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ZIRO: “Queremos seguir haciendo música de la que nos sintamos orgullosos”
ZIRO repasa la evolución de su indie rock de raíces mediterráneas, la experiencia acumulada tras más de doscientos conciertos y la identidad alcanzada durante la creación de su segundo disco, previsto para octubre.
ZIRO nació en 2021 a partir de dos amigos, unas guitarras muy altas y la necesidad de canalizar toda aquella energía acumulada. ¿Qué queda de esa primera versión del grupo y cuánto ha cambiado vuestra manera de entender el proyecto?
Queda la ilusión con la que empezamos y, sobre todo, la amistad. Eso sigue siendo el motor de ZIRO. Pero es verdad que desde 2021 hemos evolucionado muchísimo. Con el paso del tiempo hemos aprendido cómo funciona todo este mundo, hemos crecido como compositores, hemos encontrado un sonido mucho más definido y, sobre todo, tenemos mucho más claro qué queremos transmitir con nuestras canciones y hacia dónde queremos llevar el proyecto. Además, la experiencia de estos años nos ha permitido rodearnos de un equipo de personas que creen en ZIRO tanto como nosotros. Gracias a ellos el proyecto ha dejado de ser solo el sueño de dos amigos para convertirse en algo mucho más grande, sin perder la esencia con la que nació.
“Queda la ilusión con la que empezamos y, sobre todo, la amistad. Eso sigue siendo el motor de ZIRO.”
Actualmente sois seis integrantes y habéis ido ampliando tanto la formación como el sonido. ¿Cómo ha influido ese crecimiento en vuestra forma de componer y tomar decisiones dentro de la banda?
En ZIRO entendemos la banda como un equipo de verdad. Todos somos igual de importantes y todos participamos, de una forma u otra, tanto en las composiciones como en las decisiones que afectan al proyecto. Confiamos mucho los unos en los otros y creemos que esa confianza es una de nuestras mayores fortalezas. El crecimiento de la formación también ha hecho crecer nuestro sonido. La incorporación de elementos como el saxo o la flauta travesera nos ha permitido construir una identidad muy reconocible y diferente, sin perder la esencia del grupo. Cada integrante aporta su personalidad, sus influencias y su manera de entender la música, y precisamente esa mezcla es lo que es ZIRO.
Os definís como una propuesta de indie rock con raíces mediterráneas. ¿Dónde aparecen esas raíces en vuestra música y qué significan para vosotros más allá de una etiqueta estilística?
Al ser una banda formada por seis personas, las influencias musicales son muy variadas. Cada uno llega con una mochila diferente y eso hace que la propuesta artística de ZIRO sea mucho más rica. Escuchamos música muy distinta: desde el rock, el pop o el indie hasta la canción de autor, la música más clásica o incluso algunos sonidos con raíces folclóricas. Todo eso acaba encontrando su espacio de una forma muy natural cuando nos ponemos a crear. Cuando hablamos de raíces mediterráneas no pensamos tanto en una etiqueta como en una forma de sentir la música. Hay una manera de entender las melodías, la cercanía, la emoción y la luz que creemos que está muy presente en nuestras canciones. No buscamos encajar en un estilo concreto, sino hacer música que nos represente de verdad. Al final, lo que une todas esas influencias es que para nosotros la música ocupa un lugar fundamental. Es una parte esencial de nuestras vidas y vivimos este proyecto con una dedicación absoluta. Queremos que esa honestidad acabe reflejándose en las canciones.
“No buscamos encajar en un estilo concreto, sino hacer música que nos represente de verdad.”
La flauta travesera se ha convertido en uno de los elementos más reconocibles de vuestro sonido. ¿Cómo surgió su incorporación y qué posibilidades expresivas os ha permitido explorar?
La incorporación de la flauta travesera llegó de la mano de Marina. Desde el primer momento vimos que podía aportar algo diferente al sonido de ZIRO. Ella es una músico con muchísimos recursos, multinstrumentista y con una gran sensibilidad, así que enseguida empezamos a buscar la forma de integrar la flauta de manera natural en nuestras canciones. Con el tiempo encontramos su espacio y nos dimos cuenta de que no era un simple adorno, sino un elemento con identidad propia dentro de la banda. No es habitual encontrar una flauta travesera en un grupo de rock o de indie, y precisamente eso nos ha permitido construir un sonido más reconocible y personal. Hoy en día forma parte de nuestra identidad.
En vuestra historia habláis de encontrar referencias para después destruirlas y construir algo propio. ¿En qué momento sentisteis que ZIRO había dejado de buscar una identidad para empezar a reconocerla?
