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Recomendaciones musicales semana 7 (2026)
Te presentamos a un grupo sobresaliente de artistas que esta semana ha cautivado tanto a la crítica como al público. Con estilos propios, propuestas innovadoras y una energía contagiosa, cada uno de ellos promete hacerte vibrar con su talento.
Carlota Melero: perderse como forma de avanzar
Carlota Melero continúa dando forma a una identidad artística que no se construye desde la prisa, sino desde la coherencia. Con Perdida, su segundo single, la artista de Ciudad Real da un paso más en un camino que parece guiado por la exploración emocional y la búsqueda de una voz propia dentro del panorama emergente nacional.
El tema vuelve a contar con la producción de Daniel Cantero y el respaldo del sello LeinAd Music, el mismo equipo con el que debutó en A flor de piel. Esa continuidad se traduce en una línea sonora reconocible, pero no estática. Perdida se sostiene especialmente en la interpretación vocal de Carlota, rica en matices y cambios de intensidad que van marcando el pulso emocional de la canción.
Lejos de estructuras previsibles, la composición avanza de forma progresiva, dejando que la emoción se transforme a medida que la canción respira. No hay un impacto inmediato pensado para distraer, sino una narración musical que se va desplegando con paciencia, manteniendo la atención hasta el último compás. Esa forma de contar desde lo sonoro refuerza el carácter introspectivo del tema y su capacidad para conectar desde un lugar honesto.
Perdida no funciona como un punto de llegada, sino como una confirmación. Carlota Melero se encuentra ya trabajando en su próximo lanzamiento, con la intención de seguir ampliando repertorio y consolidar una propuesta que crece paso a paso, sin atajos.
A veces perderse no es una derrota, sino la única manera de encontrar una voz que sea realmente propia.
El laberinto psicodélico de la mente humana según Teana
La mente humana sigue siendo uno de los territorios más complejos y enigmáticos que existen. Pensamiento, memoria, emociones o conciencia conviven en un espacio difícil de descifrar, y ese es precisamente el lugar al que se adentra Teana en Sagrada Bendición, un debut ambicioso que funciona casi como un ensayo musical sobre identidad, convivencia y responsabilidad individual.
El cuarteto barcelonés plantea un conflicto central: cómo vivir en sociedad sin traicionar aquello que somos. Alcanzar ese equilibrio es, para ellos, la auténtica “sagrada bendición”: un estado de paz con uno mismo y con el entorno. Y para explorar ese laberinto, eligen una herramienta tan lógica como arriesgada: el rock psicodélico.
Desde el primer momento, el disco sumerge al oyente en atmósferas hipnóticas y envolventes, construidas a base de guitarras distorsionadas, efectos, sintetizadores y voces procesadas. Temas como Image of Us Smiling o Buceando en los profundos mares del autosabotaje reflexionan sobre los elementos que moldean nuestra identidad, mientras que En ti baja pulsaciones para recordarnos la importancia del autocuidado.
A veces comprenderse no es salir del laberinto, sino aprender a caminar dentro de él sin perderse.
El tramo central del álbum funciona como un manual emocional: Mar de azar invita a abrazar la incertidumbre, Sueño de día reivindica el arte como refugio y Tangible Circle —potente y progresiva— simboliza el control posible entre nuestras ideas y el mundo real. A partir de ahí, el disco se relaja, dejando espacio a una psicodelia más contemplativa en cortes como Lazo, Limbo o Living Forest.
The X-Flowers: heredar el ruido para volver a hacerlo propio
The X-Flowers nacen en Las Vegas en 2024 con una idea clara: tomar el sonido con el que crecieron y hacerlo hablar en presente. Hijos directos de la Generación X, su nombre no es una pose, sino una declaración de origen. La banda recoge influencias del grunge noventero, el rockabilly, el punk y el rock alternativo para construir canciones que equilibran aspereza y melodía, sin nostalgia forzada ni voluntad de réplica exacta.
Su música se apoya en guitarras distorsionadas, estructuras compactas y estribillos que se quedan a la primera escucha. Hay familiaridad en su sonido, pero también empuje y frescura. The X-Flowers entienden el rock como un lenguaje intergeneracional: conecta de forma natural con quienes reconocen esos códigos heredados, pero también con oyentes más jóvenes que encuentran en sus canciones una energía directa y accesible.
Desde su formación, la banda ha ido ganando presencia en la escena local de Las Vegas, manteniendo una relación constante con eventos como First Friday Las Vegas, donde han actuado en el escenario principal y han curado su propio espacio independiente. A eso se suman actuaciones en salas y locales emblemáticos de la ciudad, así como apariciones recurrentes en emisoras como X107.5 XtremeRadio.
