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Recomendaciones musicales semana 51(2025)

Te presentamos a un grupo sobresaliente de artistas que esta semana ha cautivado tanto a la crítica como al público. Con estilos propios, propuestas innovadoras y una energía contagiosa, cada uno de ellos promete hacerte vibrar con su talento.

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The Catalyst: medir el tiempo, escuchar el pulso

Con “21 Grams”, The Catalyst abre una nueva etapa creativa mirando de frente una pregunta tan simple como incómoda: qué hacemos con el tiempo que nos toca. El single inaugura el camino hacia su próximo álbum y lo hace desde un rock alternativo en inglés que suena más sólido y reflexivo que en entregas anteriores, sin perder la sensibilidad melódica que siempre ha definido a la banda.

La canción toma como punto de partida la teoría del “peso del alma” para construir una narración íntima, dirigida a alguien esencial. No hay grandilocuencia, sino una conversación honesta sobre la fragilidad del tiempo, la necesidad de equilibrio emocional y el deseo de vivir con una perspectiva más clara y auténtica. Musicalmente, el tema avanza con dinamismo y fuerza, apoyado en una estructura que respira madurez y una identidad cada vez más definida.

Hay canciones que no miden el tiempo en minutos, sino en decisiones: las que tomas cuando entiendes que nada vuelve a empezar del todo.

“21 Grams” funciona como un punto de inflexión: deja atrás ciertos matices más cercanos al pop rock o a lo acústico para adentrarse en un terreno más profundo, donde cada acorde parece sostener una reflexión. Es un tema que no busca respuestas inmediatas, sino detenerse un momento y escuchar lo que normalmente pasa de largo.

Con este single, The Catalyst plantea un inicio prometedor para un disco que parece dispuesto a mirar hacia dentro sin miedo.


Santa Ana: experimentar para encontrar la propia voz

Santa Ana nace en Cabra, Córdoba, en una casa donde los libros, las películas y los discos eran parte del paisaje cotidiano. Ese entorno creativo marcó una forma natural de entender la música como juego y exploración. A los siete años llegó la guitarra, después el conservatorio y, más adelante, un aprendizaje autodidacta que desembocaría en sus primeras composiciones a los veinte.

En 2022 se traslada a Madrid para profundizar en la composición y la producción musical, un paso que coincide con la consolidación de un proyecto personal que no deja de poner a prueba sus propios límites. Santa Ana se mueve con soltura entre el rock, los sonidos sintéticos y unas armonías que remiten de forma constante a la cadencia andaluza, no como adorno, sino como raíz emocional.

“Atentamente, ÉL”, tercer adelanto de un álbum previsto para 2026, forma parte de ese proceso de búsqueda consciente: canciones que no se conforman con un solo lenguaje y que entienden la experimentación como una forma de honestidad.

En la música de Santa Ana, probar caminos nuevos no es una huida, sino una manera de volver a casa con más preguntas que certezas.

Su propuesta crece desde la curiosidad y la intuición, construyendo un espacio propio donde tradición y riesgo conviven sin pedir permiso.


The Franklin Cassettes: ambición, brillo y Rock para escenarios grandes

The Franklin Cassettes nacen en Nashville como un proyecto pensado para mirar lejos. Formada por músicos con trayectorias consolidadas en el pop, el rock y el indie, la banda se mueve con naturalidad entre la épica del arena rock y una sensibilidad cinematográfica diseñada para resonar tanto en grandes escenarios como en imágenes en movimiento. Su nuevo single, Why Not My Name, condensa esa ambición sin rodeos: adrenalina, pulsión ascendente y una energía que parece hecha para perseguir algo que todavía está por venir.

La canción construye su tensión a base de voces en estéreo que crecen poco a poco hasta estallar en estribillos amplios, guitarras rugientes y una batería que empuja sin descanso. Hay un punto de glam, de dramatismo clásico, pero también una claridad muy actual en la forma de entender el rock como impulso y deseo. No es casual que el proyecto reúna a figuras como Kellie Besch, Trevor Terndrup o Kit Nolan: aquí la experiencia se pone al servicio de canciones directas, pensadas para dejar huella inmediata.

