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Recomendaciones musicales semana 4 (2026)

Te presentamos a un grupo sobresaliente de artistas que esta semana ha cautivado tanto a la crítica como al público. Con estilos propios, propuestas innovadoras y una energía contagiosa, cada uno de ellos promete hacerte vibrar con su talento.

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The Sand: volver a casa sin renunciar a lo aprendido

Desde Murcia, The Sand ha construido una trayectoria poco habitual para una banda surgida fuera de los grandes focos. Formados en 2019, su primer impulso creativo se expresó en inglés, con dos discos —Melancholic Universe y Little Secrets— grabados junto a Raúl de Lara en Arde el Arte. Aquellos trabajos no solo definieron un sonido propio, sino que abrieron una vía internacional que pronto encontró reconocimiento en certámenes como el International Songwriting Competition o el UK Songwriting Contest, además de premios en Estados Unidos que confirmaron la solidez de sus canciones.

Ese recorrido, marcado por una evolución constante, encuentra ahora un punto de inflexión. Con Ilumíname, The Sand inicia una nueva etapa apostando por el castellano, no como ruptura, sino como regreso consciente. La canción mantiene el pulso nostálgico y la intensidad emocional que siempre ha definido a la banda, pero añade una cercanía distinta: letras introspectivas, un estribillo expansivo y una energía que conecta de forma más directa con su entorno.

Musicalmente, el grupo ha ido desplazándose desde influencias iniciales cercanas al grunge y el punk pop hacia un indie rock oscuro que convive con el pop rock sin perder profundidad. Esa mezcla, pulida a lo largo de los años, se siente ahora más integrada que nunca, como si cada etapa anterior hubiera sido necesaria para llegar hasta aquí.

Hay bandas que no cambian de idioma para reinventarse, sino para decir lo mismo con más verdad.

Con Ilumíname, The Sand demuestra que volver a casa no implica dar pasos atrás. Al contrario: es la consecuencia natural de un camino recorrido con paciencia, ambición y canciones que han sabido cruzar fronteras antes de encontrar una nueva voz propia.és.


Nick Alexander: avanzar despacio dentro de la sombra

Tras dos años sin publicar material nuevo, Nick Alexander regresa con Dark, una canción que no irrumpe, sino que se filtra. El tema marca una evolución clara en su manera de escribir y producir, apostando por una narrativa contenida y una atmósfera que pesa tanto como las palabras. No hay prisas ni gestos grandilocuentes: Dark se mueve al ritmo de quien aprende a atravesar el miedo sin necesidad de vencerlo.

La canción explora la tensión entre tentación y autocontrol, entre el impulso y la contención. Ese conflicto interno se traduce musicalmente en un juego de contrastes bien medido. Las partes más íntimas, cercanas al folk alternativo, conviven con pasajes más densos y oscuros que rozan el hard rock, reflejando una dualidad emocional constante. La producción, desarrollada junto a Taz James, amplía el alcance del tema sin perder cercanía, construyendo un paisaje sonoro de carácter casi cinematográfico.

Dark nace de un periodo de reajuste creativo, y se nota. Cada decisión parece pensada para reforzar la coherencia entre sonido, relato y atmósfera. Incluso las referencias visuales que influyen en su tono —inspiradas de forma sutil en el lenguaje de las series contemporáneas— funcionan más como textura emocional que como guiño evidente.

Hay canciones que no te empujan hacia la luz, sino que te enseñan a caminar dentro de la penumbra sin perderte.

Con este regreso, Nick Alexander no solo presenta un nuevo single, sino que abre una etapa marcada por la profundidad y el cuidado del detalle. Dark actúa como un primer paso firme hacia un cuerpo de trabajo que parece dispuesto a explorar los matices, las contradicciones y los espacios intermedios donde la emoción se vuelve más honesta.


Remina: fe, duda y canciones escritas desde el borde

Remina no se mueve en terrenos cómodos. Su música nace de la fricción entre lo espiritual y lo terrenal, entre la necesidad de creer en algo y el miedo constante a perderlo. Desde Reno, Nevada, el proyecto construye un lenguaje propio que mezcla sensibilidades alternativas con hip hop y rock, apoyándose en una escritura cargada de simbolismo, imágenes religiosas y una emoción directa que no esquiva la vulnerabilidad.

