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GUILLE GALVÁN: “Necesitaba parar y conectarme con la música desde otro lugar”
Guille Galván presenta Nadie con ese nombre vive aquí, un disco íntimo y desnudo donde explora duelo, memoria y canciones como refugio.
Guille Galván presenta Nadie con ese nombre vive aquí, su primer disco en solitario tras más de dos décadas en Vetusta Morla: un trabajo desnudo, íntimo y marcado por el duelo, la memoria y la búsqueda de una nueva forma de cantar.
Nadie con ese nombre vive aquí supone tu primer disco en solitario después de más de dos décadas dentro de Vetusta Morla. ¿Qué necesidad artística había detrás de este paso?
Llevaba más de veinte años componiendo para la banda y girandomucho, tocando en sitios muy grandes, tenía la necesidad de parar ysepararme de todo eso. Conectarme con la música y las cancionesdesde otro lugar. De esa voluntad fueron naciendo estos temas,
desnudos y directos. Surgen también de una época complicada; unduelo, despedida. Así que las canciones fueron naciendo yacompañándome casi de una misma manera. Me han ayudado recorrermi camino de duelo y despedida pero también se han convertido en un
alumbramiento, una celebración de los que están cerca.
“Tenía la necesidad de parar y separarme de todo eso.”
El álbum nace desde la idea de las canciones como refugio y como un “bis a bis” con quien escucha. ¿Qué buscabas encontrar en esa cercanía que quizá no habías explorado hasta ahora?
Una nueva forma de relacionarme con la música y con la forma en la que la hago y comparto, yendo a lo más sencillo, a la unidad mínima que sustente la canción. Ese reto, esa limitación formaría también la identidad del disco y su personalidad.
Muchas de las canciones parten de una habitación, una guitarra y tu propia voz, algo muy desnudo para alguien acostumbrado a dinámicas de banda. ¿Cómo fue enfrentarte a ese nivel de exposición?
Quería grabar a la vez la guitarra y la voz, no dejar las tomas vocales para el final como se suele hacer en la mayoría de los discos, precisamente para encontrar una manera de cantar creíble pensando en la canción y su pulso y no estar pendiente solamente de la voz. Me pasé meses haciendo el repertorio casi a diario hasta tenerlo interiorizado. Es difícil cuando no has hecho concretos previos saber a quién le cantas. Así que Héctor se convirtió en mi aforo completo una vez se incorporó. Le cantaba como si fuera la sala del bolo. Una vez dominado, le dimos al REC
Has comentado que necesitabas volver al origen para encontrar tu manera de cantar. ¿Sientes que este disco también ha servido para redescubrirte como intérprete?
Para descubrirme diria yo, si. Por eso quise hacerlo desde la guitarra y la voz, no hacer las tomas con las canciones ya grabadas y con una musculatura que quizás no necesitasen. Quería que el músculo de cada canción lo marcase la forma en la que había sido cantada.
“Quería que el músculo de cada canción lo marcase la forma en la que había sido cantada.”
Aunque el punto de partida es íntimo, las canciones han ido creciendo junto a músicos y productores muy diversos. ¿Cómo consigues mantener esa honestidad inicial cuando las composiciones empiezan a expandirse?
A todos les expliqué el punto de partida del disco y lo que buscaba. Les pedí ciertas restricciones. Lo instrumental tenía que ser un vehículo para la voz, la letra y la melodía. Me imaginaba que el disco era alguien en medio de una habitación sentado con una acústica, contándote cosas de tú a tú. Eso ya estaba, era el núcleo central. Ahora había que hacer la dirección de arte de ese cuarto. No para que se llenara de músicos, sino para elegir qué muebles tenía, de qué color era el papel de la pared, las alfombras, si había un sofá o una lámpara de suelo…. Recuerdo el mensaje de Campi ante los límites que les planteaba. “A veces un no es la mejor de las linternas”.
El disco reúne nombres como Campi Campón, David Soler, Marcel Bagés, Pablo Martín Jones o Carlos Raya. ¿Qué ha aportado cada uno de ellos al universo sonoro del álbum?