Hay momentos en los que el rock no necesita reinventarse, solo recordar por qué alguna vez nos hizo querer correr más rápido.

Con Why Not My Name, disponible en diciembre de 2025, The Franklin Cassettes firman un tema que captura la emoción de aspirar a algo más grande, aunque no sepas todavía exactamente qué forma tendrá.


Sir Glass: volver al ruido después del silencio

Suburban Skies marca el regreso de Sir Glass tras una década de silencio. El proyecto, formado por Giuliano Quagliato y Mauricy, retoma el hilo donde lo dejó en 2013 con Long Road, recuperando ese impulso primario del rock de los noventa: guitarras grandes, estribillos abiertos y una actitud que no pide disculpas. No se trata de nostalgia vacía, sino de volver a un lenguaje que sigue teniendo algo que decir cuando se interpreta con convicción.

El álbum comenzó a gestarse hace años, pero la vida —mudanzas, pausas, distancias— obligó a dejarlo en suspenso. En 2024, Sir Glass retomó el proyecto desde ambos lados del Atlántico, combinando grabaciones a distancia y sesiones presenciales hasta dar forma a un disco que suena clásico y actual al mismo tiempo. Hay ecos de Oasis, Foo Fighters, The Beatles o Queen, pero filtrados por una producción moderna que evita el simple homenaje.

A veces el rock no vuelve para mirar atrás, sino para recordarnos por qué nunca se fue del todo.

Suburban Skies es ese reencuentro con el ruido después del silencio, un disco que entiende el pasado como punto de partida y no como destino.


DIVA: melodías guardadas, canciones que por fin respiran

DIVA nace en Lieja en 2024, pero su historia empieza mucho antes, en un dormitorio donde las guitarras de Simon fueron tomando forma en silencio durante años. Aquellas canciones, guardadas y casi olvidadas, encontraron una segunda vida cuando llegaron a manos de Ulrich, productor vinculado a la escena electrónica, que supo leer en ellas algo más que simples maquetas. A partir de ahí, el proyecto fue creciendo de manera orgánica, sumando voces, ritmos y miradas hasta convertirse en una banda completa.

La incorporación de Andrea como cantante terminó de dar cuerpo a las canciones, aportando letras en inglés y una línea vocal que equilibra melancolía y empuje. Más tarde llegó Lucas, batería con experiencia en el rock, cerrando el círculo y dotando al sonido de una base firme y física. El resultado es un pop-rock independiente que no se ata a un solo género, abierto a influencias diversas y guiado más por la emoción que por las etiquetas.

Su primer single, Hold On, publicado el 21 de noviembre, funciona como carta de presentación y como declaración de intenciones. Es una canción sobre la resiliencia, sobre la necesidad de sostenerse cuando todo parece frágil, inspirada directamente en el vínculo que une a los cuatro músicos y en su pasión compartida por la música.

A veces las canciones no nacen para ser inmediatas, sino para esperar el momento exacto en el que alguien esté preparado para escucharlas.

DIVA se presenta así como un proyecto joven, pero con una profundidad que viene de lejos. Una banda que entiende la música como un lugar donde la memoria, la emoción y la energía pueden convivir sin prisa


DESU TAEM: herencia eléctrica sin manual de instrucciones

DESU TAEM no entiende el rock como un género, sino como un territorio en disputa. Su propuesta parte de una anomalía poco frecuente: un proyecto compartido entre padre e hijo que no busca reconciliar generaciones, sino ponerlas a chocar. De ese choque nace un sonido crudo, juguetón y excesivo, donde el pasado no se cita, se remezcla con descaro.

El llamado “Savage Retro Rock” funciona aquí como una declaración de intenciones. Hay ecos de cintas VHS, de salas sudorosas y de imaginarios que no han pedido permiso para envejecer bien. Pero también hay una lectura contemporánea del ruido: estructuras tensas, una producción que no disimula el golpe y letras que observan el presente con ironía afilada. Nada suena nostálgico; todo suena activo.