En lo discográfico, The X-Flowers han ido marcando etapas claras. Tras el EP First Bloom, publicado en junio de 2025, el single Tilted vio la luz el 2 de enero de 2026, consolidando una identidad que combina energía, positividad y una cierta melancolía luminosa. Sus canciones no buscan reinventar el género, sino recordar por qué sigue funcionando cuando se escribe con convicción.
Hay bandas que no miran al pasado para refugiarse, sino para entender desde dónde volver a empujar.
Beth Gladen: la calma como forma de resistencia
Beth Gladen escribe canciones que no necesitan imponerse para dejar huella. Desde su proyecto personal, la cantautora construye un pop de raíz rock que se apoya en la emoción contenida, en melodías claras y en una forma de cantar que prioriza la cercanía antes que el impacto. Sus canciones avanzan despacio, pero con una dirección muy definida: la de contar historias íntimas sin artificios.
Su música se mueve en un territorio reconocible, donde el pop y el rock dialogan con naturalidad y donde cada arreglo parece colocado al servicio de la voz y la letra. Hay una sensibilidad honesta en su manera de escribir, una atención especial a los detalles emocionales y a esos momentos pequeños que, al ser nombrados, adquieren un peso inesperado. Beth Gladen no dramatiza: observa, recuerda y deja que la canción haga el resto.
A lo largo de su trayectoria, su trabajo ha ido encontrando oyentes que conectan precisamente con esa forma de entender la música como acompañamiento. No es una propuesta pensada para la urgencia ni para el consumo rápido, sino para escucharse con tiempo, permitiendo que las canciones se asienten y crezcan con cada vuelta.
Hay canciones que no buscan cambiarte el día, sino quedarse contigo el tiempo suficiente como para hacerlo más llevadero.
En un contexto saturado de estímulos, su propuesta destaca por lo contrario: espacio, respiración y una emoción que no necesita elevar el volumen para resultar creíble. Beth Gladen confía en la fuerza de lo sencillo y en la honestidad como motor creativo.
Beth Gladen se sitúa ahí, en ese lugar discreto pero firme donde la música sigue siendo un gesto humano, cercano y necesario.y sin adornos. Una propuesta que confía en la energía como mensaje suficiente.
Pilu: aprender a respirar cuando sobrevivir ya no basta
Oxígeno falso no es un EP escrito para avanzar, sino para detenerse. En su debut discográfico, Pilu convierte seis canciones en un retrato honesto de un momento vital concreto: ese instante en el que una se da cuenta de que seguir adelante no siempre significa estar bien, y que a veces hace falta frenar para preguntarse qué aire se está respirando.
Originaria de Jerez y afincada en Sevilla, Pilu deja que su propio tránsito —geográfico, emocional y creativo— atraviese toda la obra. El EP recoge el último año de su vida, un periodo marcado por decisiones incómodas, límites necesarios y una certeza que se repite como un pulso interno: sobrevivir ya no es suficiente. A partir de ahí, las canciones funcionan como pequeñas estaciones de ese proceso.
Musicalmente, Oxígeno falso se mueve dentro de la canción de autora contemporánea, pero sin quedar atrapada en una sola forma. Guitarras acústicas, españolas y eléctricas conviven con bajos distorsionados, sintetizadores y beats de pulso andaluz, creando un paisaje sonoro que acompaña el relato sin imponerse. Cada canción aporta un matiz distinto: la rabia contenida de “Oxígeno”, la afirmación identitaria de “Animal salvaje”, la necesidad de cuidado en “Caída libre”, la memoria agradecida de “Años dorados”, la reconstrucción íntima de “Mi hogar” y la aceptación serena de “Una luz”.
Más que una colección de temas, el EP se percibe como un discurso coherente, donde lo personal se vuelve generacional. Pilu no escribe desde la queja, sino desde la toma de conciencia: desvincularse de lo que se espera, aceptar el pasado sin negarlo y construir un lugar propio desde el que seguir creciendo.
Hay momentos en los que respirar no es vivir, y aprender a distinguirlo cambia por completo la forma de estar en el mundo.
Con Oxígeno falso, Pilu presenta algo más que un debut: una pausa consciente, una toma de posición y el inicio de una identidad artística que se construye desde la honestidad y el cuidado. Un EP pensado no para escapar, sino para quedarse el tiempo suficiente y entender qué merece seguir formando parte del camino.
My Sweet Undivine: cuando el tiempo arrastra todo, pero algo permanece
DESU TAEM no trata el rock como un género, sino como un territorio que se disputa a gritos. Lo suyo nace de una rareza real: un proyecto compartido entre padre e hijo que no pretende tender puentes, sino provocar fricción. Y de esa fricción surge un sonido crudo, juguetón y excesivo, donde el pasado no se reverencia: se retuerce, se remezcla y se pone a trabajar.
