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Recomendaciones musicales semana 18 (2026)
Te presentamos a un grupo excepcional de artistas que esta semana ha logrado algo poco habitual: conquistar al mismo tiempo a la crítica especializada y al público general. No se trata solo de popularidad momentánea, sino de propuestas sólidas, coherentes y con identidad propia.
Cada uno destaca por un lenguaje artístico bien definido, capaz de combinar técnica, riesgo creativo y una visión clara de hacia dónde quiere llevar su obra. Sus proyectos no se limitan a seguir tendencias; las cuestionan, las reinterpretan y, en algunos casos, las superan.
Hay innovación en la forma, profundidad en el contenido y una energía que se percibe desde el primer contacto con su trabajo. Son creadores que no buscan agradar a todos, sino generar impacto, provocar emoción y dejar huella. Si buscas talento auténtico y propuestas que realmente te muevan, este es el momento de descubrirlos.

Moranis: el vértigo de empezar en “Frente a frente”
No hay nada más inestable que el principio de algo. “Frente a frente”, el nuevo single de Moranis, se instala justo en ese territorio: donde el deseo convive con la duda y todo está todavía por construirse.
El colectivo liderado por Guerrera sigue desgranando su primer álbum con una canción que apuesta por la cercanía. No hay grandes giros narrativos, sino una mirada reconocible sobre esos primeros momentos donde la emoción se mezcla con la inseguridad y cada gesto pesa más de lo que debería.
A nivel sonoro, Moranis refuerza su identidad desde lo colectivo. La producción se abre en capas: marimba, sintetizadores, arreglos de cuerda y coros que no saturan, sino que acompañan el crecimiento del tema. Todo fluye con naturalidad, sin necesidad de forzar el impacto.
Empezar algo nunca es claro; es precisamente esa incertidumbre lo que lo hace real.
“Frente a frente” mantiene un tono luminoso, pero no ingenuo. Hay juego, hay tensión y una sensación constante de estar avanzando sin mapa.
Con este nuevo adelanto, Moranis no solo define su sonido. Empieza a definir su discurso: canciones que no buscan impresionar, sino conectar desde lo cotidiano. Y ahí es donde empiezan a funcionar.

Sean Mitre: urgencia y decisión en “Time”
No todo llega cuando toca. A veces simplemente no llega. “Time”, el nuevo single de Sean Mitre, parte de esa idea para darle la vuelta: dejar de esperar y empezar a hacer.
El artista regiomontano construye una canción que funciona casi como un manifiesto. Desde el grunge y el rock más directo, plantea una transición clara: de la frustración por no avanzar a la necesidad de tomar el control. No hay espacio para la duda prolongada.
Musicalmente, el tema se apoya en guitarras contundentes y una interpretación que empuja hacia delante. Hay influencia noventera, pero con una producción actual que evita quedarse en el guiño fácil. Lo importante no es la referencia, es la intención.
El momento perfecto no llega; se decide.
“Time” no busca adornar el mensaje. Lo lanza de forma directa, casi como un empujón. Una canción que no pretende acompañar la espera, sino romperla.

Quemarlo todo para volver a mirar en “Sunraker”
Hay canciones que construyen identidad y otras que la destruyen para empezar de nuevo. “Sunraker”, el nuevo single del cuarteto danés, se sitúa claramente en el segundo grupo: una confrontación directa con lo que creemos ser.
La banda presenta aquí su cara más explosiva, en contraste con el tono más melancólico de su próximo EP. El tema funciona como ruptura: guitarras tensas, energía contenida y una sensación constante de estar al borde del colapso.
El núcleo del mensaje es radical: desprenderse del ego, cuestionar la identidad asumida y mirar la realidad desde otro lugar. La imagen es clara —tirarlo todo al sol—, no como gesto destructivo, sino como necesidad de vaciarse para poder reconstruirse.
A veces entender quién eres empieza por dejar de serlo.
Musicalmente, Sunraker se mueve entre el post-punk, el shoegaze y un rock emocional que no busca comodidad. Hay tensión, hay ruido y también una intención clara de incomodar para abrir espacio a algo más honesto.

