Entrevista a La Chica Charcos / La Gramola Kids

La Chica Charcos… primera invitada, y difícil mantener el nivel para las siguientes, porque ella (y la Katiuskas Band) están haciendo cosas muy bonitas y divertidas. Desde nuestra casa, como tantas otras, como familia y personas, creemos mucho en lo que está haciendo, porque no se trata  sólo entretener a los peques, si no de vivirlo con ellos.

Patricia Charcos, Chica Charcos, nos abre las puertas de su nuevo hogar en Madrid y de su maravillosa mente creativa y productiva. Y siempre con la mayor de las sonrisas, y con unos ojos que invitan a preguntarle aún más cosas de su colorido universo.

No tienes Wikipedia! Es lo primero que siempre mira uno, para poner en situación la edad y origen…

No tengo! Pero tengo 40 años.

Actualmente lo está petando Agapito por el Norte de Europa: Berlín, Moscú… vosotros en general por toda España. No sé si es por la dieta, los torreznos, el queso, los miguelitos; o por el frío, pero el talento que sale desde tu tierra (Albacete) es más que evidente el alcance ya universal. ¿Cómo estás viviendo esta efervescencia cultural ya consolidada?

Pues no lo sé muy bien. Igual es un momento en que mucha gente, como los chanantes, que se dedican a lo cómico, traslada su mensaje de “también existimos”. Igual hay un sentimiento de decir que estamos aquí.

Cuando vamos a tocar, vemos que en cada sitio hay un carácter y que enganchas más, como en las relaciones de las personas, con una gente o con otra. Por ejemplo, nosotras enganchamos mucho con Murcia, con Huesca, Zaragoza, con el sur…

Hay un “sin miedo” a decir “aquí estoy” de la gente de las provincias. Ayer precisamente llegué a Madrid, que me he mudado, ¡y con muchas ganas de exportar los miguelitos y el azúcar glas!

¡Hablemos de ti! Tú eres multitarea… pero empiezas creando tu propia compañía de teatro, aunque ya compaginando actriz, escritora, clown, cantante… ¿qué es lo que realmente aparece primero en Patricia, antes de dedicarse profesionalmente?

Pues, la verdad es que yo de pequeña no quería dedicarme a nada del mundo del escenario, hasta que estudié magisterio. Ya en el último año, me apunté a un curso de teatro y pensé ¡ostras! ¿qué es esto? Yo quiero hacer esto” y decidí venirme a Madrid a estudiar arte dramático.

Después miré para atrás y me he visto de pequeña lo que hacía… y lo que estaba todo el día haciendo era estar en mi habitación escribiendo, inventando una canción, con las vecinas que nos inventábamos bailes, coreografías, íbamos enseguida de gira por el vecindario, a todas las casas de las vecinas a hacerles todo el show que hubiéramos inventado.

Mis padres siempre me dicen que me he criado en la habitación con tus cosas, y luego salías y nos hacías lo que te habías

inventado.

¿Recuerdas entonces algo de tus primeros poemas o tus primeras canciones?

¡Hombre… mi vecina y yo teníamos una cinta de casette con canciones! Y me da una rabia que no lo tenemos ya… Hicimos una versión de Oliver y Benji (risas) con una historia de amor; otra versión del himno del Alba (que por aquel entonces el equipo estaba on fire) que hicimos para nuestra clase… y un montón de canciones que íbamos inventándonos, como por ejemplo una, que no recuerdo de la letra (tararea con alguna palabra “hoy me he levantado” …). Sí, teníamos nuestras letras y nuestra grabación.

¡Esperemos que aparezca la cinta! Tú escribes muy bonito, lo sabemos, pero como Chica Charcos no tenemos claro si le has puesto música a tus poemas o si has llenado el escenario de letras…

Pues fue a partir de un espectáculo que hicimos, Alas de Cartón, el primer espectáculo más serio como compañía propia. Cuando empezamos a montarlos, eran poemas de diferentes poetas, y entonces el director me dijo: “pero si tú escribes poemas, ¿porqué no te traes alguno?”. Total, que me llevé uno, y me pidieron más. Al final, en ese laboratorio que estábamos haciendo, acabaron siendo todos los poemas míos, porque el director propuso, ya que yo tenía ese mundo, tirar por él.

Entonces, con uno de esos poemas se me ocurrió coger el ukelele que me acababa de regalar un amigo, y de broma, comencé a ponerle música, y dije “mira qué gracioso” … y metimos la primera canción (La mosca difunta). Ahí me vine arriba, y seguí poniéndole música a otros poemas, pero ya me empecé a plantear hacer directamente alguna canción, pero sin idea de lo que iba a ser esto, que más que una compañía de teatro, creo que somos ya un grupo de música, porque ahora es lo que más hacemos. Aunque sigo haciendo teatro, y no sé si el día de mañana me va a apetecer subirme a un trapecio, por ejemplo.

No sé por dónde me dará, pero está claro que siempre con el escenario y con la creación… vete tú a saber!

