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Mundo Vinilo

Bunbury – De un siglo anterior: introspección sin concesiones con américa latina en el corazón

Un Bunbury más contenido y reflexivo.
Menos impacto, más discurso. No es para todos.

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No hay single claro aquí. Ni siquiera parece que lo busque. De un siglo anterior, de Enrique Bunbury, es un disco que se repliega sobre sí mismo, más pendiente de la palabra que del impacto inmediato. Si esperas un gancho rápido, este álbum te expulsa. Si entras en su ritmo, te obliga a quedarte.

Bunbury vuelve a una narrativa más austera, menos barroca que en etapas anteriores. Aquí manda la canción, pero desde una lógica más contenida: arreglos sobrios, tempos medios, y una producción que evita el exceso para dejar espacio al texto.

Hay ecos de folk latinoamericano, algo de canción de autor clásica y ese dramatismo vocal que sigue siendo su seña de identidad. No es un disco de evolución radical, pero sí de ajuste: menos máscara, más discurso, mas dolor a flor de piel.


TRACK BY TRACK

Creer que se puede creer
→ Arranque introspectivo, casi programático. Bunbury plantea el tono del disco desde lo conceptual, más preocupado por el mensaje que por el gancho. Para quien no esté acostumbrado a este Bunbury puede ser que no termine de conectar con el resto de lo que viene después

Un Brindis al Sol
→ Tiene algo más de aire, pero se queda a medio camino. Funciona mejor en la intención que en el desarrollo real. Aque se demuestra que Bunbury está a vueltas de todo, hace lo que quiere, te guste o no.

La Voz
→ Aquí aparece una mayor tensión emocional. El Bolero, sigue siendo terreno donde Bunbury se siente más cómodo y consolida su sonido. La interpretación sostiene una canción que, a nivel estructural, es bastante sencilla, pero es directa.

La próxima vez no habrá próxima vez
→ Uno de los títulos más directos, pero no necesariamente una de las canciones más memorables. Falta ese punto de ruptura que la eleve.

De un siglo anterior
→ Núcleo conceptual del disco. Reflexiva, casi ensayística. Interesa más por lo que dice que por cómo suena. El Guiro nos lleva al Bunbury fronterizo, donde america latina brota por su voz.

Peor que como estamos (Es difícil ya que estemos)
→ Tema irregular. Tiene ideas, pero no termina de ordenarlas. Sensación de boceto más que de canción cerrada. Un tema de Cumbia, con mensaje claro y directo.

En el arcén
→ Uno de los cortes más logrados. Aquí sí hay equilibrio entre texto y música. Crece con las escuchas. El acordeón como motor de baile musical, un tango directo, doloroso y con sabor a esperanza.

Zamba para olvidar
→ Giro claro hacia lo latinoamericano. Funciona desde la reinterpretación y aporta variedad real al conjunto.

La cima
→ Vuelve la introspección, pero con menos impacto. Se diluye en el conjunto.

Un par de acordes, una mentira y la redención
→ Cierre coherente con el discurso del disco. No busca épica, sino reafirmar la idea central: menos artificio, más intención.


Este disco tiene más sentido en vinilo que en digital. No por espectacularidad sonora, sino por cómo te obliga a escucharlo: cara A, cara B, sin saltos.

No es un álbum para consumo rápido ni para playlists. Es para sentarte, leer créditos, mirar el artwork y aceptar su ritmo. Eso sí: no es una compra impulsiva. Funciona mejor para seguidores de Bunbury o coleccionistas que valoran su discurso más que sus hits.


ANÁLISIS CRÍTICO

Lo que funciona:

  • Coherencia conceptual clara
  • Interpretación vocal sólida
  • Intención artística sin concesiones
  • Sigue siendo Bubury en toda su esencia

Lo que falla:

  • Falta de momentos realmente memorables
  • Ritmo plano en varios tramos. ( en comparación con otros álbumes)
  • Falta adentrarse en terrenos de experimentación

De un siglo interior es un disco honesto, pero también exigente. Y no siempre compensa lo que pide.


CONCLUSIÓN

Bunbury firma aquí un álbum que prioriza el discurso sobre el impacto. No busca gustar, busca decir algo. Y eso tiene valor, pero también un coste.

¿Merece tu tocadiscos?
Para mi sí
Si conectas con su faceta más reflexiva, sí. Si buscas canciones que te persigan después, probablemente no. Pero creo que quien a dia de hoy sigue poneindo a Bunbury bajo el plato giratorio no busca hits, busca calor, amor y profundida de miras.

Bunbuy está a vuelta de todo, hasta de este disco.

Totana, 1984. Crecí entre cassetes de los Pecos y Fórmula V. Mis oídos se curtieron a base de Rap, Rock, Shoegaze o Metal, y me muevo sin problema del Indie a la copla o del Thrash a la clásica. Al final, no importa el género: lo que cuenta es que la canción merezca la pena. Formo parte del sello murciano La Semilla Mgmt, donde trabajo como consultor y social media, ayudando a grupos emergentes a crecer y a darle chispa a su comunicación digital. Mi otro yo se dedica al marketing y también escribe: publiqué dos novelas, La luna roja de Siberia y Omega, el ángel caótico. Soy fan declarado de la peor ciencia ficción, devoro pelis de serie Z y colecciono vinilos de forma compulsiva: de Nino Bravo a Marilyn Manson. Para mi madre, sigo siendo “un caso perdido”