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ÖPIK: “Cada nueva canción nos enseña a decir más con menos.”

Con una atmósfera envolvente y una sensibilidad que atraviesa cada nota, ÖPIK vuelve a sorprender con «Indiferencia», su nuevo single cargado de emoción contenida y paisajes sonoros que invitan a la introspección. En esta entrevista exclusiva, el dúo comparte el proceso detrás de la canción, desde su génesis emocional hasta los secretos de su producción minimalista. Conversamos sobre silencios que hablan, guitarras que se desvanecen y letras que congelan sentimientos. Un viaje sonoro y honesto que muestra a ÖPIK en su faceta más íntima y cinematográfica.

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«Indiferencia» tiene una atmósfera absorbente y evocadora. ¿Cómo surgió la idea de esta canción y qué los inspiró a crearla?
La idea de «Indiferencia» brotó de una sensación muy concreta: cuando las emociones se apagan y queda solo un silencio espeso e irreversible. Queríamos explorar esa frontera emocional donde todo se vuelve gélido y distante. Nos inspiramos en experiencias personales, pero también en observaciones de lo cotidiano: relaciones que se agotan, miradas vacías, el silencio cómplice de quien ya no siente.

Desde la composición hasta la producción, ¿cómo fue el proceso creativo en Estación Nómada?
En Estación Nómada, cuando hablamos de canciones, siempre seguimos cierta metodología y comenzamos componiendo con una guitarra acústica y voz. Nos gusta madurar bien la canción antes de pasar a la fase de producción. Una vez sentimos que la esencia está clara, dejamos que la canción nos guíe. En la producción, empezamos añadiendo capas, como un ejercicio de adición: exploramos sonidos, texturas, atmósferas. Pero en la última fase, cuando ya está todo grabado, dedicamos mucho tiempo a quitar elementos, notas, efectos… hasta que solo queda lo esencial. Ese proceso de depuración lo hacemos incluso mientras mezclamos, y solo damos por terminada la canción cuando sentimos que no sobra ni falta nada.

En la canción, la instrumentación juega un papel clave en la construcción del ambiente. ¿Cómo lograron el equilibrio entre el piano melancólico, las guitarras etéreas y los sintetizadores envolventes?
Fue un ejercicio de contención. Decidimos dejar mucho espacio entre los elementos, como si la propia música necesitara respirar. El piano establece la emoción base, las guitarras aportan ese eco de algo que se va diluyendo, y los sintetizadores arropan todo con una capa de niebla sonora. Los ambientes se están convirtiendo en una seña de identidad; nos gusta, pero no es algo que persigamos de manera demasiado consciente. Creemos que nuestras influencias y gustos nos empujan de forma natural hacia ciertos sonidos y espacios sonoros que terminan dando personalidad al proyecto y a cada canción. El secreto en este caso fue confiar en los espacios, en los silencios: dejar que cada sonido respirara y hablara cuando tocaba. A veces, lo más poderoso es lo que no se dice.

La experiencia del arte es única en cada oyente, y eso es precisamente lo que lo hace tan poderoso.

La letra explora la transformación de los sentimientos hasta la desconexión total. ¿Cuál fue el mayor reto al plasmar esa emoción en la música?
Lograr frialdad sin caer en la indiferencia vacía fue lo más difícil. Queríamos que se sintiera que hubo pasión antes, que hubo fuego. Pero ahora queda solo el eco. Fue importante cuidar el tono vocal y la letra, hacer que la emoción se sintiera contenida, como un hielo que aún guarda el calor de lo que fue.

El sonido de «Indiferencia» fusiona elementos clásicos y contemporáneos. ¿Cómo describirían la evolución de ÖPIK en este aspecto?
Desde nuestros inicios siempre hemos estado en búsqueda de un equilibrio entre lo analógico y lo digital, lo emocional y lo cerebral. «Indiferencia» representa un paso más en esa línea. Hay más sofisticación sonora, más silencio y más conciencia de que no hay que llenarlo todo. Cada nueva canción nos enseña a decir más con menos.

La interpretación vocal en este tema es contenida y precisa. ¿Qué buscaban transmitir con esta decisión en lugar de una ejecución más explosiva?
Buscábamos transmitir distancia, esa calma post-tormenta. La voz no llora ni grita, simplemente constata. Está cargada de resignación, no de rabia. Esa contención era necesaria para que el oyente completara el mensaje, para que sintiera el vacío sin que se lo narráramos de forma explícita.

En términos de producción, ¿hubo algún elemento o técnica en particular que resultara clave para lograr la atmósfera del tema?
El piano con delay actúa como un pegamento emocional, manteniéndose presente a lo largo de toda la canción y conectando los distintos planos sonoros. Los sintetizadores aportan un matiz marciano, casi alienante, mientras que la programación electrónica, muy precisa y contenida, añade ritmo sin imponerse. Las guitarras de Pablo entran y salen con maestría, elevando la intensidad en momentos puntuales sin romper nunca la delicadeza general

El rock alternativo ha sido un sello en su música, pero en «Indiferencia» hay una sensación más cinematográfica e introspectiva. ¿Es una dirección que explorarán más en el futuro?
No lo creemos. Nos gusta probar, movernos entre diferentes registros y ver hacia dónde nos llevan, pero no queremos dejar de hacer rock o canciones más enérgicas y directas. Estamos muy abiertos y, sobre todo, nos estamos divirtiendo en el proceso. «Indiferencia» ha sido una exploración más introspectiva y cinematográfica, sí, pero no representa un giro definitivo, sino una rama más de nuestro árbol creativo.

¿Cómo creen que los oyentes interpretarán «Indiferencia»? ¿Esperan que cada persona le dé su propio significado?
Los artistas no tenemos mucho control sobre lo que sucede con nuestra música una vez que la lanzamos. Cada persona la interpreta o la siente de manera distinta. Incluso para nosotros, cada canción significa cosas diferentes según el momento vital en que la escuchemos. Con el tiempo, una misma melodía puede despertar emociones completamente nuevas, como cuando una canción que antes nos hacía sonreír hoy nos provoca nostalgia. La experiencia del arte es única en cada oyente, y eso es precisamente lo que lo hace tan poderoso.

Con el lanzamiento del 28 de febrero de 2025, ¿qué otras sorpresas nos tiene preparadas ÖPIK para este año?
En estos momentos estamos grabando nueva música y pronto anunciaremos nuevos lanzamientos. Cada canción será una puerta abierta a otro rincón del universo ÖPIK, y nuestra intención es seguir sorprendiendo con cada paso. Si queréis descubrirlo con nosotros, os esperamos en nuestras redes.

Totana, 1984. Crecí entre cassetes de los Pecos y Fórmula V. Mis oídos se curtieron a base de Rap, Rock, Shoegaze o Metal, y me muevo sin problema del Indie a la copla o del Thrash a la clásica. Al final, no importa el género: lo que cuenta es que la canción merezca la pena. Formo parte del sello murciano La Semilla Mgmt, donde trabajo como consultor y social media, ayudando a grupos emergentes a crecer y a darle chispa a su comunicación digital. Mi otro yo se dedica al marketing y también escribe: publiqué dos novelas, La luna roja de Siberia y Omega, el ángel caótico. Soy fan declarado de la peor ciencia ficción, devoro pelis de serie Z y colecciono vinilos de forma compulsiva: de Nino Bravo a Marilyn Manson. Para mi madre, sigo siendo “un caso perdido”