El disco lo grabé y produje con Héctor, haciendo tomas de guitarra y voz al mismo tiempo. Esa era la premisa inicial y, aunque suponía ciertas limitaciones, tenía la sensación de que eran líneas que marcarían la personalidad de lo que estaba haciendo. A cada uno le proponía una o varias canciones y les pedía cosas concretas, casi como un juego. Ha sido un proceso muy bonito y emocionante porque nunca había trabajado así antes. Compi tiene un sentido orgánico de la canción y del ritmo que me parece muy especial y respetuoso. Con él trabajé Los motivos, Desenladrillando el cielo y Justo en el medio. Hablábamos de pulso y no necesariamente de ritmo proveniente de una batería o caja de ritmos. David y Marcel han hecho No me dejes quieto y Pulso y belleza, probablemente las canciones con más juego experimental. El pasaje final de pulso y belleza me parece maravilloso y muy original para cómo se suelen concebir las cuerdas en el pop. Pablo Martin Jones le ha dado forma a Huellas en el aire, con unas percus y bajos muy juguetones que creo, le vienen muy vienen muy bien al disco. El resto las he rematado yo, en coordinación con Raya que fue quien mezcló el disco entero.
Hay títulos dentro del tracklist como “Hay un coche ardiendo”, “Túnel de la M-30” o “Desenladrillando el cielo” que sugieren imágenes muy cinematográficas. ¿Cómo dialoga tu faceta vinculada al cine con tu forma de escribir canciones?
Supongo que suelo escribir pensando en lugares en donde ocurren cosas, como si fuera un arquitecto que plantea un escenario, situaciones en una escena y dejo que los elementos se relacionen entre ellos. Me gusta imaginar que las canciones son un fragmento de algo mayor, una escena dentro de una película, y que como oyentes, terminamos de imaginar la extensión de lo que pasa.
A lo largo de tu trayectoria también has trabajado poesía y bandas sonoras. ¿Qué elementos de esos lenguajes se han colado en Nadie con ese nombre vive aquí?
Supongo que todos, probablemente haya sido la obra más completa que he hecho nunca porque en ella, pese a las limitaciones y la necesidad de simpleza, he condensado todo lo que llevaba atrás.
“Probablemente haya sido la obra más completa que he hecho nunca.”
El disco transmite una sensación de vulnerabilidad muy consciente, casi como si las canciones estuvieran hechas para acompañar silencios. ¿Crees que hoy cuesta más hacer música desde ese lugar pausado e íntimo?
Supongo que con tanto ruido alrededor un disco así es algo atípico. El silencio da miedo pero sin él no podeos llegar a escucharnos realmente. Necesitaba encontrar la verdad detrás de cada canción y para eso necesitaba que no hubiera más cosas que las esenciales.
Después de tantos años siendo uno de los principales compositores de Vetusta Morla, ¿qué cambia cuando las canciones llevan únicamente tu nombre al frente?
Supongo que no hay nadie al que echarle la culpa de nada,jeje. Todas las decisiones recaen sobre uno, para bien o para mal. Bromas a parte, creo que el cambio más importante reside en mover el rol de compositor a intérprete también. Llevo más de dos décadas haciendo canciones pero era la primera vez que me ponía delante de un micro a pecho descubierto. Era como empezar de cero
“Era la primera vez que me ponía delante de un micro a pecho descubierto.”
El título del disco, Nadie con ese nombre vive aquí, tiene algo misterioso y melancólico. ¿Qué significa para ti y cómo conecta con el fondo emocional del álbum?
Nadie con ese nombre vive aquí es una frase sacada de la canción My father´s house de Nebraska de Bruce Springsteen. Un hombre, tras despertar de un sueño, vuelve a la casa en la que se crió y una mujer, a través de la cerradura le dice que lo siente, pero que ya nadie con ese nombre vive allí. Me gustaba esa idea de atravesar los lugares y a las personas importantes de nuestra vida, un trozo queda en nosotros como parte de nuestro tejido, otra desaparece y muta, aunque los lugares sigan en pie. Nebraska ha sido un disco de referencia para mi desde el adolescencia. Y en mi contexto personal, tras la pérdida de mi padre, la canción y la frase adquirió un sentido aun mayor.
Ahora que este proyecto ya empieza a caminar por sí solo, ¿qué te gustaría que descubriera el público de Guille Galván que quizá todavía no conocía?
Nunca he tenido la necesidad de que se conozca nada de mi como persona, si de mi obra, a medida que voy necesitando hacerla. De momento, voy mostrando esos vértices de mis lados artísticos: la música que hago con vetusta, los poemarios, las bandas sonoras… y ahora, este disco en solitario.