Su álbum In the Loving Arms of a Heretic, publicado en junio de 2025, funciona como una confesión abierta. Las canciones exploran identidad, creencias, amor y pérdida con una intensidad que no busca el estribillo fácil, sino la conexión profunda. Influencias como The Voidz, Yves Tumor o Del the Funky Homosapien aparecen diluidas en un discurso personal, donde cada tema parece dialogar con preguntas más grandes que la propia música.

A pesar de tratarse de un proyecto independiente, el disco ha ido encontrando su camino. Las críticas recientes han sido positivas y canciones como “Helen” han comenzado a sonar en emisoras francesas, alcanzando oyentes más allá de su entorno inmediato. Remina es consciente de las dificultades de hacerse oír sin grandes recursos, pero también de la necesidad de insistir cuando una obra siente que todavía no ha encontrado a su público.

Hay discos que no piden atención, sino tiempo, como si supieran que solo algunas escuchas llegan en el momento justo.

In the Loving Arms of a Heretic es uno de esos trabajos que crecen despacio, sostenidos por la honestidad y la convicción de que, incluso desde los márgenes, la música puede seguir siendo un espacio de búsqueda real.


The Catalyst: cuando el tiempo empieza a separar lo que une

Con Of Time and Space, The Catalyst continúa desplegando el universo emocional de Manifest Synchronicities, su próximo álbum. Este segundo adelanto se sitúa en un terreno íntimo y vulnerable, explorando cómo el paso del tiempo y la distancia —no solo física, también emocional— erosionan lentamente una relación hasta volver irreconocible a quien un día fue esencial.

La canción está narrada desde la perspectiva de quien observa ese desgaste con lucidez dolorosa. Hay resistencia, apego y una voluntad casi obstinada de sostener el vínculo, incluso cuando las señales apuntan a una pérdida inevitable. Of Time and Space no habla de una ruptura repentina, sino de una separación gradual, silenciosa, donde el amor persiste mientras la conexión se diluye.

Musicalmente, el tema refuerza la identidad atmosférica y reflexiva de The Catalyst. Las texturas cuidadas y el desarrollo pausado acompañan una letra que necesita espacio para respirar. Todo encaja dentro del carácter conceptual del álbum, donde las relaciones humanas, el tiempo y esas conexiones invisibles que nos atraviesan funcionan como ejes narrativos constantes.

Este segundo adelanto no busca resolver el conflicto que plantea, sino habitarlo. La canción se mueve en ese lugar incómodo donde aún queda algo por salvar, aunque no esté claro si será suficiente. En ese equilibrio entre esperanza y desgaste, The Catalyst encuentra una voz reconocible y honesta.

Hay canciones que no intentan detener el tiempo, solo dejar constancia de lo que se pierde mientras sigue avanzando.

Of Time and Space es un paso más hacia Manifest Synchronicities, un trabajo que promete seguir explorando las grietas emocionales con una mirada sensible y coherente, confirmando a The Catalyst como una banda que prefiere preguntar antes que afirmar.


Corpus Delicti: atravesar el umbral sin perder la intensidad

Pocos grupos franceses han logrado sostener una trayectoria internacional tan sólida como Corpus Delicti. Figura clave del post-punk desde sus inicios, la banda regresa este otoño con Liminal, un álbum que se mueve precisamente en ese territorio intermedio que su título sugiere: entre luz y oscuridad, entre urgencia y contemplación, entre la herencia de un sonido histórico y una modernidad asumida sin complejos.

Producido por el guitarrista Franck Amendola junto al grupo y masterizado en Londres por Graeme Durham en The Exchange, Liminal se gestó a lo largo de dos años de grabaciones intercaladas con giras constantes. Ese recorrido se percibe en la energía del disco, que conecta con una serie de conciertos multitudinarios en ciudades como Ciudad de México, París, Londres, Madrid o Turín, y con una base de oyentes que supera los tres millones de reproducciones anuales.

El primer adelanto, “Room 36”, marca el tono con una intensidad directa, reforzada por la colaboración visual con el artista Jean-Luc Verna, responsable tanto del videoclip como de la portada del álbum. A partir de ahí, el disco despliega un abanico amplio: la potencia frontal de temas como “This Sensation” o “Chaos”, la profundidad atmosférica de “Fate”, “Liminal” o “It All Belongs to You”, y nuevas exploraciones en piezas como “Under His Eye”. Todo sostenido por un sentido melódico reconocible que sigue siendo una de las señas de identidad de la banda.

