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Aló Presidente: “La única obsesión es que el grupo suene sincero y honesto”
Aló Presidente analiza Gestión de Subsuelo, un debut atravesado por la inadaptación, la crudeza adulta, el ruido y la búsqueda de una identidad propia.
Aló Presidente analiza Gestión de Subsuelo, su primer larga duración: un trabajo grabado con Paco Loco que convierte la inadaptación, la incertidumbre y las contradicciones de la vida adulta en ruido, atmósferas y libertad compositiva.
Gestión de Subsuelo es vuestro primer larga duración y parece funcionar como un descenso a la parte menos luminosa de hacerse mayor. ¿En qué momento sentisteis que esa idea tenía suficiente peso como para sostener un disco completo?
La verdad es que, al empezar a componer, no se partió de una idea preconcebida, al menos en lo lírico. Las premisas eran más bien musicales. Pero es cierto que, cuando terminas un disco y tomas cierta perspectiva, te das cuenta de los puntos comunes entre canciones. A eso se suma que, ejem, hay que vender la moto, envolver lo que tienes entre manos y ponerle un lustroso lazo para que a la gente le entre por el ojo. La forma menos mala de aunar todo esto era decir -que no es mentira- que las canciones, más que una forma oscura de crecer, tienen en común los sufrimientos propios de toparte con ciertas realidades que no molan: relaciones, trabajo, inadaptación, amor, identidad, etc.
El álbum habla del paso del tiempo sin caer en la nostalgia amable ni en la moraleja. ¿Os interesaba precisamente mostrar esa incomodidad adulta de una forma más cruda y menos complaciente?
Desde luego, no era intención dar lecciones ni moralejas. Y lo de la nostalgia… Pues tampoco es nuestro rollo. La única obsesión es que el grupo suene sincero y honesto. Si ello conlleva crudeza y menos complacencia, genial. Queremos pensar que, aunque no hemos inventado nada, somos un grupo con una visión propia, tanto en letra como en música. Si hemos logrado sonar a nosotros (signifique eso lo que signifique), pues contentos todos. ¿O qué?
“La única obsesión es que el grupo suene sincero y honesto.”
En el texto que acompaña al disco aparece una imagen muy potente: aquello que antes nos hacía sentir invencibles ahora resuena de otra manera. ¿Cómo se traduce esa sensación en las letras y en el sonido del álbum?
Hay cierta vulnerabilidad. Las canciones parecen emanar del desfase que media entre lo que soñabas y lo que termina sucediendo. Y eso se traduce en cierta incomodidad, frustración e inadaptación. La premisa en lo musical era hacer bases muy sólidas y repetitivas para que las guitarras y los teclados pudieran ser más libres. Si el bajo y la batería son una toma a tierra, las guitarras y los teclados son pinceladas al vuelo. Esa es la inadaptación: pisamos el mismo suelo que el resto de los mortales, pero la cabeza se nos va por otros derroteros. Estamos pero no estamos.
Veníais de publicar dos EPs y varios singles, pero Gestión de Subsuelo parece un trabajo más compacto y conceptual. ¿Qué os permitió el formato álbum que quizá no habíais podido explorar antes?
Seguimos siendo oyentes de discos. Sería hipócrita decir que no escuchamos listas de reproducción o canciones sueltas. Pero tenemos una visión del disco como obra total y, como decíamos, aunque no había una idea previa, concebimos el nuestro como un ejercicio de libertad: hacer lo que nos diera la gana e intentar tocar todos los palos que supiéramos recrear. Nos aburren los discos con un mismo patrón de canción repetido diez veces. Abundan mucho.
“Nos aburren los discos con un mismo patrón de canción repetido diez veces. Abundan mucho.”
El disco oscila entre shoegaze eléctrico, punk abrasivo, crudeza electrónica, noise, dream pop y postpunk. ¿Cómo trabajáis esa mezcla para que las referencias no se impongan por encima de vuestra propia identidad?