El “Savage Retro Rock” no es una pose, es una forma de entrar en escena. Hay imágenes de cintas VHS, de salas sudorosas, de mitologías que no envejecen bien porque no quieren. Pero la lectura es contemporánea: estructuras tensas, una producción que deja marca y letras que observan el presente con ironía afilada. Aquí la nostalgia no manda; manda la energía.
Cuando dos generaciones comparten el mismo amplificador, no se equilibran: se encienden.
Ese es el corazón del dúo. Uno aporta instinto, experiencia y el error como método; el otro introduce control, síntesis y una conciencia digital que no apaga la electricidad, la canaliza. El humor aparece como herramienta de supervivencia frente a un mundo saturado de estímulos y gestos vacíos, y el sarcasmo funciona como una manera de pensar el presente sin solemnidad.
DESU TAEM construye canciones como pequeñas detonaciones culturales: exageradas, incómodas y deliberadamente físicas. En directo, esa lógica se vuelve aún más clara. No hay distancia ni adorno, solo un pacto tácito con el público: el ruido también puede ser una forma de lucidez.
Kregg: nostalgia moderna con margen para jugar
Kregg debutó en enero de 2024 con “Way Down” y, desde entonces, ha ido construyendo un catálogo de rock alternativo con un pulso muy particular: canciones sombrías, sí, pero siempre con un punto lúdico, como si la melancolía no estuviera reñida con la curiosidad. Grabando en The Bunker Studios, en Phoenix (Arizona), el proyecto sigue afinando su identidad mientras prepara una etapa especialmente activa para 2026.
La clave está en el contraste. Las letras de Kregg, directas y emocionales, se sostienen sobre una voz singular que no busca parecerse a nadie, y encuentran en las producciones de Ralph Patlan un marco contemporáneo con aroma noventero. Ese equilibrio permite moverse con libertad: desde una versión acústica y psicodélica de “Way Down” hasta un hard rock más afilado previsto para marzo, pasando por una colaboración en clave RnB en desarrollo o una lectura dark pop y electrónica de “The Letter”.
Más que un cambio de estilo constante, lo que aparece es una misma idea explorada desde distintos ángulos: cómo transformar el estado de ánimo en canción sin quedar atrapado en un único formato. Actualmente tiene siete temas en marcha, incluidos dos trabajos colaborativos, todos previstos para publicarse en 2026, año en el que también verá la luz su álbum debut.
Hay artistas que no eligen entre oscuridad o juego: convierten esa mezcla en su manera de sonar a verdad.
Kregg avanza así, puliendo su lenguaje sin perder espontaneidad, preparando un 2026 que apunta a consolidarlo como una voz versátil dentro del rock alternativo actual.
Musicalmente, el álbum conecta los distintos caminos recorridos por Dunne en proyectos como Franciscan Honey, spliffolympics, javahead o Cruise Torts. No como collage, sino como síntesis. Todo suena a continuidad, a un mismo relato contado desde ángulos distintos.
Rock do Reino: fe sin refugio, rock sin concesiones
Rock do Reino presenta Obeying You como un ejercicio de entrega sin atajos. El single, publicado el 30 de enero de 2026, marca un nuevo capítulo para la banda brasileña, no solo por estar cantado en inglés, sino por la forma en que decide abordar la fe desde un lugar frontal, áspero y emocionalmente expuesto. Aquí no hay consuelo fácil: hay conflicto, rendición y confianza atravesando el ruido.
La canción nace en un periodo de cambios personales y estructurales dentro del grupo, y ese contexto se filtra en cada decisión sonora. El hard rock y el pop punk de raíz americana sirven como base para un tema más duro de lo habitual, una elección consciente que, según la propia banda, refleja la crudeza de la vida y de las batallas internas que acompañan cualquier proceso de fe. Obeying You no suaviza el mensaje, lo enfrenta.
Rock do Reino se define como un movimiento de personas imperfectas, convencidas de que el cristianismo no debería quedarse encerrado en los márgenes tradicionales de la iglesia. Esa idea atraviesa el proyecto desde su formación en 2025: crear música cristiana que dialogue con la realidad cotidiana, con sus dudas, caídas y contradicciones. El uso del inglés responde también a esa voluntad de ampliar el alcance del mensaje, de llevarlo más allá de un contexto local.
El lanzamiento llega acompañado de un videoclip en animación 3D dirigido por Thyago Lima de Aguiar, que traduce visualmente la intensidad espiritual y emocional del tema. Todo el conjunto refuerza la sensación de estar ante una obra pensada como bloque, donde sonido, imagen y discurso avanzan en la misma dirección.
