía musical y literaria conectada al libro Beyond What You Can See, escrito por Axel Reel, donde cada lanzamiento funciona como un capítulo más del relato.
Hay canciones que no buscan solo ser escuchadas, sino habitadas, como si en ellas se jugara algo más que el sonido.
Con Stolen Dreams, REEL reafirma una identidad artística que entiende el metal como un espacio de reflexión, narrativa y experiencia inmersiva, donde la intensidad no excluye la profundidad.
Dééfait: invocar el ruido hasta que el cuerpo ceda.
Dééfait no compone canciones: levanta rituales. Formado en 2023 y activo entre las arterias de Ciudad de México y los márgenes subterráneos de París, el grupo construye un noise rock en estado de trance, denso y sin red, donde la repetición y el agotamiento forman parte del mensaje. Su primer EP homónimo, previsto para el 14 de noviembre de 2025, se presenta como un bloque sonoro que no concede refugio ni melodías amables.
El proyecto reúne a los hermanos Valero, a Enir Da, Grégoire Couvert y a Ric Lara, cuya voz —susurrada, escupida o invocada— alterna inglés, español y francés como si el lenguaje también estuviera poseído. Las guitarras se retuercen, las percusiones insisten y el sonido se estira hasta perder su forma, dando lugar a seis piezas largas que funcionan como letanías paganas más que como canciones convencionales.
En temas como We Love Each Other So Much That We Won’t Belong To Any Species Anymore o Molokh ∞, el deseo, la alienación y el sacrificio se entrelazan en un flujo hipnótico. No hay estribillos que recordar, sino una experiencia física que empuja al oyente a permanecer dentro del ruido. Grabado desde el caos del DIY y mezclado como materia viva, el EP captura a Dééfait en su estado más crudo y visceral.
Hay músicas que no buscan ser comprendidas, sino atravesadas, como si el sonido fuera una prueba y no una promesa.
Editado por Ici, d’ailleurs, este primer trabajo anuncia un universo propio, incómodo y singular, que continuará expandiéndose con un álbum ya previsto para 2026.
Dahlia: una vida contada en capítulos que duelen
First Act no es solo un disco, sino una narración completa. Bajo el alter ego de Dahlia, este álbum conceptual de nueve canciones se despliega como la primera temporada de una serie íntima y oscura, donde el pop alternativo adopta un pulso cinematográfico para contar una historia de deseo, renuncia y pérdida de identidad. Cada tema funciona como un episodio que avanza con precisión emocional, sin buscar redención fácil ni moralejas tranquilizadoras.
La historia comienza entre rascacielos de cristal y zapatos de tacón, con una mujer que parece tenerlo todo hasta que cruza una línea que ya no puede borrar. El relato se adentra en una relación prohibida, en la culpa convertida en adicción y en decisiones que se toman por amor, miedo o inercia. A medida que avanza el disco, el escenario cambia: llegan los suburbios, la maternidad, la vida doméstica y una identidad que se va diluyendo entre sacrificios repetidos y silencios cada vez más pesados.
Musicalmente, First Act se mueve entre la oscuridad elegante del alt-pop y una sensibilidad narrativa muy marcada. Las canciones no buscan el golpe inmediato, sino acompañar el descenso y la transformación del personaje. El uso de la voz y la producción refuerzan esa sensación de confesión controlada, como si cada tema fuera una escena escrita para ser escuchada a solas.
Hay discos que no cuentan una historia para entretener, sino para dejar constancia de lo que se pierde cuando nadie mira.
First Act se cierra sin respuestas claras, como un plano final que se desvanece dejando preguntas abiertas. Dahlia no ofrece conclusiones, solo la promesa de que este primer acto no es el final, sino el comienzo de algo que todavía está por revelarse.
These Dead Machines: belleza oscura nacida del encierro
These Dead Machines surgen de un tiempo extraño, cuando el mundo parecía detenido y la música buscaba nuevas formas de respirar. Nacidos de las cenizas de la banda mancuniana Mark of 1000 Evils, el proyecto cobró vida de manera casi irónica durante los confinamientos nacionales en Reino Unido. Lejos de limitarse a continuar un legado, el grupo decidió retorcerlo, ampliarlo y oscurecerlo hasta convertirlo en algo más cinematográfico, más denso y emocionalmente expansivo.