Buenos Días Hiroshima: ampliar el golpe emocional en “Donde el tiempo se para”
Hay bandas que encuentran su sonido y se quedan ahí. Otras lo tensan hasta que cambia. Buenos Días Hiroshima están en ese segundo punto. “Donde el tiempo se para” no rompe con lo anterior, pero sí empuja su propuesta hacia un terreno más denso y ambicioso.
El grupo jiennense, activo desde 2022, ha construido una base sólida entre melodía y carga emocional, apoyándose en un recorrido constante en directo. Pero en esta nueva etapa aparece un giro claro: más peso en guitarras, atmósferas más cargadas y una producción que amplía el rango sin diluir la identidad.
Evolucionar no es alejarse de lo que eres, es llevarlo más lejos.
“Donde el tiempo se para” funciona como punto de partida de una serie de canciones pensadas con visión de largo recorrido. No es un gesto aislado, es una dirección.

eels! eels! eels!: folklore, barro y distorsión en eel land
Desde los márgenes más húmedos del este de Inglaterra, eels! eels! eels! construyen un debut que no intenta ordenar nada. eel land es un EP de cuatro cortes que funciona como una inmersión en un territorio donde lo natural, lo mítico y lo emocional se mezclan sin jerarquías.
El trío británico construye su universo a partir del imaginario de los Fens, combinando rock alternativo, psicodelia y fuzz con una narrativa que bebe directamente del folklore local. No es un recurso estético, es el eje del proyecto.
Cada tema funciona como una pequeña historia. “Owls” se centra en el aislamiento, “Separated by the Cut” introduce una especie de relato mítico con consecuencias reales, “Nothing to Care” mezcla entornos y sensaciones hasta perder referencias claras, y “Warrior” cierra con una pregunta incómoda sobre la ansiedad colectiva y el futuro.
Hay paisajes que no se entienden; se atraviesan.
El sonido acompaña esa idea: capas de distorsión, atmósferas cargadas y una sensación constante de estar dentro de algo que no termina de definirse. No hay pulido, hay textura.
eel land no es un debut que busque encajar. Es un primer paso que apuesta por construir un mundo propio. Y eso, de entrada, ya lo diferencia.

Palmar de Troya: fricción, ruido y ataque frontal en “The Method”
Aquí no hay espacio para la sutileza. “The Method”, el nuevo single de Palmar de Troya, funciona como un golpe directo: ruido, tensión y una sensación constante de estar al límite.
La banda granadina presenta este adelanto como puerta de entrada a su próximo EP III, un trabajo que refuerza su apuesta por un sonido abrasivo, a medio camino entre el noise rock y el post-hardcore. No es una evolución suave, es una afirmación más agresiva de lo que ya venían construyendo.
El tema se sostiene sobre un muro de guitarras que no buscan orden, sino impacto. Hay referencias claras —de Sonic Youth a The Jesus Lizard—, pero lo que domina es una energía contemporánea, más cortante, más inmediata.
No todo el ruido es caos; a veces es la forma más clara de decir algo.
“The Method” no plantea un discurso complejo, plantea una experiencia física. Una canción que no se escucha desde fuera, se atraviesa.
Con este adelanto, Palmar de Troya dejan clara la dirección de III: un EP que no pretende agradar, sino incomodar y dejar marca. Y en directo, donde realmente cobra sentido, esa intención se multiplica.

Le Mur: tensión, riesgo y apertura en “Lapislázuli”
No es fácil abrir el sonido sin perder identidad. En “Lapislázuli”, Le Mur lo consiguen llevando su propuesta hacia un terreno más accesible sin renunciar a la intensidad que los define.
El tema nace desde lo simple —un patrón de batería improvisado en ensayo— y crece de forma orgánica hasta convertirse en una de las piezas más potentes del EP BRUTO. Hay una intención clara: construir algo directo, primario, pero cargado de significado.
A nivel emocional, la canción se aleja del dramatismo habitual para plantear la pérdida desde otro lugar. No como herida abierta, sino como memoria y gratitud. Ese cambio de enfoque marca buena parte del tono del trabajo.
Mirar atrás no siempre es dolor; a veces es la forma de entender lo que has superado.
El giro también se percibe en el sonido. Más abierto, más inmediato, con una estructura que permite que el mensaje llegue sin fricción, incluso a oyentes fuera del circuito underground.
“Lapislázuli” no es una concesión. Es una ampliación. Un paso hacia fuera sin dejar de ser ellos.
Y ahí está el punto clave de BRUTO: experimentar sin perder el pulso propio.