Cuando dos generaciones se enfrentan desde el mismo amplificador, el resultado no es equilibrio, sino energía.

La clave está en la relación interna del dúo. Uno aporta el instinto, la experiencia y el error como método; el otro introduce control, síntesis y una conciencia digital que no apaga la electricidad, la dirige. Esa fricción se convierte en discurso, y el humor aparece como mecanismo de defensa frente a un mundo saturado de estímulos y gestos vacíos.

DESU TAEM construye canciones como pequeñas explosiones culturales: exageradas, incómodas y deliberadamente físicas. En directo, esa lógica se extrema. No hay distancia ni artificio, solo un pacto tácito con el público: el ruido también puede ser una forma de pensamiento.


Malad: velocidad, calle y una rabia que no se enfría

Desde 2019, Malad ha convertido las calles de Holanda en un campo de pruebas para su punk rock directo y sin concesiones. Formados como quinteto, su sonido bebe del street punk más acelerado y de la energía frontal del hardcore, con una influencia clara de bandas pesadas como Motörhead y del hardcore punk de los años ochenta. No hay filtros ni adornos: solo canciones que avanzan como un golpe seco, rápidas, urgentes y cargadas de una nostalgia que no mira atrás con melancolía, sino con los dientes apretados.

La banda se encuentra ahora trabajando en nuevas composiciones para su segundo álbum de larga duración. En enero de 2026 grabarán las primeras cinco demos en los Países Bajos, un paso que marca el inicio de una nueva etapa creativa. Lejos de suavizar su propuesta, todo apunta a un sonido aún más compacto y agresivo, afinado por la experiencia acumulada en directo y por una identidad cada vez más clara.

Hay grupos que no envejecen su rabia: la afinan, la aceleran y la convierten en motor.

El próximo año será también clave sobre los escenarios. Malad ya tiene confirmadas varias fechas internacionales en 2026, con conciertos previstos en España, Alemania, Grecia y el País Vasco. Un recorrido que refuerza su vocación de banda de directo, de sudor y contacto cercano, donde el punk sigue siendo una cuestión física antes que un concepto.

Malad no busca reinventar nada. Su fuerza está en recordar que, a veces, la velocidad y la honestidad siguen siendo suficientes.


Marie Lavezzi: fragilidad y peso en el centro del ruido

Desde París, Marie Lavezzi construye un rock alternativo que avanza despacio pero golpea hondo. Su música se mueve entre la oscuridad progresiva y una sensibilidad grunge que no busca el impacto inmediato, sino la acumulación emocional. Guitarras pesadas, crescendos intensos y una voz clara —capaz de oscilar entre la fragilidad y la fuerza contenida— sostienen canciones que miran hacia dentro sin miedo a quedarse ahí un rato más.

Tras varios años de desarrollo del proyecto, 2025 marca el inicio público de su recorrido discográfico. Dry Out, su primer single publicado en julio, abre un universo introspectivo y denso que continuará con Your Enemy en noviembre. Dos canciones que funcionan como umbrales de un EP de seis temas previsto para febrero de 2026, donde la tensión y el desahogo parecen dialogar constantemente.

El interés de plataformas como Sofar Sounds Paris y la respuesta de distintos medios especializados confirman una propuesta que conecta desde la honestidad más que desde el artificio. En directo, Marie Lavezzi traslada ese mismo pulso emocional a salas parisinas como Supersonic Club, Les Disquaires o L’Alimentation Générale, espacios donde la cercanía refuerza el peso de cada canción.

Hay voces que no necesitan imponerse: basta con que permanezcan para que todo alrededor empiece a temblar.

Marie Lavezzi avanza con paso firme y silencioso, dejando claro que el rock alternativo sigue siendo un lugar válido para explorar la vulnerabilidad sin suavizarla.


Mortez: ritual, oscuridad y un rock que se vuelve escena

Mortez no se limita a escribir canciones: construye un imaginario donde el rock adopta forma de ritual. El proyecto se mueve en un territorio oscuro y teatral, donde la música convive con una estética cuidada y una puesta en escena que amplifica cada gesto. Guitarras densas, atmósferas tensas y una presencia vocal que oscila entre lo magnético y lo inquietante definen un sonido pensado tanto para escucharse como para verse.