Hay canciones que no prometen respuestas, solo la honestidad de reconocer en qué se apoya uno cuando todo lo demás falla.
Con Obeying You, Rock do Reino consolida una identidad que apuesta por el peso, la convicción y el propósito. Un proyecto que entiende el rock como vehículo para decir lo que incomoda, incluso —o sobre todo— cuando se habla de fe.
Sulfurized Inhabitants of the Matchbook: el rock no se fue, estaba esperando
Sulfurized Inhabitants of the Matchbook no plantea una pregunta retórica con Where Has The Music Gone, sino una provocación directa. Su nuevo lanzamiento funciona como una toma de posición clara: el rock no ha desaparecido, simplemente ha quedado fuera del foco. Y ellos se encargan de señalar exactamente dónde sigue respirando.
La banda estadounidense construye su identidad desde una fuerte impronta británica, apoyándose en una tradición que va del último Lennon/McCartney a la etapa más afilada de Bowie junto a Ronson. Pero lejos de recrear un museo sonoro, SIOTM utiliza ese legado como combustible para avanzar. Su música se mueve entre la herencia del AOR de los setenta y una actitud frontal, directa, sin intención de suavizar el golpe.
Where Has The Music Gone se suma a un catálogo donde ya destacan temas como Basement Chandelier, Parallel Lives o Venture On, todos ellos atravesados por una misma idea: llevar lo vintage hacia un presente brillante y funcional. La clave está en el trabajo compositivo del tándem Pisano/Visconti, que entiende el pasado no como refugio, sino como herramienta para construir algo vigente y con nervio.
El discurso de la banda no habla de revival, sino de continuidad. No hay nostalgia melancólica ni gestos irónicos. Hay convicción, volumen y una voluntad clara de recordarle al oyente que el rock sigue siendo un lenguaje válido cuando se toca con intención y sin complejos.
A veces la música no desaparece: simplemente deja de buscarte y espera a que seas tú quien vuelva a escuchar.
Sulfurized Inhabitants of the Matchbook se sitúan ahí, en ese punto donde la historia del rock no se cita, se reactiva. Un proyecto que invita a mirar bajo la superficie y reencontrarse con una energía que nunca se fue, solo cambió de escondite.
Alex Brewer: cuando la herida deja de esconderse
Alex Brewer publica Cut Me como quien decide no contenerse más. El single, lanzado el 2 de febrero de 2026, es hasta ahora su canción más oscura y también una de las más directas. No nace del estudio, sino del escenario: durante meses fue un tema reservado al directo en Tbilisi, donde la reacción del público confirmó que algo ahí estaba tocando un nervio real. Ahora, por fin, esa tensión queda fijada en su versión grabada.
Detrás del nombre artístico está Alexey Suslyakov, músico ruso que encontró en Georgia no solo un lugar de residencia, sino un punto de inflexión creativo tras abandonar su país para evitar el reclutamiento. Esa experiencia de ruptura, presión y desplazamiento atraviesa el tono de Cut Me, una canción que se sumerge en la angustia existencial y en el peso de las emociones reprimidas hasta el momento exacto en el que ya no pueden sostenerse más.
Musicalmente, el tema se mueve entre el rock alternativo de los dos mil, el post-hardcore y elementos de rock electrónico. Las guitarras pesadas conviven con una producción tensa y contenida, firmada por Gary Este, que refuerza el carácter asfixiante del relato. No hay explosión gratuita: todo está al servicio de una liberación emocional que llega cuando el cuerpo ya no puede seguir callando.
Cut Me no busca resultar cómoda. Es una canción construida desde el desgaste, desde esa presión silenciosa que se acumula y que solo encuentra salida a través del arte. Su fuerza reside precisamente ahí: en no disimular la herida ni convertirla en espectáculo.
Hay canciones que no se escriben para gustar, sino para sobrevivir al momento en el que ya no queda nada que esconder.
Con este lanzamiento, Alex Brewer consolida una identidad marcada por la honestidad y la intensidad, y deja claro que su música nace de la necesidad, no del cálculo. Cut Me es un paso firme dentro de un proyecto que entiende el rock como un espacio donde decir lo que de otro modo resultaría insoportable.
LINO: cuando la carretera deja de ser promesa
Hay discos que no nacen para impresionar, sino para acompañar. Hasta aquí es gratis, el álbum debut de LINO, se sitúa exactamente ahí: en el territorio de la canción entendida como relato, como trayecto vital y como forma de mirar el mundo con los pies en el suelo. Publicado en febrero, el disco apuesta por un rock americano en castellano que rehúye la urgencia y devuelve el foco a lo esencial: texto, interpretación y verdad.