Liminal no funciona como un ejercicio de nostalgia. Al contrario, confirma a Corpus Delicti como una banda consciente de su historia, pero decidida a seguir ampliando sus márgenes. Los reconocimientos recientes y su presencia constante en rankings internacionales refuerzan esa condición de grupo esencial y atemporal.

Hay discos que no celebran el pasado ni prometen el futuro, sino que se instalan en el presente con la certeza de quien sabe exactamente quién es.

Con Liminal, Corpus Delicti vuelve a demostrar que el post-punk sigue siendo un lenguaje vivo cuando se entiende como exploración y no como fórmula.


Jaexlynne: cuando el rock deja de ser refugio y se convierte en respuesta

Sonnora: despertar a golpe de electricidad y emoción

Sonnora irrumpe desde Binéfar y Lleida con una propuesta que no se presenta tímidamente. El Despertar, su primer disco, suena a declaración de intenciones: un trabajo ambicioso, directo y construido desde una identidad muy clara, donde el hard rock, el punk rock y el metal americano sirven como base para un discurso emocional que va de frente, sin rodeos.

Las canciones de El Despertar no buscan sofisticación gratuita, sino impacto y verdad. Hay tensión, hay energía y también espacio para la emoción, entendida no como fragilidad, sino como motor. Sonnora suena a banda consciente de sus influencias, pero decidida a utilizarlas para construir algo propio, reconocible desde el primer escucha.

Hay debuts que no piden atención, la exigen, porque nacen desde una necesidad real de decir algo y hacerlo sonar alto.

Con El Despertar, Sonnora se presenta como una banda que entiende el rock como impulso vital, como un gesto de afirmación que mira al futuro sin pedir permiso. Un primer paso firme que deja claro que esto no es un ensayo, sino un comienzo en serio.


Stone Clones: encajar las piezas en un mundo que se fragmenta

Stone Clones arranca 2026 con Missing Pieces, un single que confirma una evolución clara en su sonido y en su forma de entender el rock alternativo. La canción, tercer adelanto de la banda, se apoya en un enfoque DIY que no busca pulir las aristas, sino resaltarlas. Guitarras con carácter propio, ritmos insistentes y una energía contenida construyen un tema directo, inmediato y cargado de tensión.

Aunque la estructura es reconocible, Missing Pieces juega con los contrastes. Las estrofas avanzan con una voz controlada y casi contenida, mientras que el estribillo irrumpe con una interpretación más densa y rugosa, marcando el quiebre emocional del relato. Esa dinámica refuerza el trasfondo de la canción, que pone el foco en la sensación de despersonalización, el vacío cotidiano y la búsqueda constante de estímulos rápidos en una vida cada vez más fragmentada.

Lejos de quedarse en la crítica abstracta, la letra se mueve entre lo colectivo y lo íntimo. Habla de consumo, soledad y desconexión, pero lo hace desde la experiencia personal, sin grandes proclamas. El resultado es un tema que combina accesibilidad y profundidad, manteniendo esa oscuridad alternativa que define la identidad compositiva de Stone Clones.

Missing Pieces no suena a transición, sino a afirmación. Es una canción que entiende el malestar contemporáneo como materia creativa y lo transforma en impulso sonoro, sin perder intensidad ni claridad.

Hay canciones que no intentan completar el puzle, solo señalar las grietas por donde se nos escapa la identidad.

Con este lanzamiento, Stone Clones demuestra que su proyecto avanza con paso firme, dejando entrever un 2026 marcado por nuevas canciones y una voz cada vez más definida dentro del rock alternativo.


Stolen Dead Music: insistir hasta que el ruido encuentra su sitio

Stolen Dead Music se forma en Newcastle en 2019, pero su verdadero punto de arranque llega tras el final del confinamiento, cuando volver a tocar se convierte en una necesidad más que en un plan. Desde entonces, la banda ha ido creciendo en directo por el norte de Inglaterra, apoyándose en un rock sobrio, sin ornamentos, que se sostiene en la repetición, la constancia y la cercanía con el público.

El grupo lo integran Jimi Trimmer e Isaak Pattison a las guitarras y voces, Lyle Pattison al bajo y Mark Convery a la batería. Su forma de trabajar no responde a una estrategia ambiciosa, sino a un impulso básico: grabar canciones, tocarlas en directo y dejar que vayan encontrando su espacio poco a poco. Ese recorrido les ha llevado a sonar en BBC Introducing, a recibir atención de radios locales y a acumular reseñas dentro de la prensa musical de su entorno.