MADANES: amor tóxico y adicción en “S.U.D Star”
No todas las canciones de amor intentan ser bonitas. “S.U.D Star”, lo nuevo de MADANES, juega justo en el lado contrario: una relación entendida como dependencia, como necesidad que sabes que no te conviene… pero de la que no quieres salir.
El concepto es claro desde el inicio: el amor como trastorno, como sustancia. La metáfora no es sutil, pero tampoco lo pretende. La canción se mueve entre lo irónico y lo incómodo, retratando esa atracción que engancha incluso cuando eres consciente del daño.
Musicalmente, MADANES mantiene su sello: melodía fuerte, casi adictiva, con una base que bebe del pop clásico pero que se permite giros inesperados. Hay algo accesible en la forma, pero el fondo rompe cualquier intento de encajar en lo convencional.
No todo lo que engancha es bueno. A veces, justo por eso engancha más.
El artista vuelve a situarse en ese terreno incómodo entre lo mainstream y lo marginal. Canciones que podrían ser hits… si no fuera por lo que dicen.
“S.U.D Star” no busca redimir la historia. La asume. Y ahí está su fuerza.

ÖPIK: despertar sin consigna en “Viva la Revolución”
La palabra “revolución” suele venir cargada de ruido. ÖPIK decide vaciarla y reconstruirla desde otro lugar. “Viva la Revolución” no apunta hacia fuera, apunta hacia dentro.
El single plantea la alienación contemporánea desde una perspectiva íntima: desconexión, distancia, saturación… y la necesidad de recuperar algo tan básico como sentir. No hay discurso grandilocuente, hay una invitación a despertar.
Musicalmente, la banda refuerza su identidad con un enfoque crudo y analógico. Batería, bajo y guitarras construyen un sonido que prioriza la textura y el pulso frente al acabado perfecto. Se percibe una intención clara de que todo suene real, sin filtros innecesarios.
En la imagen del presskit (página 1), esas figuras difusas entre niebla y barras negras refuerzan la idea central: pérdida de identidad, anonimato y la necesidad de recuperar presencia.
La revolución no siempre es gritar más alto; a veces es volver a escucharte.
ÖPIK evita el panfleto y apuesta por algo más difícil: una canción que cuestiona sin imponer, que incomoda sin saturar.
“Viva la Revolución” no busca convencer. Busca activar algo. Y en ese gesto, encuentra su sentido. donde gana fuerza.

Rik Sorci: caer para avanzar en “Fall Right Now”
Hay momentos en los que todo parece a punto de romperse. “Fall Right Now”, el nuevo single de Rik Sorci, se instala justo ahí: en ese instante previo donde la caída deja de ser miedo y empieza a ser posibilidad.
El tema recupera un sonido de rock más directo, con guitarras ásperas y una base rítmica firme que empuja desde el inicio. No hay rodeos: la canción entra rápido y construye una tensión que se libera en un estribillo abierto, casi catártico.
A nivel lírico, el enfoque es claro. No se trata de evitar el cambio, sino de atravesarlo. La caída deja de ser fracaso para convertirse en una forma de salir de un lugar que ya no encaja.
A veces caer no es perder el control; es dejar de sostener lo que ya no tiene sentido.
La estructura refuerza esa idea: versos más oscuros, contenido introspectivo, y un contraste con coros más luminosos que abren el tema hacia otra dirección.
“Fall Right Now” no busca suavizar el golpe. Lo asume. Y desde ahí, construye una salida.

ÉVAT: ruido como refugio en “Évat”
Cuando desaparece la voz, queda el espacio. “Évat”, el nuevo single del proyecto madrileño, se construye desde ahí: una pieza instrumental que no busca narrar, sino generar un lugar donde quedarse.
El tema se mueve dentro del rock psicodélico, pero sin apoyarse en estructuras clásicas. Más que avanzar, gira. Funciona como un bucle controlado donde todo está en constante movimiento, pero sin colapsar.
La idea central es clara: ese estado mental en el que uno se queda atrapado en sus propios pensamientos, pero sin que necesariamente sea negativo. Más bien lo contrario. Un espacio propio, aislado del ruido exterior.
A veces perderse en la cabeza es la única forma de encontrar silencio.
La propuesta de ÉVAT se aleja de lo convencional. No hay letra, no hay guía explícita, pero sí una intención: construir atmósfera y dejar que cada oyente complete el recorrido.
“Évat” no se escucha como una canción al uso. Se habita. Y en ese planteamiento está su sentido.