Las diez canciones del álbum están escritas desde la madurez de quien ya ha cumplido algunos sueños, pero sigue conviviendo con dudas e incertidumbres. LINO canta sobre decisiones, esfuerzo y responsabilidad, sobre ese momento en el que la carretera deja de ser una promesa abierta y se convierte en determinación y trabajo diario. No hay épica impostada, sino una épica cotidiana, urbana y reconocible.
Musicalmente, Hasta aquí es gratis se mueve en los márgenes del rock clásico y americano, con referencias claras a Springsteen, Loquillo o Quique González, pero sin caer en la imitación. El disco suena a banda tocando junta, con arreglos cuidados y un pulso orgánico grabado en directo en Estudio Uno. La producción de Alex Muñoz y Mario Raya refuerza ese carácter honesto, apoyada por una alineación de músicos que aporta solidez sin eclipsar las canciones.
Los adelantos “Bienvenidos”, “Autopista y Velocidad” y “No da más” funcionan como puertas de entrada, pero el álbum está pensado como un todo, para escucharse de principio a fin. Hay una vocación clara de obra completa, de disco que crece con el tiempo y con quien lo escucha, lejos del consumo rápido.
Hay momentos en los que avanzar no consiste en correr más, sino en decidir seguir, incluso cuando ya no es gratis.
Hasta aquí es gratis marca el punto de partida de LINO como proyecto discográfico y reivindica el valor del álbum como espacio narrativo. Un debut sincero, con vocación de recorrido, que entiende el rock como una forma de contar quién eres y por qué sigues caminando.
The Truth Beyond: un paso adelante sin soltar el peso
The Truth Beyond se mueve en ese terreno donde el rock no renuncia a la fuerza, pero tampoco a la emoción. Desde Solingen, Alemania, la banda combina metal, alternative y post-grunge para construir un sonido robusto, melódico y con un groove constante que sostiene cada canción. No se trata solo de potencia: hay intención, dinámica y una clara vocación de conexión con quien escucha.
Con One Step, su nuevo single, el grupo presenta su primera canción con una formación renovada. El tema funciona como declaración de continuidad y avance al mismo tiempo. No busca reinventar su identidad, sino reafirmarla desde una nueva etapa. Las guitarras pesadas conviven con melodías claras y una estructura pensada para crecer tanto en estudio como en directo, manteniendo ese equilibrio entre intensidad y accesibilidad que define a la banda.
Las letras de The Truth Beyond se mueven entre la reflexión personal y la mirada crítica hacia lo social. Son directas, serias en el fondo, pero siempre envueltas en una energía que no se recrea en el conflicto. Hay una voluntad clara de transformar el peso emocional en impulso colectivo, algo que se percibe especialmente en su faceta en vivo, donde la cercanía con el público es parte esencial del discurso.
Actualmente, la banda se encuentra trabajando en nuevas canciones que verán la luz en los próximos meses, mientras refuerzan su presencia en escenarios y medios con la intención de consolidarse dentro del circuito regional y nacional de salas y festivales. One Step actúa así como punto de partida de una etapa que mira hacia delante sin perder solidez.
Hay canciones que no prometen un cambio radical, sino la determinación de seguir avanzando sin soltar lo que te define.
Con este nuevo lanzamiento, The Truth Beyond confirma una propuesta pensada para durar, donde la fuerza y la melodía conviven como dos caras de un mismo paso hacia adelante.
LINZE: elegancia salvaje para un mar sin fondo
LINZE lleva una década defendiendo una idea clara: el rock también es un espectáculo. Desde Madrid, la banda ha construido su identidad alrededor de un directo magnético, cargado de energía y personalidad, con una estética reconocible que ellos mismos definen como “salvaje pero elegante”. Esa mezcla de actitud, oficio y puesta en escena explica por qué han recorrido algunas de las salas más emblemáticas de la capital y por qué su nombre aparece con naturalidad cuando se habla de bandas hechas para el escenario.
Su trayectoria no se entiende solo por el número de conciertos, sino por el contexto: carteles compartidos con nombres como M Clan, Sidecars o Loquillo, y un recorrido de estudio respaldado por productores como Dany Richter o Josu García. A esa base se suman reconocimientos como el Movistar Sound Atrévete 2021 y el foco de medios especializados que los señalaron como una de las bandas llamadas a liderar una nueva ola del rock estatal.
En 2025, LINZE abre una etapa nueva con producción de Cora Yako, y “Naúfragos” marca la primera señal del cambio. Pero es “Mar sin fondo” el que termina de tensar el mapa emocional: un single de 3:50 donde la banda se aleja de la calma acústica anterior y se sumerge en un universo grunge, oscuro, con guiños a la estética gótica de finales de los 90 y principios de los 00. Guitarras rotas, atmósfera densa y una melodía vocal hipnótica sostienen un tema que vuelve a poner sobre la mesa su inquietud existencial como reflejo generacional.