Su último EP, Song from the Blue Room, continúa una discografía marcada por la inmediatez y la falta de artificio, donde conviven trabajos como Small Victories Vol. 1 & 2, Concrete & Plastic, Demos 2019–2022 o The Rocking Horse Sessions. En ese contexto aparece ahora Four Two, el single que están impulsando actualmente, una pieza que resume bien su manera de entender el rock: directa, funcional y pensada para sonar fuerte en sala.

Con próximos conciertos en Little Buildings, en Newcastle, y The Bunker, en Sunderland, Stolen Dead Music sigue apostando por el escenario como centro de gravedad. Ahí es donde su música cobra sentido y donde el proyecto se define de verdad.

Hay bandas que no buscan el momento perfecto, sino la repetición constante hasta que algo empieza a encajar.

Stolen Dead Music avanza así, sin prisas ni promesas grandilocuentes, construyendo su identidad desde la base, canción a canción, concierto a concierto.


Aldabaran: crecer en medio del cemento sin perder la esencia

Aldabaran presenta Un árbol en la ciudad como una metáfora clara y poderosa: la de existir en un entorno hostil sin renunciar a la identidad. El single abre el camino de Perséfone, su álbum debut, publicado de forma independiente en agosto de 2025, y sitúa a la banda en un terreno donde el heavy metal en español se convierte en vehículo para hablar de soledad, alienación y resistencia interior.

La canción retrata a un individuo desplazado, alguien que vive al margen de una realidad que no siente como propia y que encuentra refugio únicamente en su mundo interior. Esa idea atraviesa tanto la letra como el tono musical, apoyado en un heavy metal clásico con influencias reconocibles de WarCry y Tierra Santa, pero matizado por arreglos contemporáneos que evitan el ejercicio nostálgico. El resultado es un sonido sólido, oscuro y emocionalmente directo.

Aldabaran es un proyecto internacional nacido en 2024 como colaboración a distancia entre el bajista chileno Marcelo Oyanadel y el vocalista Óscar Klassen, exintegrante de la banda mexicana Séptimo Ángel. Con la incorporación del baterista argentino David Méndez, la formación se consolida y demuestra que la distancia geográfica no es un obstáculo cuando hay una visión compartida. El propio Oyanadel se encarga de la mezcla y masterización bajo la mentoría de Ricardo Martínez, reforzando la coherencia artística del proyecto.

Un árbol en la ciudad cuenta además con un lyric video sobrio y contenido, que acompaña el carácter introspectivo del tema sin subrayarlo en exceso. Todo en este primer adelanto apunta a un disco concebido como un bloque narrativo, más preocupado por la profundidad que por el impacto inmediato.

Hay canciones que no hablan de escapar, sino de aprender a mantenerse en pie incluso cuando todo alrededor empuja en sentido contrario.

Con Perséfone, Aldabaran se presenta como una banda que entiende el heavy metal como un espacio de reflexión y firmeza, donde la resistencia no es un gesto épico, sino una decisión diaria.


Vi&Pi: canciones que insisten en el amor cuando todo empuja a lo contrario

Vi&Pi continúa avanzando con paso firme dentro de un proyecto que entiende la canción como espacio de resistencia emocional. Con el lanzamiento de “Évidemment”, tercer adelanto de su próximo álbum Des milliards d’images, la banda vuelve a situar el foco en un tema tan universal como inagotable: el amor como fuerza que condiciona, orienta y, en muchos casos, decide por nosotros incluso cuando creemos actuar desde la razón.

La canción se mueve con naturalidad dentro de un pop-rock accesible y luminoso, apoyado en una melodía clara y una interpretación directa. No hay dramatismo exagerado ni discursos grandilocuentes, sino una afirmación sencilla: pese a todo, el amor sigue siendo el motor más poderoso. Esa idea atraviesa el tema sin imponerse, dejando que sea la propia música la que sostenga el mensaje.

En paralelo, el grupo ha publicado el videoclip de “Chambre avec vues”, una pieza que ha tenido una acogida notable, superando las siete mil visualizaciones en apenas dos semanas. El vídeo refuerza el universo cotidiano y cercano de Vi&Pi, donde las emociones se expresan desde lo reconocible y lo humano, sin artificios innecesarios.

Des milliards d’images se perfila así como un disco construido desde la acumulación de pequeños gestos, canciones que no buscan epatar, sino permanecer. Vi&Pi parece cómodo en ese lugar donde la emoción se trabaja con constancia y honestidad, lejos de la urgencia y del ruido excesivo.