Quizás mezclando referencias para que al final el origen se diluya. También pasa que somos más melómanos que buenos músicos. Resultado: intentando emular, por impericia, nos quedamos en el camino y la cosa acaba sonando a ¿nosotros?
Habéis grabado el disco con Paco Loco, con quien ya habíais trabajado anteriormente. ¿Qué papel ha tenido en la consolidación de este sonido más crudo, expansivo y por momentos opresivo?
Pues muy importante. Al escuchar las maquetas previas, no se percibe tanta unidad sónica; en parte porque el proceso de preparación fue frenético, concentrado en apenas dos o tres meses, y la visión externa la teníamos un tanto empañada. Las canciones se grabaron con los mismos arreglos y la misma estructura que concebimos, pero creemos que Paco nos ayudó a darle una pátina más atmosférica, que acaba siendo uno de los elementos comunes del disco.
“El cielo aprieta” abre el disco desde una sensación cercana al ataque de pánico. ¿Era importante empezar el álbum desde ese lugar de tensión y desasosiego?
Sí. También nos molaba la idea de empezar de tranquis y romper a partir de la segunda canción. Es algo que también solemos hacer en los conciertos. Parece que al empezar con una canción más pausada (al menos en los primeros segundos), atraes mejor la atención. Y en cuanto a la temática, daba también la sensación de que, al ser quizás la canción más pesimista, permitía que la tendencia en adelante fuera hacia arriba. No sabemos tampoco si es la más pesimista, pero sí la más oscura, que era una de las consignas del disco.
En canciones como “Caraguapa” parece que lo anecdótico termina convirtiéndose en tragedia. ¿Os interesa partir de escenas cotidianas para llevarlas hacia algo más extraño, incómodo o surrealista?
No sé si en tragedia, pero desde luego en algo más grande. Nuestra forma de escribir tiende a eso: algo cotidiano que sirve de pretexto para hablar de cosas más profundas. Es como si detrás de lo que el ojo da por hecho hubiera una oportunidad para lo extraordinario. La portada va de eso, en parte. “Caraguapa”, concretamente, es la historia de un chaval al que se le hace todo demasiado grande y decide pirarse a una montaña. No hay elementos raros ni palabras grandilocuentes, pero lo anecdótico termina convirtiéndose en algo dramáticamente desproporcionado. La verdad es que es trágico, sí.
“Es como si detrás de lo que el ojo da por hecho hubiera una oportunidad para lo extraordinario.”
“El lado equivocado” plantea una especie de reafirmación desde el margen, desde el estar fuera de lugar. ¿Sentís que esa posición de inadaptación define también la manera en la que Aló Presidente entiende la música?
Más que entender, es como lo sentimos. Si sonamos a eso no es tanto por elección propia como por brote natural. Lo único intencional era no conformarnos con los patrones clásicos de cada género. Los arreglos de esa canción, concretamente, son algo disonantes y, por tanto, incómodos. En medio, los teclados juegan a hacer una pequeña sinfonía que no pega ni con cola con el resto de la canción. Acaba sonando sarcástico, como lo que dice la letra en ese momento.
“Fiesta de Halloween” juega con la idea de las máscaras, la exposición y el vértigo de mostrarse ante alguien. ¿Qué os atraía de ese imaginario para hablar de vínculos, deseo o fragilidad?
Somos gente tímida. Otra vez, utilizamos algo cotidiano como una fiesta de Halloween, donde se conocen dos personas, para hablar de algo más: la dificultad de expresar sentimientos, la inadaptación en un ambiente social donde se espera extroversión y en la que se es incapaz de la misma. Es una canción de amor, en la que al mismo tiempo se utiliza ese amor para hablar de uno mismo en términos que no tienen nada que ver con el amor. Toma ya.
La portada de Gestión de Subsuelo tiene una identidad visual muy marcada. ¿Dónde se hizo esa imagen y qué buscabais transmitir con ella desde el primer impacto?