Creemos que ese momento está llegando precisamente ahora. El primer disco fue nuestro álbum de presentación. Un trabajo hecho con toda la ilusión del mundo, pero también con muchos menos recursos y experiencia de la que tenemos hoy. Fue una etapa de aprendizaje en la que descubrimos quiénes éramos como banda. Sin embargo, ha sido durante la composición y la grabación de nuestro segundo trabajo cuando hemos sentido que esa identidad empezaba a consolidarse de verdad. Las canciones que hemos publicado en este último año y medio ya reflejan mucho mejor el sonido que buscábamos, la manera en la que entendemos la música y aquello que queremos transmitir. También nos ha ayudado trabajar con grandes profesionales, como lo son Diego García y Sergio Sancho, productores e ingenieros de sonido de nuestro segundo disco. Hemos podido aprender mucho de ellos y evolucionar como banda.
“Luna” habla de aferrarse a alguien cuando todo alrededor parece romperse. ¿De qué emoción concreta nace la canción y qué lugar ocupa dentro del momento actual de la banda?
«Luna» nace de una idea muy sencilla, pero creemos que hoy tiene más valor que nunca. Vivimos en una sociedad en la que todo sucede muy deprisa, donde parece que todo es sustituible y muchas veces pensamos que lo mejor siempre es aquello que aún no tenemos. La canción habla justo de lo contrario. Es un canto a quedarse, a persistir y a luchar por las personas que quieres cuando merece la pena hacerlo. Habla de encontrar un refugio en alguien cuando todo alrededor parece romperse y de entender que las relaciones, igual que cualquier cosa importante en la vida, necesitan compromiso, paciencia y cuidado. A veces no es el camino más fácil, pero creemos que es el que más sentido tiene. Dentro del momento que vive la banda, «Luna» ocupa un lugar muy especial porque refleja también nuestra manera de entender las cosas. Más allá de la música, habla de unos valores con los que nos sentimos muy identificados: la constancia, la lealtad y la importancia de cuidar aquello que realmente merece la pena.
“Es un canto a quedarse, a persistir y a luchar por las personas que quieres cuando merece la pena hacerlo.”
Canciones como “Adiós, cariño”, “Precipicio”, “El Festival” y “Luna” parecen recorrer estados muy diferentes: despedida, vértigo, euforia y resistencia emocional. ¿Existe algún hilo común entre estos lanzamientos?
Sí, aunque a primera vista hablen de emociones diferentes, todas comparten el mismo punto de partida: la honestidad. Son canciones que nacen de situaciones y sentimientos que cualquiera puede vivir en algún momento de su vida. No pretendemos dar respuestas, sino poner música a emociones que muchas veces cuesta expresar con palabras. Nuestro deseo es que quien las escuche pueda encontrar en ellas un refugio, sentirse identificado o simplemente acompañarse de ellas en un momento concreto de su vida. Si una canción consigue que alguien piense «esto también me ha pasado a mí», sentimos que ya ha cumplido parte de su propósito. Además, todas forman parte de un mismo camino. Llevamos alrededor de un año y medio construyendo este segundo disco y, durante ese tiempo, nosotros también hemos vivido momentos muy distintos a nivel personal y emocional. Es inevitable que todo eso acabe reflejándose en las letras. Al final, el álbum es una fotografía de ese viaje, con sus despedidas, sus dudas, sus celebraciones y su esperanza.
Vuestras letras suelen combinar emociones directas con canciones pensadas para crecer en el escenario. ¿Qué aparece primero durante la composición: la historia que queréis contar o la energía que imagináis en directo?
Para nosotros el directo es una parte fundamental de la identidad de ZIRO. Hoy en día cualquiera puede grabar una canción en casa gracias a las herramientas que existen, pero creemos que la verdadera diferencia entre una banda y otra se ve cuando se sube al escenario. Por eso, desde el primer momento en que empezamos a componer algo nuevo, ya estamos imaginando cómo va a respirar esa canción en un concierto, cómo va a conectar con la gente y qué sensaciones queremos provocar en directo. Dicho esto, nunca descuidamos el mensaje. Al final, lo más importante de una banda siguen siendo las canciones y lo que son capaces de transmitir. Intentamos encontrar un equilibrio entre ambas cosas.
Habéis superado las doscientas actuaciones, una cifra que implica muchas horas de carretera, salas y aprendizaje colectivo. ¿Qué os ha enseñado el directo que nunca habríais podido descubrir dentro del local de ensayo?