Hay canciones que no intentan cambiar el mundo, pero sí recordarnos por qué seguimos tomando decisiones que no siempre sabemos explicar.

Con “Évidemment”, Vi&Pi reafirma una identidad basada en la claridad emocional y en la confianza en la canción como vehículo directo, demostrando que, incluso en tiempos saturados de estímulos, todavía hay espacio para lo esencial.


AP=Chem: canciones como escenas de un caso sin resolver

AP=Chem entiende la música como un espacio narrativo. El dúo de Oklahoma City, formado por Anthony Mahon y Eric Gorman, lleva más de dos décadas escribiendo juntos, pero es bajo este nombre —activo desde 2020— donde su complicidad creativa ha encontrado una forma más oscura y conceptual. Grabando desde un estudio doméstico, el proyecto ha ido dando forma a un universo marcado por la ansiedad contemporánea y una mirada casi clínica sobre la condición humana.

Su single Forensic Homicide, incluido en su segundo EP IMED=2, refuerza esa idea. La canción se acompaña de su primer videoclip oficial, dirigido por Devin Lacey, planteado como un pequeño corto de estética noir y true crime. Rodado íntegramente en Oklahoma, el vídeo no ilustra la canción de manera literal, sino que amplía su atmósfera, trasladando el peso emocional del tema al lenguaje visual con una planificación cuidada y un ritmo contenido.

Musicalmente, AP=Chem se mueve en un terreno donde la tensión psicológica importa más que el impacto inmediato. Sus dos EPs, IMED=1 (Inexplicable Modern Existential Dread) y IMED=2, funcionan como capítulos de una misma inquietud: la sensación persistente de extrañeza frente al mundo moderno. Forensic Homicide encaja ahí como una pieza más del puzzle, incómoda y absorbente, pensada para escucharse con atención.

Hay proyectos que no buscan respuestas, sino formular mejor las preguntas que nadie quiere hacerse.

Con este primer videoclip, AP=Chem da un paso más en la construcción de un imaginario propio, donde música e imagen se refuerzan para contar historias que no tranquilizan, pero dejan huella.


Detrapo: abrirse en canal para seguir en pie

Detrapo no plantea el rock como una pose, sino como un acto de exposición. El proyecto en solitario de Miguel González parte de una idea clara: quitarse la venda, ir a pecho descubierto y asumir las consecuencias. Su música nace desde las entrañas, con una voz rasgada y guitarras que no buscan embellecer el golpe, sino hacerlo comprensible. Hay algo deliberadamente incómodo en su propuesta, una voluntad de enfrentarse a esos fantasmas que nunca terminan de desaparecer, aunque sepamos que forman parte del camino.

Bajo la producción y las guitarras de Javier Jiménez, Detrapo se sitúa cerca del sonido más crudo del rock español de los noventa, ese que priorizaba la verdad emocional frente al artificio. Las referencias a bandas como Extremoduro o Barricada no funcionan como nostalgia, sino como un punto de partida reconocible para construir un discurso propio. Cada canción actúa como un himno íntimo, dirigido tanto a lo que duele como a lo que, paradójicamente, sostiene.

Hay canciones que no buscan curar la herida, sino nombrarla para que deje de mandar.

Tras una serie de singles con notable repercusión, el proyecto se encamina hacia la publicación de su debut, De chabolas y castillos, un disco de diez canciones que promete consolidar esa mezcla de vulnerabilidad, rabia y lucidez. La imagen que acompaña al álbum, con ese castillo erguido sobre un paisaje precario, resume bien el conflicto que atraviesa su música: la tensión constante entre lo que somos y lo que aspiramos a ser.

Detrapo se presenta así como una apuesta firme dentro del rock estatal, una voz que no esquiva el dolor ni lo convierte en espectáculo, sino que lo transforma en lenguaje compartido.


Longo: sátira, baile y picaresca en clave eléctrica

Longo da un paso decisivo con Tríler, su nuevo EP y el primer trabajo grabado en un entorno de estudio profesional. Registrado en RPM Estudios, el disco no solo afina el sonido de la banda valenciana, sino que refuerza una identidad basada en la ironía, el descaro y una mirada muy lúcida sobre ciertos personajes contemporáneos que sobreviven entre el engaño, la pose y la labia bien entrenada.