Tú también produces todos tus contenidos. Entiendo que es para transmitir el mensaje que tú creas exactamente como tú quieres, y que nadie intervenga en el proceso de trasladar tu mundo directamente, y eso hace que sea más sincero.

Sí, y eso es una cosa que, también al mirar atrás, me doy cuenta que no pienso al inicio el camino, me dejo llevar. Pero si me he dado cuenta, cuando estudié arte dramático, que me fui harta de tener que presentarte a un casting y que alguien te dijera que sí o que no, y poder trabajar o no.

Yo desde pequeña he sido muy cabezona, para lo bueno y para lo malo, y ya puse en duda por qué alguien te dice qué puedes hacer o no. Al empezar a decir lo que quiero en el escenario, veo que es algo muy importante para mí, ya esté mejor o peor.

Yo disfruto con obras, canciones o poemas de otros, que son geniales, pero hay algo en mí, que tengo la necesidad de decir las cosas que yo llevo dentro

Hemos estado en tus conciertos, y los niños han saltado como locos, pero también los padres. Haces guiños sacando los cuernos como un caracol, pero también como gesto rebelde ¿vais buscando también la conexión con los padres, buscando la conexión generacional además de que los niños lo pasen bien?

Es una cosa que surge sin pensarlo. Aunque un poco sí, en el fondo. A mí me gusta por ejemplo más ir al teatro infantil de calidad que al adulto, porque creo que hay mucha más libertad en el lenguaje y en la forma de contar algo. Es más chulo y difícil conectar con todas las generaciones. Emociona un montón, como por ejemplo en uno de los últimos espectáculos que vi de una compañía del norte, estar al lado de un niño de tres años, una señora de setenta años y yo, y emocionarnos los adultos. La idea es que se aun lugar donde nos encontremos las personas.

Además, es que nosotros nos lo pasamos bien también hablándole y haciéndole guiños a los padres y madres, pero también a los críos.

Es lo que yo denomino en la música el “efecto pixar” donde se conecta con el adulto y con el niño con mensajes diferentes dentro de un mismo “producto”. Hay una conexión musical para la generación de padres porque hay música y letras de calidad, y no es fácil conseguirlo sin caer en lo ridículo o perder la conexión con los niños.

A veces pensamos “madre mía, hoy se nos ha ido un poco demasiado a los padres…” (risas), pero nos gusta. Sobre todo a las madres, que son las top seguidoras nuestras de entre toda la familia. Nos ha pasado que nos digan que vienen a vernos otra vez, pero sin que se lo pida su hijo, si no al revés.

Este tipo de grupos infantiles también tienen unos canales de difusión particulares, porque los festivales ahora incorporan siempre un pequeño apartado en sesiones de día, pero hasta ahora habéis evolucionado mucho con el boca a boca. ¿cómo habéis sobrevivido?

Pues la verdad es que tenemos mucha suerte, porque nos llama gente que programa en festivales o teatros porque se lo ha recomendado su vecina o no se quién. Nos pasa mucho, y nos gusta, porque si se lo han dicho varias personas es como que el poder lo tiene la calle, el pueblo, que existe un camino diferente a las programaciones y que te buscan a ti.

 La diversión es incuestionable, pero también tenéis muchos mensajes muy comprometidos, respecto a igualdad de cualquier tipo (género, origen…), de libertad de pensamiento y sentimiento. Eso, a la hora de incluirlo en un contenido para niños, os somete a una responsabilidad muy grande. ¿sois conscientes que esos mensajes calan en los más pequeños?

Sí, y mira que a mí no me gusta ser nada pedagógica. Siempre pienso que hay que aprender mucho en casa y en cole, pero al final por esa necesidad de subirme a cantar y compartir con la gente cómo siento y vivo la vida, es inevitable decir cosas.

Cuando estoy trabajando con las canciones, y me surge esa necesidad, conecto con la niña que en su día estaba en la habitación preparando canciones en mi casa, con mis cinco hermanas, y pienso en lo que me hubiera gustado escuchar, o lo que pensaba yo en se momento en el sentido de sentirse libre para subirse al tejado o hacer lo que quisieras. Ahí hablamos las dos, esa niña y yo, de la mano.

Porque, haciendo referencia a tu canción No quiero ser princesa, hay muchos padres que no que no piensan como tu letra y piensan que sus hijas deben ser princesas y sus hijos Spiderman, aunque ellos no quieran. ¿Qué les decimos?

A lo mejor habría que intentar decirles a sus hijos que se rebelen y que lo sean o no lo sean, que sean lo que quieran. Ojalá que a esos padres les salgan hijos rebeldes de querer salirse de ese patrón

Que la revolución empiece desde dentro.

Exacto

¿Y qué de le decimos a una niña de 4 años (mi hija Paloma) que tiene miedo de aprender a nadar?

Paloma, hay veces que hay cosas que nos dan miedo, pero a lo mejor mola hacerlo poco a poco: meter un pie, luego otro… e ir probando. Y seguro que también con ayuda de mamá y papá no te va a pasar nada. ¡Con un padre y una madre qué te va a pasar! Y si pruebas y ves que no, pues te agarras, porque siempre va a haber alguien para agarrarte. Lánzate, pero poco a poco. Tú a tu marcha, aunque te digan tírate!, tú a tu marcha.

