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La Milagrosa: «Dejamos de obsesionarnos con calcar el disco. Entendimos que el directo es otra movida»

La Milagrosa afianza su dream-punk de bajos protagonistas, guitarras dreamy y drum machines que conviven con un directo cada vez más físico. Entre la oscuridad heredada de los ochenta y la inmediatez pop de los dos mil, el grupo firma Ya no me duele mal (2025), un debut que equilibra euforia y melancolía, y que entiende el escenario como un territorio propio —más crudo y vibrante—. Madrid como ecosistema, una colaboración con Triángulo de Amor Bizarro y un segundo LP en el horizonte completan el mapa.

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El proyecto arranca cuando Germán empieza a explorar un nuevo sonido con Bernie Calvo. ¿Qué buscabais exactamente en esa primera etapa y qué se quedó como columna vertebral del grupo?
Se buscaba la transición de un proyecto en solitario —más cercano al pop-rock tradicional— a un sonido de banda con más personalidad y una voz más auténtica. Los bajos protagonistas, guitarras dreamy mezcladas con sintetizadores y, en general, el tinte oscuro de esa etapa han seguido marcando el carácter del grupo, aunque ha evolucionado hacia sonidos y temáticas más luminosas que entonces.

“Los bajos protagonistas y las guitarras dreamy siguen marcando el carácter del grupo.”

Definís vuestra propuesta como dream-punk con trazas de post-pop. ¿Cómo se traduce esa etiqueta en decisiones concretas de tempo, armonías y capas de guitarra?
Lo bueno de acuñar un género es que puedes llevarlo donde quieras y dejar que evolucione contigo. Técnicamente, diríamos: muchas capas de guitarras, tempos rápidos y armonías con matices oscuros o nostálgicos.

Usáis drum machines como base rítmica. ¿Qué os da ese enfoque frente a una batería acústica y cómo lo lleváis al directo con Marina en el set?
Las drum machines son sello identitario en las grabaciones: ritmos perfectos que dejan espacio a que guitarras, bajos y sintes sean más “imperfectos”. Ese equilibrio aporta personalidad. En directo es otra historia: antes lanzábamos baterías desde ordenador para ser fieles a estudio, pero desde la incorporación de Marina el show es más vibrante y enérgico. Para el siguiente disco queremos explorar más la batería acústica.

La voz de Germán es grave y cálida, y las letras hablan de oportunidades perdidas e inconformismo. ¿Cómo trabajáis la dicción y el espacio vocal para que el mensaje en español respire entre las texturas dreamy?
No somos un grupo de letras densas ni de metáforas enrevesadas. Nos gusta un mensaje sencillo en la superficie con varias capas para quien quiera profundizar. Hablamos con un lenguaje claro y directo, cuidando mucho que la voz se entienda.

“No queremos metáforas enrevesadas: mensaje claro, voz entendible y capas para quien quiera bucear.”

Venís de una mezcla de oscuridad de finales de los 80 y la frescura del pop-rock dosmilero. ¿Qué referencias concretas os guiaron en arreglos y producción del primer LP?
Escuchamos mucha música —nacional e internacional— que nos inspira (y nos da envidia sana no haber hecho antes). No somos muy de música “antigua”, pero ese sonido ochentero ha permeado en muchos grupos actuales que nos flipan. Referentes internacionales: Fontaines D.C., Beach Fossils, HighSchool o Her’s. En lo nacional: el momento incómodo, La Plata, Carolina Durante o Biela, entre otros.

La banda la completan Gonzalo, Jesús y Marina. ¿Cómo se reparte la toma de decisiones entre bajo, guitarras, batería y voces en las maquetas y en el estudio?
Depende de la canción. Generalmente, el compositor desarrolla su maqueta antes de compartirla. Aunque Germán sigue siendo el principal compositor, todos componemos. Si el tema es de Gonzalo, por ejemplo, la maqueta ya incluye líneas de voz, bajo, guitarra y batería; luego cada cual enriquece y perfecciona su instrumento y la letra.

Habéis firmado sold out en Sala Changó con dos meses de antelación. ¿Qué aprendisteis de ese concierto a nivel de setlist, dinámica y comunicación con el público?
Le damos muchas vueltas al directo —es una de las patas clave—. Revisamos continuamente el setlist: si hay demasiada calma, si se hace largo… Probamos en ensayo, testamos en concierto y afinamos para el siguiente. En comunicación lo tenemos claro: hablar poco y conciso; que la gente se sienta parte por nuestra actitud y por las canciones.

“Con otra cabeza”, “Coletero”, y adelantos como “Tripitir” o “Ponzano” os han colocado en el radar. ¿Qué rol cumplen dentro del relato del álbum?
Nos gusta construir el relato sobre la marcha. Ya no me duele mal y el EP previo Con otra cabeza no cuentan una historia lineal: son mezcla de luces y sombras, distintos estados de ánimo y preocupaciones. Estas cuatro canciones aportan la nota de “luz” en sus respectivos discos, con un tono más desenfadado y animado.

En 2025 llega Ya no me duele mal, vuestro primer disco. ¿Qué significa el título y cómo ordenasteis el tracklist para sostener esa idea?
Ordenamos por dinámicas sonoras más que por temática: equilibrio entre piezas animadas y otras más lentas. El nombre Ya no me duele mal condensa la oscuridad del dolor y la nostalgia con la luz de superarlo: ser capaz de mirar el pasado con ternura.

Ya no me duele mal es mirar el pasado con una luz nueva: duele… pero ya no ‘mal’.”

El sonido ‘bedroom’ y ‘oscuro’ convive con un directo robusto. ¿Qué cambios aplicáis para que la traducción al escenario funcione?
La llegada de Marina fue clave: dejamos de obsesionarnos con calcar el disco. Entendimos que el directo es otra movida: más vibrante, crudo y enérgico sin traicionar la versión de estudio. En vivo: batería, bajo, dos guitarras y voces; el resto (sintes, voces procesadas, elementos rítmicos extra) va por secuencias. También modificamos estructuras o enlazamos tracks para un show más redondo.

Madrid es vuestro punto de partida. ¿Con qué escena sentís que dialogáis ahora mismo y cómo os influye la ciudad en letras y estética?
Es un privilegio coincidir en este Madrid. La escena es riquísima en grupos y salas; aunque a veces parezca saturada, hay públicos muy distintos buscando un grupo que les hable. Creemos que nuestra gente conecta porque hablamos de sus inquietudes y deseos —el curro que no llena, las ganas de enamorarse, el existencialismo—… y todo eso sin dejar de hacer pogos. Buen mix.

Mirando a los próximos meses: ¿qué planes tenéis en lanzamientos, colaboraciones o puesta en escena para seguir desarrollando la identidad de La Milagrosa?
Este mes sale una colaboración con Triángulo de Amor Bizarro: reinterpretamos “Cura mi corazón”. Tenemos varios conciertos anunciados para lo que queda de año y principios de 2026. Repetimos en Madrid en abril —último concierto en sala con este disco— y luego nos encerramos a grabar. Preparamos segundo LP y habrá un cambio significativo después del verano, cuando empecemos a lanzar adelantos.

Totana, 1984. Crecí entre cassetes de los Pecos y Fórmula V. Mis oídos se curtieron a base de Rap, Rock, Shoegaze o Metal, y me muevo sin problema del Indie a la copla o del Thrash a la clásica. Al final, no importa el género: lo que cuenta es que la canción merezca la pena. Formo parte del sello murciano La Semilla Mgmt, donde trabajo como consultor y social media, ayudando a grupos emergentes a crecer y a darle chispa a su comunicación digital. Mi otro yo se dedica al marketing y también escribe: publiqué dos novelas, La luna roja de Siberia y Omega, el ángel caótico. Soy fan declarado de la peor ciencia ficción, devoro pelis de serie Z y colecciono vinilos de forma compulsiva: de Nino Bravo a Marilyn Manson. Para mi madre, sigo siendo “un caso perdido”