Lejos de buscar una épica impostada, Mortez trabaja con símbolos reconocibles —lo espiritual, lo salvaje, lo nocturno— para hablar de pulsiones humanas muy concretas. Hay algo primitivo en su forma de abordar el rock, pero también una conciencia clara de la imagen y del relato que quieren construir alrededor de cada tema.

Hay proyectos que no se explican con palabras: se comprenden cuando el sonido, la imagen y el gesto avanzan en la misma dirección.

Mortez se sitúa ahí, en ese punto donde la música deja de ser solo canción y se convierte en atmósfera compartida, invitando al oyente a cruzar el umbral y quedarse un rato más.


Delta: canciones como punto de encuentro

Delta nace en Barcelona en 2020 desde una idea sencilla: hacer canciones que conecten sin artificios. Formados por músicos con recorrido previo, el grupo ha ido construyendo un pop-rock elegante y directo, donde la melodía y el pulso emocional pesan más que cualquier gesto grandilocuente. Su crecimiento ha sido constante, apoyado en una relación muy orgánica con el público y en un directo que ha llenado salas como Sidecar, LaüT, Bikini o Joy Eslava.

Durante los últimos años, la banda fue publicando sencillos grabados en ArcticWave Studio junto a Carlos Dueñas, un proceso que terminó cristalizando en su debut Sin sueños ni cafeína (2023). El disco funciona como un retrato generacional hecho de dudas, impulso vital y una mirada cotidiana que huye del dramatismo excesivo. Canciones como “Nada que salvar”, “Apolo” o “No duermo desde el martes” resumen bien esa forma de escribir desde lo cercano.

Ahora, Delta se encuentra inmersa en la preparación de un nuevo EP que verá la luz a finales de 2024. Más que un giro radical, el grupo parece apostar por consolidar un lenguaje propio, afinando su identidad en una escena que empieza a mostrar signos de renovación y espacio para propuestas honestas.

Hay bandas que no necesitan levantar la voz para ser escuchadas: les basta con escribir canciones donde otros puedan quedarse a vivir.

Con más de un millón y medio de reproducciones acumuladas y una trayectoria de directo en continuo ascenso, Delta sigue avanzando sin prisa, pero con una dirección clara: la de hacer de cada canción un lugar compartido.


33 Dogs: psicodelia, sudor y una manada en movimiento

33 Dogs no es una banda al uso, sino una pequeña comunidad en constante agitación. Nacidos en París en 2020 bajo el impulso creativo de Lucas Gyss, su música parte de la psicodelia de The Brian Jonestown Massacre o The Dandy Warhols, pero se abre sin complejos al punk, el folk y el britpop, todo filtrado por un espíritu de garage rock setentero que privilegia la energía por encima de la corrección.

Aunque el nombre sugiera una multitud imposible, la manada está formada por siete miembros con una alineación poco habitual: tres guitarras, bajo, teclados, batería y un bailarín que convierte cada concierto en una experiencia física. Las voces se alternan, el escenario se comparte y la sensación es siempre la misma: un grupo que funciona como organismo colectivo más que como suma de individualidades.

Desde sus inicios, 33 Dogs ha llevado ese planteamiento al directo, acumulando decenas de conciertos en salas parisinas como Supersonic o La Boule Noire, donde rock, baile y sudor se confunden sin jerarquías. En lo discográfico, su ambición no se queda atrás: un triple álbum de 33 canciones, un EP posterior y un nuevo trabajo en camino, previsto para 2024, confirman una creatividad desbordada y poco domesticable.

Hay bandas que no buscan ordenar el caos, sino celebrarlo como una forma legítima de libertad.

33 Dogs suena a juventud, a exceso y a comunión colectiva. Un recordatorio de que el rock también puede ser juego, cuerpo y ruido compartido.


