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L.A: «Hemos prescindido de lo electrónico y vamos con batería, guitarra y un ampli. Vuelta a lo más básico».

Con A Modern Tour, L.A. sale a carretera con una idea clara: mismo disco, nuevas pieles. Repertorio ecléctico que cambia cada noche, margen amplio de improvisación y un formato cada vez más esencial —del trío al dúo— definen una gira en salas pequeñas y aforos medidos. Sin electrónica y con la crudeza por bandera, el proyecto se replantea arreglos, tempos y dinámicas para revisitar un catálogo sin intocables y mantener viva la sorpresa en cada ciudad. Fotos de Alicia Blanch.

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El EP comparte título con la gira. ¿Qué idea común articula el concepto de A Modern Tour entre estudio y directo?
El hilo conductor es el disco que salió a principio de año y que seguimos presentando, pero con cambios de formación, de instrumentación y de concepto.

“El mismo disco, otra piel: cambiamos formación, instrumentos y enfoque.”

Planteas un repertorio mutable en fondo y forma. ¿Qué criterios usarás cada noche para decidir cambios de setlist, arreglos o instrumentación?
Ahora mismo es un repertorio ecléctico: un repaso a toda la discografía, cambiando noche tras noche y con la intención de no repetir formato. Son muchos años de giras y visitas a las mismas ciudades; odiaría que la gente se cansara de nosotros.

¿Cómo se ensaya una gira que no repite espectáculo? ¿Qué margen de improvisación vais a permitir en banda?
El margen de improvisación es amplio. No hay ensayos: tiramos de memoria y de la sinergia con el público y con la sala; lo que nos pida el cuerpo.

Hablas de transformar arreglos y timbres. ¿Qué herramientas (sintetizadores, cajas de ritmos, guitarras tratadas, samples) serán la base de esa mutación?
Para que se entienda el nivel de libertad: hemos prescindido de lo electrónico y vamos con batería, guitarra y un ampli. Vuelta a lo más básico.

“A Modern Tour, formato esencial: batería, guitarra y un ampli.”

En directo quieres cruzar la potencia del rock con el pulso del baile. ¿Qué tempos o patrones rítmicos estás explorando para sostener ese cruce?
La verdad: hemos prescindido, al menos por ahora, del baile; vamos muy tranquilos y casi unplugged cada noche.

Foto Alicia Blanch.

El formato de banda será variable. ¿Qué configuraciones contemplas (trío, cuarteto, invitados) y qué determina cada elección por ciudad?
Hemos pasado por trío (disparando todo, teclados y micro inalámbrico), luego un híbrido con set eléctrico y, ahora mismo, dúo al más puro estilo The Black Keys. Me intriga saber cómo acabará la gira.

El lanzamiento sienta las bases de la gira. ¿Qué decisiones de mezcla y producción del EP pensaste ya con la traslación al escenario en mente?
Quise plasmar esa dualidad que la gente podría encontrar en los conciertos… Lo que no sabía era que acabaríamos siendo un dúo de rock para todo el set.

La gira arranca a finales de octubre y recorre varias ciudades. ¿Qué factores han pesado en la selección de plazas y aforos?
Mayormente salas pequeñas, aforos reducidos y, sobre todo, hacer las giras posibles. Son tiempos complicados para las giras nacionales.

Has pasado por distintas etapas sonoras. ¿Qué canciones ves más abiertas a relecturas en esta gira y por qué?
Realmente todas. Pocas hay que no puedan ser revisadas; diría que ninguna.

“No hay intocables: todo el catálogo es revisitable.”

Si después del primer tramo ajustaras el enfoque, ¿qué indicadores observarás más allá de la respuesta inmediata del público?
Me dejo llevar por lo que me pide el cuerpo: seguir como dúo rock, solo acústico, trío electrónico, full band, orquesta… La verdad: nunca sé con mucha antelación cuál será el próximo paso.

Totana, 1984. Crecí entre cassetes de los Pecos y Fórmula V. Mis oídos se curtieron a base de Rap, Rock, Shoegaze o Metal, y me muevo sin problema del Indie a la copla o del Thrash a la clásica. Al final, no importa el género: lo que cuenta es que la canción merezca la pena. Formo parte del sello murciano La Semilla Mgmt, donde trabajo como consultor y social media, ayudando a grupos emergentes a crecer y a darle chispa a su comunicación digital. Mi otro yo se dedica al marketing y también escribe: publiqué dos novelas, La luna roja de Siberia y Omega, el ángel caótico. Soy fan declarado de la peor ciencia ficción, devoro pelis de serie Z y colecciono vinilos de forma compulsiva: de Nino Bravo a Marilyn Manson. Para mi madre, sigo siendo “un caso perdido”