Estamos hablando de mensajes, y de repente… ¡¡boom!! Surge la canción del verano, en modo single, con expectación en las plataformas digitales, sacas tu trap super bailongo y super pegadizo. No te voy a preguntar qué te ha pasado, porque está claro que haces lo que te da la gana pero… hay algo que descartes en tu carrera?

Pues yo creo que me pasa un poco lo que comentábamos de los padres con los hijos que quieren ser princesa o no. Yo estuve en una familia en la que yo tenía mucha libertad, pero luego había un camino muy marcado. Ahí yo ya mamé el tema de sacar los pies del tiesto, de decir que por mis narices yo soy así, que no quiero ser princesa, que no quiero ser maestra…

Creo que hay veces que se vive mejor sin hacerlo, pero hay un juego con la gente de la banda desde hace tiempo diciendo que tenemos que hacer un reguetón. Y había una parte que decía que sí y otros que no, y se montó el reto de cachondeo al principio de hacerlo. E hicimos este tema, con la oportunidad de poder jugar luego cuando estemos en el escenario como si estuviéramos en nuestra habitación; es jugar a ser traperas, a hacer el videoclip, ¡que lo hemos pasado tan bien!

Yo me lo tomo como un juego todo el rato, y al haber abierto ese camino del trap, vienen como otros temas un poco más del barrio. El próximo trabajo va a ir más enfocado a ese mundo: el barrio, las abuelas que están en el banco. No solo de trap y reguetón, también vamos a sacar una sobre un cocodrilo que sale del Nilo a la ciudad, y se mete a trabajar en mil cosas, hasta que se da cuenta que lo que le gusta es volver al río. Yo la llamo canción anticapitalista.

Hablemos de la familia. Hablas permanentemente de ella y tienes a esa niña pequeña, tu “minipatri” muy presente siempre, como si la tuvieras al lado. Has dicho literalmente en alguna entrevista: “qué oficio tan maravilloso, el poder mirarte cuando tenías 6 años, guiñarte un ojo, y decirte algo así como: las preguntas son las mismas cuando te hacer mayor, disfruta del paseo”. Si pudieras sentar a esa minipatri al lado, ¿qué le dirías para prepararla para este mundo?

Pues efectivamente, que disfrute del camino y lo que tiene alrededor, y que sea quien quiere ser, y haga lo que dé la gana. Que nadie le diga lo que puede o no puede hacer.

Para mí la familia quizás sea la tierra en la que poner los pies. Esto me he dado cuenta con el paso los años. Y en esa tierra en la que he podido plantarme, me pusieron como semilla. Y he ido creciendo con esos árboles alrededor (familia) en esta tierra, y poder tener las ramas a merced del viento.

Esos árboles han sido esas personas tan importantes a las que mirar para pensar “igual el camino ha ido por aquí”. Igual a veces otras referencias te han confundido y has pensado que debería ir por otro trozo de cielo o de sol. Y cuando ya vas cogiendo una altura, con tus ramas y tus hojas, dices “oye, igual no era por aquí…”. Y esos árboles siguen allí, y te enseñan otros caminos por los que seguir creciendo.

Para ti fue muy importante tu abuela, haces también muchas referencias a consejos que te daba de pequeña.

Ahora que no está, mi abuela ha sido un libro con palabras a las que poder recurrir cuando no sé muy bien para dónde tirar. Cuando me pasa siempre pienso qué diría ella en ese momento, a esas palabras que oigo aunque ya no esté; o de las que me invento pensando en lo que ella me diría en este momento.

Ella es sabiduría, referente, fuerza, amor, trabajo… madre también. Yo dormía con ella en la misma habitación hasta que yo los 22 años, que me fui a estudiar fuera. Éramos cinco hermanas, y mis padres (maestros) trabajaban ambos, por lo que ejerció de madre y estuvo al mando del timón.

Fue todo un ejemplo para las mujeres de su época, porque era una mujer muy abierta de mente, con una inteligencia natural enorme que trajo de Andújar (Jaén).

Siempre recuerdo que ella nos enseñó a coser, y hago siempre muchas referencias al mundo de las costuras en esto de la vida. Y allí esta ella siempre diciéndome que hilvane antes de pasar a la máquina, porque me decía que primero hay que hilvanar, para deshacer si te has equivocado, Patri. Yo que soy un “bulle-bulle” de actividad interna y externa, me viene muy bien aprender a hilvanar, y que aparezca ella a la hora de dar cada paso, pero sabiendo que puedes volver atrás.

Es importante hablar de los abuelos y las improntas. Las personas que hablan de sus abuelos son guays.

Murcia. 1982. Fanático de la música y sus letras. Coleccionista de vinilos. Obsesionado con conocer cosas nuevas, tengo loco el algoritmo de Spotify. Intento ir a todos los directos que me permiten las normas y los peques, con los que comparto todo lo anterior. AlterEgo como escritor de poesía en IG en @tabule.fresquito

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *