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Pieles Sebastian: “Queer Pro Quo sería la carta de amor que nos hemos escrito el uno al otro.”

Pieles Sebastian regresan con Queer Pro Quo, un disco que se mueve deliberadamente en los márgenes del indie para explorar un territorio donde conviven lo visceral y lo delicado, lo pop y lo experimental. En este nuevo trabajo, el dúo construye un álbum atravesado por historias de amor, deseo y conflicto emocional que nacen de experiencias reales y que se cuentan sin filtros ni etiquetas. Hablamos con ellos sobre la libertad de mezclar estilos, el proceso creativo detrás del disco y la necesidad de seguir empujando los límites dentro del panorama alternativo actual. (Responde Juan Cerdá)

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Queer Pro Quo se presenta como un disco que intenta escapar de etiquetas dentro del indie. ¿En qué momento sentisteis la necesidad de construir un álbum que jugara precisamente con esa idea de romper marcos estilísticos?

La música “alternativa” o “independiente” es el sitio en el que estamos cómodos. Para nosotros el “indie” es un espacio abierto, que te permite meter una caja de ritmos, quitar y poner guitarras, contar algo super íntimo y super sincero, y de repente ponerte a hablar como una mala víbora. Te permite tener momentos experimentales o hacer la cosa más pop y más previsible del mundo. Nosotros somos bastante de mezclas, de mejunjes, de extremos, de márgenes. Todo eso nos viene muy bien.

“Nosotros somos bastante de mezclas, de mejunjes, de extremos, de márgenes.”

Como nació este amor artístico entre vosotros ¿Quién se declaró a quien musicalmente hablando? (como nació esta nueva etapa de Pieles Sebastian)

Bueno, llegó un momento en que los compromisos y las prioridades de cada uno hicieron que Pieles Sebastian se convirtiera en el dúo que es ahora. Se volvió a replantear el disco por completo, desde un punto de vista más radical, seguramente. Y ahí es donde creo que está el amor, que dirían los Black Eyed Peas, en el proceso de haber hecho este LP. Grabé las baterías, los teclados y las voces, y Cobarro se encargó de las cuerdas. Y a partir de ahí fuimos trabajando cada pista. Queer Pro Quo sería la carta de amor que nos hemos escrito el uno al otro. Bueno, con la ayuda de algunos amantes. Es una relación liberal, por así decirlo.

Tras escuchar el álbum detenidamente, me ha costado etiquetarlo dentro de un género concreto… A día de hoy que la música es tan plana (a nivel general) ¿Qué efecto creéis que puede tener un disco tan disruptivo en el público?

Pues a nivel comercial es claramente un problema. Es más fácil decir “oye, escucha esto, que es como esto otro que te gusta”, ir de la mano de alguna escena, de las corrientes que estén funcionando en ese momento. Pero nosotros no pretendemos pronosticar la cultura sino, más bien, decir “oye, escucha esto, que no suena a nada que hayas oído antes pero que te va a explotar la cabeza”. No somos nada continuistas y aspiramos a tener un sonido propio, que sale de nuestra sensibilidad, de nuestra manera de ver las cosas. Curiosamente, no deja de ser intentar repetir aquello que admiramos en los grupos que nos flipan.

“No pretendemos pronosticar la cultura, sino hacer algo que te explote la cabeza.”

En el disco se crea un “intercambio” entre la banda y quien escucha, con sus propias reglas. ¿Qué significa exactamente ese diálogo con el oyente dentro del universo de Queer Pro Quo? ¿Qué va a descubrir?

El intercambio es muy sencillo. Tú nos prestas tu atención durante 30 minutos. Que sabemos que es pedir mucho, en los tiempos que corren. Y nosotros te contamos diez historias, que van pasando por todo tipo de movidas y de intensidades. Y ahí te vas a ver en medio de un triángulo amoroso, de una reconciliación turbia con un ex, de una noche interminable de dar tumbos, de una crisis de pareja, del momento ese en el que piensas que no te quiere nadie, de las lujurias de los parkings, del vacío existencial, de la reconciliación eterna… cosas que conoces, otras que te suenan, otras de las que no tienes ni puta idea… todo sin demasiadas etiquetas y todo real, como la vida misma.

Las letras parecen moverse entre extremos: lo delicado y lo visceral, lo luminoso y lo oscuro. ¿Cómo trabajasteis esa tensión emocional dentro del disco?

Para mí las letras eran uno de los grandes retos de este disco. La idea era estirar los temas y la forma en la que están contados a sitios muy alejados y extremos, de tal manera que podamos contar con un rango de emociones lo más amplio posible. En “No te digo te quiero”, en “Carpe Noctem” o en “YSMPPTMD” decimos cosas muy duras, a veces con un lenguaje feo, áspero, para hablar de las cosas horribles que pasan, o a veces para decir algo de la manera muy directa, sin rodeos, ni censuras, para decir exactamente la barbaridad que quieres decir. Pero en temas como “Triángulo de Amor Bizarro”, “Cuarto Kilo Plomo #130” o “Y tal vez pasar la vida entera” se trata de expresar las emociones más positivas y más bonitas que te puede llegar a despertar una persona. Luego está “Oblivion” y “A pesar de todo”, que seguramente son más ambivalentes y así como existenciales, porque a una a veces le apetece ponerse profunda. La idea era esa, contar cada historia con el tono y con la energía de cada tema.