A falta de un mes, no teníamos portada y sí mucho agobio. La idea original era que la portada fuera la típica máquina de bolas que hay en cada santo bar de España. Salí un sábado por la mañana con el pleno convencimiento de que encontraría una fácilmente, pero no, craso error: estuve dos horas dando vueltas por El Carmen y El Infante, y ni rastro de maquinitas. Casualmente, casi a la altura de la estación de El Carmen, me topé con lo que aparece en la portada: un globo con forma de flor, como el que suelen hacer los payasos en comuniones o cumpleaños, encajado en un pivote en la puerta de un garaje. Ya sabíamos que el disco se iba a llamar Gestión de subsuelo, y quise ver una señal del universo. El disco, en parte, va sobre la dificilísima labor de gestionar una banda pequeña a la que le cuesta horrores asomar la cabeza incluso en un mundo con tan poca altura como el underground. Es una de las realidades contra las que se topa el narrador. Y, al mismo tiempo, va sobre lo difícil que es adaptarte a esas realidades adultas. Nuestra manera de sobrellevarlo es hacer música, es decir, seguir interpretando la realidad en términos de juego incluso en los actos más aburridos y adultos de la vida cotidiana: meter el coche en el garaje después de un día de mierda. Hay un intento último de mantener las constantes vitales del niño que, dicen por ahí, todos llevamos dentro. Eso es la flor de plástico.

Nos ha llegado que la portada, en un primer momento, iba a ser a color y finalmente terminó en blanco y negro. ¿Qué pasó en ese proceso y por qué acabó imponiéndose esa estética más cruda?
La portada se subió en crudo, en color, a Spotify. Nos pareció más fea e incómoda de lo que planeamos, y nunca nos satisfizo. Al sacarlo en vinilo, tuvimos la oportunidad de rectificarla y ofrecer algo nuevo de un disco que había salido casi hacía un año.
En un disco que habla tanto del paso del tiempo, la incomodidad y el lado menos luminoso de hacerse mayor, ¿sentíais que el blanco y negro ayudaba a reforzar esa sensación de descenso o de “subsuelo”?
Después de la salida del disco, la mitad de los integrantes dejó el grupo. El espíritu se nos agrió un poco por el palo, y pasamos casi un año enlutados. Tiene más que ver con lo que pasó después que con el propio disco. Afortunadamente, parece que poco a poco salimos del aturdimiento y estamos retomando tímidamente la actividad. Aparece algo de color entre tanto blanco y negro.
Antes de ser Aló Presidente arrancasteis como Viva Honduras, hasta que decidisteis cambiar de piel. Mirando ahora el recorrido, ¿qué supuso aquella metamorfosis para encontrar vuestra verdadera personalidad como banda?
Personalmente, a mí el nombre de Viva Honduras me gustaba más que el de Aló Presidente, pero por razones obvias el cambio se hizo imperioso. Imagino que, si trajo reafirmación, tuvo que ver más con la evolución natural que experimenta cualquier grupo que insiste en seguir tocando que con el cambio de nombre. Creo que la personalidad se nos consolidó con el segundo EP, Sucede porrazo. Fue cuando empezamos a componer de otra manera, a saber cuál era nuestro ¿filón? lírico y cuando empezamos a grabar con Paco Loco.
En el fondo, Gestión de Subsuelo parece decir que crecer es aprender a convivir con la incertidumbre. Después de haber hecho este disco, ¿sentís que habéis encontrado alguna respuesta o simplemente habéis aprendido a hacer ruido con las preguntas?
Tengo la misma sensación. “Yo no soy tonto”, la canción que cierra el disco, viene a plantear esa incertidumbre identitaria: no sé lo que soy, pero al menos sí lo que no soy. Y estoy contento con ello. Viene también a decir que las definiciones de uno mismo, a veces, no son una categoría cerrada y que las disyuntivas se pueden destruir abrazando, y no excluyendo, todas las posibilidades que ofrecen, al contrario de lo que se proyecta desde medios, redes y poderes. Las cosas no son o negro o blanco. A veces son negro y también blanco a la vez. Pero claro, hay que echarle imaginación. Hay que ser un poco niño. Y como niños, efectivamente, seguimos teniendo demasiadas preguntas y ninguna respuesta.