“Mar sin fondo” se presenta como el cuarto adelanto del próximo disco, Hoy todo es amor, previsto para febrero de 2026, y funciona como un golpe previo, contundente y sombrío, antes de que el álbum abra por fin el relato completo.
Hay bandas que entienden el escenario como un lugar para brillar; otras lo entienden como un lugar para hundirse con estilo y salir con la canción intacta.
LINZE está en ese punto: energía, oficio y una oscuridad que no busca pose, sino verdad, justo antes de iniciar un nuevo capítulo que promete recorrer muchas ciudades y dejar pocas dudas.
AR DEGARD: resistir cuando ya no queda camino
Born to the Fight no se construye desde la épica del triunfo, sino desde la dureza de seguir en pie cuando todo empuja en contra. AR DEGARD firma una canción de outlaw country con pulso cinematográfico, pensada como un western moderno donde la historia no avanza hacia la victoria, sino hacia la resistencia. Aquí no hay romanticismo fácil: hay pérdida, consecuencias y una determinación que se sostiene a base de carácter.
La canción se apoya en un riff de Stratocaster constante y en una producción deliberadamente espaciosa, que deja respirar a la voz y a la guitarra mientras la tensión se va acumulando poco a poco. El estribillo no aparece de inmediato; llega pasado el primer minuto, como una recompensa emocional que refuerza la idea central del tema: mantenerse firme cuando retirarse ya no es una opción.
Musicalmente, Born to the Fight conecta con la tradición del country rock y la Americana más áspera, pero evita sonar a ejercicio de estilo. El enfoque es actual, con un sonido crudo y directo que prioriza la atmósfera y la narración por encima del impacto inmediato. Todo está al servicio del relato: una historia vivida, gastada por el camino, contada sin adornos innecesarios.
El tema ha tenido una notable acogida en radios, medios y playlists internacionales, algo que confirma la fuerza de una propuesta basada en la autenticidad más que en la fórmula. AR DEGARD no busca suavizar el mensaje ni embellecer la experiencia: apuesta por una música que suena honesta porque acepta la dureza que describe.
Hay canciones que no prometen redención, solo la fuerza suficiente para no retroceder cuando el suelo tiembla.
Con Born to the Fight, AR DEGARD reafirma una identidad ligada al outlaw country y al rock de raíces, donde la resistencia no es un gesto heroico, sino una forma de existir. Una canción hecha para quienes reconocen el valor de seguir adelante, incluso cuando el camino ya ha cobrado su precio.
D’Baldomeros: gastar la noche antes de que amanezca
Dicen que tras la calma viene la tempestad, y D’Baldomeros parecen tomárselo al pie de la letra. Después de “Vera”, el cuarteto granadino vuelve con “Gran Derroche”, un nuevo adelanto de su primer LP y, sobre todo, una declaración de urgencia: exprimir lo que no vuelve. El tiempo, la energía, la risa de madrugada, ese baile que solo existe cuando todavía no ha salido el sol.
“Gran Derroche” golpea con guitarras que no se quedan quietas, sintetizadores que empujan hacia delante y una base rítmica demoledora que funciona como motor más que como acompañamiento. La canción suena épica sin perder el pulso bailable, como si el rock y la electrónica se dieran la mano para construir un himno de noche larga. Todo está orientado a ese instante en el que la oscuridad permite creer cualquier cosa… hasta que llega el amanecer y coloca la verdad en su sitio.
Grabada de nuevo en La Madre Estudios con David “Indio” Sutil al mando y mastering de Alan Lockwood, la banda sigue afinando una identidad que mezcla electro-rock con matices funk y disco. Un sonido diseñado para el directo, donde su propuesta se vuelve física, sudorosa y contagiosa.
Formados en 2015, D’Baldomeros han construido su camino a base de escenario: festivales, concursos y una presencia constante que les ha ido situando dentro del mapa andaluz emergente. Premios como Quiskilla Rock 2017 o el Concurso Guinnes Spain 2023, además de su paso como finalistas por Zurich Rock Madrid 2024, refuerzan esa trayectoria sostenida por la insistencia.
Hay canciones que no celebran la noche: la consumen, como si bailar fuera la única manera de ganarle un minuto al reloj.
“Gran Derroche” es eso: un impulso eléctrico para vivir ahora, sin manual y sin testigos, antes de que se haga de día.
MAHTEN: ruido directo para una ciudad que no escucha
MAHTEN aparece desde Noruega como una banda joven, pero con una claridad poco habitual sobre lo que quiere contar. Formados en septiembre de 2025, su propuesta se apoya en el rock alternativo más directo, con guitarras crudas y una sensibilidad heredera del post-grunge noventero. No hay artificio ni nostalgia impostada: su sonido mira al pasado solo para entender mejor el presente.