Su base sigue anclada en el grunge y el rock alternativo, pero ese punto de partida se ve transformado por una estética que abraza lo sombrío y lo psicodélico sin caer en el exceso. No hay aquí una caída libre hacia la locura, sino un recorrido consciente por sus bordes. These Dead Machines entienden que la vida se construye desde el contraste, y que la luz solo adquiere sentido cuando se mide frente a la sombra.
Esa dualidad atraviesa su sonido: canciones que envuelven, que no siempre reconfortan, pero que resultan difíciles de abandonar. Sus influencias, que van desde The Cure o The Smiths hasta Deftones y Queens of the Stone Age, no aparecen como referencias aisladas, sino como capas emocionales que dialogan entre sí.
Hay proyectos que no buscan consuelo, sino acompañar en los momentos en los que la belleza también duele.
These Dead Machines construyen así un espacio sonoro honesto y absorbente, donde lo oscuro no es una pose, sino una forma de mirar el mundo con los ojos abiertos.
REVO: cuando la rabia se vuelve lenguaje
Con Fúria Secular, REVO da un paso firme en la definición de su identidad artística. El EP no nace de un impulso abstracto, sino de una acumulación de tensiones cotidianas: cansancio, indignación, silencios impuestos y una violencia que se repite de forma casi invisible. La banda transforma ese malestar compartido en un cuerpo sonoro compacto, donde la protesta social y la experiencia personal se entrelazan sin jerarquías.
El título del trabajo apunta a una furia que no necesita dogmas ni consignas sagradas. Es una rabia histórica y diaria, presente tanto en las relaciones de poder como en los gestos mínimos de la vida común. Cada una de las cinco canciones ofrece un ángulo distinto de ese mismo estado emocional. “Repressão” se detiene en el intento de acallar ideas disidentes y en cómo esas mismas ideas sobreviven y se expanden con el tiempo. “Abaixo às Armas” y “O Outro Lado da Moeda” amplían la mirada hacia la resistencia colectiva y la continuidad moral de la violencia, mientras que “Efeitos Colaterais” desciende a un plano íntimo, marcado por relaciones tóxicas y patrones aprendidos. El cierre con “Guerra Declarada” introduce una ironía frontal, asumiendo el conflicto como respuesta a la opresión cotidiana.
Musicalmente, el EP bebe del rock brasileño de los años ochenta, pero evita la nostalgia. El sonido funciona como vehículo de confrontación y reflexión, más preocupado por decir que por agradar.
Hay discos que no buscan calmar la rabia, sino darle forma para que no se pierda en el ruido.
Fúria Secular confirma a REVO como una banda que entiende el rock como herramienta crítica, capaz de convertir la incomodidad en discurso y la tensión en memoria compartida.
Cronos Matter: aprender a esconderse para seguir en pie
Cronos Matter regresa con Hide in the Night, un tema que se adentra en ese territorio frágil donde la vulnerabilidad deja de ser una debilidad para convertirse en resistencia. El proyecto alternativo vuelve a apoyarse en una escritura emocional y en una producción de aliento cinematográfico para explorar el instante en el que dejar de huir se vuelve la única forma posible de avanzar.
Construida sobre guitarras melódicas en tensión, texturas etéreas y una voz que se mueve entre lo íntimo y lo expansivo, la canción captura ese momento silencioso en el que uno se enfrenta a lo que más teme: quedarse a solas consigo mismo. A diferencia de la calidez introspectiva de Guiding Light o de la frustración explícita de Celebrity Boiled, Hide in the Night opta por el repliegue, por mirar hacia dentro y aceptar la oscuridad como parte del proceso.
El tema avanza de forma contenida en sus versos, casi en susurros, para desplegarse después en estribillos amplios y envolventes que funcionan como oleadas emocionales. La mezcla de rock alternativo, electrónica cinematográfica y matices de metal atmosférico refuerza esa sensación de paisaje interior en transformación, donde la noche no es un lugar de derrota, sino de reconstrucción.
Hay canciones que no invitan a escapar, sino a quedarse quieto el tiempo suficiente como para entender qué sigue doliendo.
Con Hide in the Night, Cronos Matter consolida un universo sonoro propio, donde la introspección convive con una escala épica y donde resistir no siempre significa luchar, sino aprender a habitar la sombra sin perderse en ella.
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