“La idea era contar cada historia con el tono y la energía de cada canción.”

A nivel temático, el álbum gira en torno al amor y los sentimientos desde distintos ángulos. ¿Hay alguna experiencia o idea que haya servido como hilo conductor para todas las canciones?

Sí. Después de escribir los dos o tres primeros temas, me propuse como reto creativo continuar esta línea muy marcada que llevaban, es decir, que todas las canciones trataran situaciones 100% reales y, para bien o para mal, altamente traumáticas. Porque la cosa ya había tirado por ahí y esa dirección era demasiado atractiva como para no continuar. Entonces, sí que hay algún truco de letrista por aquí y por ahí, y ya se sabe que las cosas que tienen que rimar, tienen que rimar. Pero las diez canciones cuentan experiencias directas que me han dejado huellas profundas. Pero vamos, que sí. Que el disco entero está dedicado al amor. De hecho, creo que uso el verbo querer en todas las canciones. Pero ojo que, estando el tema tan tan manido como está, te digo que estas historias no las has oído contadas así en tu vida.

Queer Pro Quo – Pieles Sebatian (2026)

El disco ha sido producido por Mario Vigara y Raúl de Lara, que han trabajado con bandas muy reconocibles del panorama nacional. ¿Qué aportaron al sonido de Pieles Sebastian durante el proceso de producción?

Pues nos ayudaron a arrancar la producción del disco y a establecer las líneas maestras que seguimos a partir de ahí. Terminamos con ellos las tres primeras canciones. Con Mario yo tuve varias sesiones increíbles a nivel creativo, en las que sincronizamos nuestras visiones musicales en cuestión de dos minutos, en cuanto nos pusimos a hablar de música. Fue sorprendente, algo así como de feromonas o algo, como cuando tres amigas se van a compartir piso. Y de ahí ha salido un poco todo lo que son las capas de sintetizadores, de samplers, elementos de ritmo digitales, historias de electrónica que sabíamos que iban a tener que llevar mucho del peso del sonido del grupo, una vez que somos solo dos. Y Raúl se encargó de grabarme las baterías con el set acústico consiguiendo, para mi gusto, algunos de los sonidos más flipantes que he llevado nunca y, por supuesto, todo el concepto de producción que trabajamos con él, desde tipos de efectos, decisiones sobre planos, elementos que se quitaron o se modificaron, etc. De ahí sacamos un poco la base, y luego Cobarro y yo nos encargamos del resto y se lo llevamos todo a Antonio Illán, mano derecha sonora de Viva Suecia, gran colega, y gran técnico, que nos ayudó a mezclar como hay que mezclar.

“Triángulo de Amor Bizarro”, junto a Yana Zafiro, aparece como uno de los temas clave del álbum. ¿Cómo surgió esa colaboración y qué aporta su presencia a la canción?

Pues fue Cobarro, concretamente, el que llevaba tiempo queriendo hacer algo con Yana. Y entonces surgió esta letra, que necesitaba que la cantaran dos hombres y una mujer, y lo hablé con Jesús mencionó a Yana rápidamente. Y, la verdad, que tenía todo el sentido del mundo. Nos gustaba mucho a los dos lo que había hecho anteriormente, los discos que había grabado, y tenía un tipo de voz, un color, un timbre, que pensábamos que podía hacer que el tema cogiera una emoción muy chula.

Ese tema también aborda el amor desde la bisexualidad y en otros temas el disco está enfocado desde una conciencia LGTBI. ¿Era importante para vosotros que esa perspectiva estuviera presente en el disco?

En este tema sí, efectivamente. Aquí se trataba de contar esta historia de sintonía y de conexión total y maravillosa entre tres personas, y se plantea directamente el tema de la bisexualidad, que es una perspectiva menos explorada todavía que la homosexualidad.

El propio título Queer Pro Quo juega con la idea de intercambio o desplazamiento de significados. ¿Cómo nace ese concepto y qué representa dentro del álbum?

A ver, como letrista, un juego de palabras, un doble sentido… todas esas cosas ya se sabe que nos ponen muchísimo y, una vez que me topé con esto, vi clarísimo que nada iba a ser más perfecto para este disco.

Mirando el resultado final, ¿qué creéis que diferencia a Queer Pro Quo dentro del actual panorama indie nacional?

Queer Pro Quo desde luego se ha concebido sin tener en cuenta más panorama que el de nuestras emociones y el de las cosas que somos capaces de expresar a través de nuestros instrumentos y nuestros cacharros.

Totana, 1984. Crecí entre cassetes de los Pecos y Fórmula V. Mis oídos se curtieron a base de Rap, Rock, Shoegaze o Metal, y me muevo sin problema del Indie a la copla o del Thrash a la clásica. Al final, no importa el género: lo que cuenta es que la canción merezca la pena. Formo parte del sello murciano La Semilla Mgmt, donde trabajo como consultor y social media, ayudando a grupos emergentes a crecer y a darle chispa a su comunicación digital. Mi otro yo se dedica al marketing y también escribe: publiqué dos novelas, La luna roja de Siberia y Omega, el ángel caótico. Soy fan declarado de la peor ciencia ficción, devoro pelis de serie Z y colecciono vinilos de forma compulsiva: de Nino Bravo a Marilyn Manson. Para mi madre, sigo siendo “un caso perdido”