Tras su debut con Off You Go, la banda regresa con In The Town, un single publicado el 9 de enero de 2026 que funciona como retrato de un entorno urbano saturado. La canción observa una ciudad llena de promesas políticas, sueños prefabricados y múltiples vías de escape que rara vez conducen a algo auténtico. No hay grandes discursos, sino una ironía contenida que señala el caos cotidiano y esa sensación de estar siempre persiguiendo algo que nunca termina de llegar.
Musicalmente, In The Town se sostiene sobre guitarras dinámicas y una base rítmica firme que empuja el tema hacia delante sin perder tensión. La energía es constante, pero controlada, reforzando el contraste entre el movimiento exterior y el vacío que describe la letra. Las influencias de bandas como Foo Fighters, Alice in Chains o The Smashing Pumpkins aparecen de forma natural, integradas en un lenguaje propio que prioriza la emoción y la inmediatez.
MAHTEN no parece interesada en complicar su discurso. Su fuerza está en la observación directa, en convertir el ruido diario en una canción que canaliza el desencanto sin caer en el cinismo. In The Town no ofrece salidas claras, pero sí un espejo reconocible para una generación acostumbrada a convivir con la confusión.
Hay canciones que no buscan respuestas, solo dejar constancia del desorden antes de que se normalice del todo.
Con este nuevo lanzamiento, MAHTEN consolida un punto de partida sólido dentro del rock alternativo europeo, demostrando que incluso en medio del caos urbano todavía hay espacio para una voz honesta, eléctrica y sin rodeos.
néomí: soltar la culpa para volver a la propia luz
néomí regresa en 2026 con “Didn’t I”, una canción que no necesita alzar la voz para dejar marca. Tras el impacto emocional de su EP de 2025, Another Year Will Pass, la cantautora holandesa-surinamesa abre un nuevo capítulo con un tema que se adentra en una forma de desamor especialmente silenciosa: la de cargar con el caos de otra persona hasta confundirlo con responsabilidad propia.
“Didn’t I” retrata esa dinámica en la que una relación se fractura y, aun así, alguien termina sintiéndose culpable por no haber salvado lo insalvable. La canción gira alrededor de una pregunta que duele por repetida: si hiciste lo suficiente, si fuiste suficiente, cuando en realidad esas dudas pertenecían a la otra parte. néomí lo expresa con una claridad que no busca revancha, sino perspectiva: entender que el sabotaje ajeno no puede convertirse en condena personal.
Hay amores que no se rompen de golpe: se desgastan hasta que te preguntas si el error eras tú.
Musicalmente, se mantiene fiel a su lenguaje: folk etéreo y minimalismo pop con un pulso cinematográfico, sostenido por una instrumentación escasa que deja espacio al texto y al temblor emocional. La canción crece despacio, como una marea que sube sin que te des cuenta, hasta que el peso de lo no dicho se vuelve imposible de ignorar. Ese desarrollo lento convierte el tema en una experiencia íntima y devastadora, donde la fragilidad es precisamente la fuerza.
Con “Didn’t I”, néomí no se queda en la herida, pero tampoco la oculta. La mira de frente y, desde ahí, empieza a soltar la culpa. Una canción para quienes han confundido amor con carga, y están aprendiendo, por fin, a regresar a su propia luz.
Icing Sands: aprender a soltar cuando todo ya ha pasado
Icing Sands nace en Berlín como un proyecto que entiende la intensidad no como exceso, sino como equilibrio. Detrás está la artista y compositora Kate Elister, que presenta Waves como primer adelanto de un EP homónimo previsto para abril de 2026. La canción funciona como un umbral: el momento exacto en el que una relación larga, erosionada por el conflicto y el desgaste mutuo, llega a un punto donde continuar deja de ser una opción real.
Musicalmente, Waves se mueve entre la accesibilidad del pop rock y el peso del metal alternativo. Pasajes oníricos y atmosféricos conviven con riffs contundentes y una interpretación vocal que crece en intensidad hasta romperse. La voz de Elister transita de lo limpio a lo áspero con naturalidad, reforzando esa sensación de oleaje emocional constante: calma aparente, impacto, retirada. Todo ello envuelto en una producción pulida y emocionalmente cargada, firmada por Romesh Dodangoda, conocido por su trabajo con Motörhead y Bring Me The Horizon.
La canción no habla del conflicto en sí, sino de lo que viene después. De esa claridad fría que aparece cuando el ruido se apaga y aceptar el final se convierte en el único gesto posible para seguir adelante. El discurso se sostiene tanto en la letra como en el contraste sonoro, siempre buscando tensión sin perder melodía.