El directo nos ha enseñado muchísimo, probablemente más que cualquier ensayo. Como dices, han sido más de doscientos conciertos, muchos kilómetros de carretera y un aprendizaje constante. Después de tantos escenarios, podemos decir que casi todo lo que podía pasar en un concierto nos ha pasado alguna vez. Y eso, aunque en el momento pueda ser complicado, acaba convirtiéndose en experiencia y en una confianza que no se puede adquirir de otra manera. Un concierto siempre es una situación exigente. Hay que tomar decisiones en segundos, adaptarse a lo que ocurre y mantener la conexión con el público pase lo que pase. Todo eso nos ha hecho crecer como músicos y como equipo. Además, el directo nos ha permitido entender mejor qué funciona y qué no. Hemos ido puliendo nuestro sonido, el ritmo del concierto, los arreglos, la forma de comunicarnos con la gente y la puesta en escena. Cada actuación nos ha dejado algún aprendizaje y, gracias a esa evolución constante, hoy sentimos que somos una banda mucho más sólida y preparada para afrontar cualquier reto.
En vuestras fotografías se percibe una relación muy cercana y física con el público. ¿Qué necesitáis que ocurra durante un concierto para sentir que realmente ha existido una conexión?
Para nosotros la conexión aparece cuando deja de existir esa barrera entre el escenario y el público. Da igual cuánto público nos esté viendo. Lo importante es sentir que durante ese rato todos estamos viviendo lo mismo. Hay conciertos en los que la gente canta todas las canciones y otros en los que apenas nos conocen, pero aun así notas que están completamente dentro de lo que está pasando. Nos encanta cuando el público responde, canta o baila, pero también cuando hay un silencio absoluto en una canción más íntima. Al final, conectar es conseguir que alguien sienta algo gracias a la música. Si durante ese rato conseguimos que la gente se olvide de sus problemas, disfrute y salga del concierto un poco más feliz de lo que entró, sentimos que hemos cumplido nuestro objetivo.
“Al final, conectar es conseguir que alguien sienta algo gracias a la música.”
Habéis defendido que la música es una carrera de fondo y que no pensáis rendiros. ¿Cuál ha sido el momento más difícil del camino y qué os ha permitido continuar cuando el proyecto parecía más complicado?
La música es una carrera de fondo y, además, muy inestable. Después de tantos años y de más de doscientos conciertos hemos vivido momentos de todo tipo. Hay épocas en las que todo parece avanzar, los conciertos salen bien y las canciones conectan con la gente. Pero también hay otras en las que aparecen las dudas, el cansancio o la sensación de que el esfuerzo no siempre se ve recompensado. No creemos que haya habido un único momento especialmente difícil, sino muchos pequeños momentos en los que te preguntas si merece la pena seguir. Y la respuesta siempre ha sido la misma: sí. Porque disfrutamos haciendo música y porque creemos en este proyecto. Si hemos llegado hasta aquí es, sobre todo, porque somos una banda en el sentido más amplio de la palabra. Somos amigos, nos cuidamos, nos apoyamos cuando alguno flaquea y entendemos que hay momentos en los que unos tiran de otros. Además, hemos tenido la suerte de rodearnos de un equipo que cree en ZIRO tanto como nosotros. Esa confianza compartida es la que nos ha permitido seguir adelante y afrontar cada nuevo reto con la misma ilusión que al principio.
Después del recorrido acumulado y del crecimiento que habéis experimentado, ¿qué ambición artística guía ahora a ZIRO y hacia qué lugar queréis llevar vuestro sonido durante esta nueva etapa?
Ahora mismo toda nuestra energía está puesta en terminar el segundo disco. Es un trabajo en el que llevamos mucho tiempo inmersos y que, si todo va según lo previsto, verá la luz en octubre. Tenemos muchísimas ganas de compartirlo porque sentimos que representa un paso muy importante en la evolución de ZIRO. Después llegará lo que más nos gusta: salir a la carretera, presentarlo en directo y llevar estas canciones al mayor número de sitios posible. A nivel artístico, creemos que por fin hemos encontrado un sonido con el que nos sentimos plenamente identificados. Es un sonido potente, reconocible y con mucha personalidad, pero eso no significa que hayamos dejado de evolucionar. Al contrario, nos gusta pensar que seguimos aprendiendo en cada ensayo, en cada concierto y en cada canción que componemos. Nuestra mayor ambición no es parecernos a nadie ni perseguir una tendencia concreta. Queremos seguir haciendo música de la que nos sintamos orgullosos, construir una identidad cada vez más sólida y conseguir que cada disco y cada concierto sean mejores que el anterior. Si somos capaces de emocionar a más gente sin perder nuestra esencia, sentiremos que vamos por el buen camino.
“Queremos seguir haciendo música de la que nos sintamos orgullosos, construir una identidad cada vez más sólida y conseguir que cada disco y cada concierto sean mejores que el anterior.”