Las canciones de Tríler funcionan como pequeños retratos satíricos. No hay héroes ni villanos claros, sino figuras reconocibles que se mueven en la frontera entre la supervivencia y la trampa. Longo observa ese mundo con humor ácido, sin solemnidad, y lo traduce en letras directas que señalan lo cotidiano y lo social con la misma puntería.

Musicalmente, el grupo se instala en un terreno propio que mezcla electrónica, funk, indie y rock. Bases rítmicas bailables, guitarras afiladas y una actitud festiva sostienen un discurso que no renuncia al fondo mientras invita al movimiento. El salto de producción se nota, pero no diluye la crudeza: al contrario, la hace más efectiva.

Tríler consolida a Longo como una propuesta singular dentro del panorama alternativo, capaz de combinar irreverencia y contenido sin perder frescura. Un EP que se escucha con una sonrisa incómoda, de esas que aparecen cuando uno se reconoce en lo que suena.

Hay discos que se ríen del mundo no para huir de él, sino para dejar al descubierto sus trucos más evidentes.

Con este trabajo, Longo confirma que el humor puede ser una herramienta tan afilada como cualquier riff, y que la picaresca, cuando se expone, también dice mucho de la época que la produce.


KOYOT: cuando la noche se convierte en territorio emocional

Con The Count, KOYOT se adentra en ese espacio suspendido que solo existe de madrugada. El nuevo single de la banda canadiense, liderada por voces indígenas, no busca el impacto inmediato, sino una inmersión lenta y atmosférica, construida a partir de texturas cinematográficas, pulsos contenidos y una melancolía que se despliega con paciencia.

La canción avanza como una escena nocturna: bella, silenciosa y ligeramente inquietante. Hay una sensación de recogimiento, de tensión suave, como si algo estuviera a punto de revelarse sin llegar nunca del todo. Ese equilibrio entre calma y desasosiego es una de las señas de identidad de KOYOT, que vuelve a demostrar su habilidad para convertir estados de ánimo en paisaje sonoro.

The Count amplía el universo emocional de la banda, reafirmando una escritura que prioriza la atmósfera y la narración interna frente a las estructuras convencionales. No es una canción pensada para distraer, sino para acompañar, para habitar esos momentos en los que la noche amplifica los pensamientos y todo parece más frágil y más intenso al mismo tiempo.

Mientras trabajan en su próximo LP, previsto para finales de este año, KOYOT sigue construyendo un catálogo coherente y envolvente, donde cada lanzamiento suma una nueva capa a su identidad sonora.

Hay canciones que no iluminan la noche, sino que aprenden a moverse dentro de ella sin romper el silencio.

Con The Count, KOYOT firma una pieza introspectiva y nocturna que confirma su capacidad para crear música que se siente más que se explica.


F. Pozzy: seguir siendo fiel cuando el volumen sube

Un año después de su anterior lanzamiento, F. Pozzy regresa con Rebel, un álbum que suena a reafirmación más que a retorno. Lejos de perseguir tendencias, el músico italiano se apoya en una convicción clara: seguir el impulso que lo llevó al rock y al pop melódico desde el principio, ahora con una energía más frontal y un pulso decididamente rockero. El disco reúne quince canciones que equilibran músculo y melodía, demostrando que ambas pueden convivir sin restarse espacio.

Rebel funciona como una declaración de independencia artística y, al mismo tiempo, como un gesto de gratitud hacia las influencias que han acompañado a Pozzy durante toda su trayectoria. Las versiones incluidas —una mirada al universo de Joe Lynn Turner y un homenaje a J.D. Souther— no interrumpen el discurso, sino que lo amplían, conectando el presente del álbum con una tradición de country rock y classic rock que sigue viva en su forma de escribir y cantar.

El resto del disco se mueve entre el rock y el pop con una atención especial a las armonías vocales y a los arreglos, sello habitual de Pozzy. Las referencias a bandas como Queen, The Eagles o Toto aparecen integradas con naturalidad, sin nostalgia forzada. Aquí no hay intento de parecer joven, sino de sonar honesto, incluso cuando el volumen sube un poco más de lo habitual.

Hay artistas que no necesitan reinventarse para seguir siendo relevantes: les basta con no traicionarse.

Con Rebel, F. Pozzy demuestra que la pasión y la autenticidad no caducan. Un disco que no mira atrás con melancolía, sino que avanza con la seguridad de quien sabe exactamente por qué sigue haciendo canciones.


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