Cönaxx: el rock como celebración salvaje

Cönaxx entiende el rock como una fiesta que no admite medias tintas. Desde Colorado, la banda lleva desde 2017 construyendo un sonido duro y frontal, apoyado en riffs enormes, actitud cruda y una energía pensada para el directo. Su nuevo single, Gang of Ghosts, previsto para el 28 de noviembre de 2025, condensa esa filosofía sin rodeos: guitarras ruidosas, espíritu hedonista y un pulso clásico que mira a los grandes arquitectos del rock sin perder su identidad contemporánea.

La canción funciona como un homenaje descarado a la tradición hard rock, pero también como una celebración del caos que siempre ha acompañado al género. No hay ironía ni distancia: todo está planteado para sonar alto, provocar movimiento y generar esa sensación de comunión que solo aparece cuando el volumen y la actitud van de la mano. La imagen que acompaña el lanzamiento —con la banda disfrazada de fantasmas en un entorno natural— refuerza esa mezcla de humor, exceso y teatralidad que define su propuesta.

Cönaxx ha forjado su reputación sobre el escenario, compartiendo cartel con bandas nacionales y actuando en lugares emblemáticos como el Buffalo Chip de Sturgis. Su sonido combina la aspereza del rock clásico con una pesadez moderna que evita la nostalgia estéril y apuesta por la experiencia física del concierto.

Hay canciones que no quieren explicar nada: solo recordarte por qué el rock nació para sonar fuerte y sin pedir permiso.

Con Gang of Ghosts, Cönaxx reafirma su lugar como una banda que entiende el hard rock como ritual colectivo, diversión sin complejos y una descarga necesaria en tiempos de contención.


ÉVAT: un grito contra la velocidad de lo olvidable

ÉVAT nace en Madrid en 2024 desde una incomodidad compartida: la sensación de que todo pasa demasiado rápido y de que, en ese vértigo, muchas voces quedan fuera. Su propuesta de rock en español se construye como una respuesta directa a esa lógica, mezclando raíces de rock clásico, jazz y blues con una mirada contemporánea que no busca agradar, sino señalar. Las canciones de ÉVAT no se esconden tras metáforas amables: apuntan a lo humano, incluso a lo incómodo, como parte inevitable del presente.

Su primer single, Auxilio, funciona como una declaración de intenciones. Es un grito frente a las modas que nacen y mueren a velocidad de consumo y frente a una sociedad que penaliza todo lo que no encaja en sus márgenes temporales. Las guitarras contundentes y los desarrollos instrumentales cargados de emoción acompañan una letra que habla de presión, desgaste y necesidad de desahogo, convirtiendo la canción en un espacio donde la rabia también puede ser compartida.

El grupo se sitúa así en un punto donde la crítica social y la sensibilidad artística conviven sin jerarquías. No hay nostalgia ni postureo, sino una voluntad clara de recuperar el valor del rock como lenguaje honesto, capaz de incomodar y de generar preguntas.

Hay canciones que no buscan encajar en su tiempo, sino resistirlo el tiempo suficiente como para dejar marca.

Con Auxilio, ÉVAT inicia un camino que parece guiado por esa idea: hacer del rock un lugar donde todavía sea posible decir lo que cuesta escuchar.


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Totana, 1984. Crecí entre cassetes de los Pecos y Fórmula V. Mis oídos se curtieron a base de Rap, Rock, Shoegaze o Metal, y me muevo sin problema del Indie a la copla o del Thrash a la clásica. Al final, no importa el género: lo que cuenta es que la canción merezca la pena. Formo parte del sello murciano La Semilla Mgmt, donde trabajo como consultor y social media, ayudando a grupos emergentes a crecer y a darle chispa a su comunicación digital. Mi otro yo se dedica al marketing y también escribe: publiqué dos novelas, La luna roja de Siberia y Omega, el ángel caótico. Soy fan declarado de la peor ciencia ficción, devoro pelis de serie Z y colecciono vinilos de forma compulsiva: de Nino Bravo a Marilyn Manson. Para mi madre, sigo siendo “un caso perdido”