El apartado visual amplía ese universo. La portada, dominada por el negro y el rojo, establece una identidad simbólica y contundente, mientras que el vídeo traslada la acción a paisajes montañosos cubiertos de nieve, con Elister vestida de blanco. Esa oposición entre calor y frío, aislamiento y fuerza contenida, refleja con precisión el espíritu del proyecto.
Hay canciones que no buscan salvar nada, solo acompañar el momento en el que dejar ir se vuelve inevitable.
Con Waves, Icing Sands presenta una carta de presentación sólida y coherente, donde emoción y peso caminan juntas. Un debut que no necesita explicarse en exceso: basta con dejar que la marea haga su trabajo.
footnote: hibernar para volver con más ruido
footnote afronta 2026 desde una paradoja muy acorde a su carácter: mientras el frío extremo congela la costa este de Estados Unidos, la banda de Brooklyn se encierra en el estudio para avanzar más que nunca. Tras el impacto de singles como “Angel II” y “Crossed with Lines”, el grupo ha decidido frenar el ritmo del directo y aprovechar el invierno como excusa perfecta para centrarse en la producción. No es falta de ideas, precisamente lo contrario: tienen más canciones de las que saben manejar.
Ese exceso creativo encaja con una banda que nunca ha querido quedarse en un solo sitio. footnote mezcla indie rock, post-punk, hip hop, reggae y punk con naturalidad, y se mueve con la misma solvencia en conciertos eléctricos y caóticos que en formatos acústicos y contenidos. Sus referentes son tan amplios como evidentes, de Built to Spill o Fiona Apple a Nirvana, Hole, Sublime o Beastie Boys, y esa diversidad se traduce en canciones que cambian de forma sin perder identidad.
Uno de los rasgos más reconocibles del grupo son las armonías vocales, casi siempre señaladas como primer impacto por quienes los escuchan en directo. Tras la marcha de Katya Avila a California para desarrollar su proyecto KATZROAR, Andrew Doss asume el bajo y parte de las voces, aportando también composiciones propias y una nueva dinámica interna que amplía el registro del grupo. La rotación de roles y voces refuerza la sensación de colectivo más que de jerarquía.
Mientras trabajan con la vista puesta en completar un álbum para 2027, footnote también lidia con malentendidos externos, como la etiqueta errónea de “rock cristiano” atribuida por algoritmos a partir de su imaginería lírica. La banda es clara al respecto: sus referencias mitológicas y religiosas no implican adhesión, sino cuestionamiento.
Hay grupos que necesitan el escenario para existir y otros que saben desaparecer un tiempo para volver con algo más grande entre manos.
footnote parece cómodo en esa pausa activa. Hibernar no como retirada, sino como preparación. Todo apunta a que, cuando el hielo se derrita, el ruido volverá con más fuerza.
LOV: energía en carne viva para una generación sin mapa
LOV aparece desde la escena emergente francesa con una propuesta que no intenta pulir sus bordes. Su música se mueve entre el pop-punk y el indie rock, combinando una energía cruda de directo con una sensibilidad introspectiva muy marcada. No hay pose ni artificio: lo que suena es urgente, emocional y profundamente generacional.
Apasionado por la música desde la infancia, LOV empezó a subirse a escenarios con apenas once años, versionando bandas como Green Day o Scorpions, referencias que todavía se perciben en su forma de entender la guitarra y el impulso melódico. Ese aprendizaje temprano desemboca ahora en un proyecto personal y autodirigido. Su primer single, It’s Time, ha sido grabado en soledad, en su propia habitación, reforzando una estética DIY que atraviesa todo el proyecto.
LOV condensa en sus canciones la intensidad de un directo incandescente y la confusión emocional de una generación en busca de referencias. Las letras hablan de memoria, vínculos que se resquebrajan y emociones que se desbordan cuando el amor deja de ser un refugio claro. Esa idea atraviesa también el concepto de su primer EP, previsto para enero de 2026, donde se plantea una pregunta tan sencilla como incómoda: qué queda cuando el amor muere y los recuerdos se mezclan.
El proyecto se completa con una fuerte identidad visual y una apuesta clara por el formato directo, como demuestra su reciente Bed Live Session, pensada para capturar la energía sin filtros ni correcciones.
Hay artistas que no buscan respuestas, sino un lugar donde volcar la rabia, la memoria y lo que todavía no sabe nombrarse.
LOV se sitúa en ese punto exacto: canciones que suenan a sala llena, a cicatriz abierta y a emoción todavía caliente. Una propuesta que no promete estabilidad, pero sí verdad, volumen y una honestidad difícil de fingir.
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