Be My Wife: identidad, ironía y exceso emocional en clave goth-pop
Be My Wife no es solo un proyecto musical, es una construcción completa. Federico Nessi articula aquí un alter ego donde sonido, imagen y discurso funcionan como un único lenguaje, sin jerarquías claras entre ellos.
El punto de partida mezcla referencias reconocibles —post-punk, no wave, industrial o goth— con una sensibilidad más pop y teatral. Esa dualidad define el proyecto: crudeza emocional y humor conviviendo sin intentar resolverse.
La estructura de lanzamiento también deja clara la intención. Dos EPs, ocho singles, ocho videoclips. No hay una pieza principal; todo forma parte del mismo relato. Cada canción es un fragmento autónomo, pero también una extensión del universo general.
En la imagen del presskit (página 1), esa postura casi performativa del cuerpo sobre la cama refuerza esa idea de artificio consciente: lo íntimo convertido en escena, lo emocional llevado a un plano estético.
Cuando todo es narrativa, incluso la contradicción forma parte del mensaje.
A nivel sonoro, el proyecto se mueve entre texturas densas, estructuras pop y momentos más experimentales, sin buscar un encaje claro. Lo importante no es el género, es la identidad.
Be My Wife no intenta simplificar su propuesta. La expande. Y en ese exceso controlado es donde encuentra su coherencia.

Sandré: desgaste, rutina y humor negro en “Pijama de fusta”
Sandré no suaviza el golpe. “Pijama de fusta”, tercer adelanto de Paciencia Infinita, entra directo en un terreno incómodo: la rutina como forma de desgaste y la sensación de estar atrapado en un sistema que vacía poco a poco.
El punto de partida es casi irónico. La expresión catalana que da título al tema —una forma coloquial de hablar de la muerte— se utiliza aquí como vehículo para algo más cotidiano: esos momentos en los que todo falla, se desborda o simplemente deja de tener sentido. Pero la canción no se queda en lo anecdótico. Escala.
Cuando todo se repite, el problema deja de ser el día… y pasa a ser el sistema.
La letra apunta hacia arriba, hacia estructuras que sostienen ese desgaste constante. Sin panfleto explícito, pero sin disimulo: hay frustración, hay rabia y hay una lectura bastante clara del presente.
En lo musical, el tema está construido como una pieza en dos actos. Primero, tensión contenida: subidas, bajadas y un pulso irregular que refleja esa inestabilidad constante. Después, ruptura. La canción se diluye en un tramo más abstracto, casi un purgatorio sonoro de delays y ruido donde todo pierde forma. El cierre en fade-out —el primero en su discografía— no resuelve, prolonga la sensación.
El videoclip refuerza ese imaginario desde el humor negro: cuerpos que ya no son lo que eran, convertidos en calaveras, tocando frente a la muerte. No hay épica, hay aceptación con sarcasmo.
“Pijama de fusta” no busca ser cómodo. Es un tema que incomoda porque reconoce algo muy concreto: que el cansancio no siempre es individual. A veces es estructural. Y ahí es donde empieza a doler de verdad.

No Llores, Juanita: una noche cualquiera convertida en canción en “Calle Preciados”
Madrid de noche tiene algo que no se puede planear. “Calle Preciados”, el nuevo single de No Llores, Juanita, se construye precisamente desde esa idea: momentos que parecen pequeños, pero acaban quedándose.
El tema funciona como primer adelanto de Buffet Libre, su debut largo, y ya deja ver por dónde va el proyecto. No hay artificio ni grandes giros, hay cercanía. Una historia reconocible: una noche cualquiera que termina mejor de lo esperado, con esa sensación extraña entre lo real y lo soñado.
La canción se apoya en una melodía que acompaña más que impone, generando esa sensación de paseo, de avanzar sin prisa mientras todo ocurre. Es un tema que no necesita tensión para funcionar; le basta con el recuerdo.
Hay noches que no cambian nada… pero se quedan para siempre.
El grupo sigue construyendo su identidad desde lo sencillo: honestidad, conexión y una forma de escribir que no busca impresionar, sino reconocerse en quien escucha.
“Calle Preciados” no es un gran statement. Es algo más difícil: capturar un instante. Y hacerlo creíble.

Mena: raíces, tiempo y verdad en Recodos territoriales
Hay discos que necesitan ruido alrededor y otros que piden silencio. Recodos territoriales entra claramente en la segunda categoría. El trabajo de Mena se construye desde la pausa, desde esa forma de mirar que no tiene prisa por llegar a ningún sitio.
Grabado en Alhama de Murcia, el álbum articula diez canciones que giran en torno a lo esencial: el mundo rural, la familia, el paso del tiempo o la belleza en lo cotidiano. No hay intención de modernizar el discurso, sino de profundizar en él.
Musicalmente, el disco se apoya en una base clásica —guitarra, bajo y batería— a la que se suma el piano como eje en muchos momentos, aportando una nueva dimensión sin romper la coherencia. Todo está medido, pero sin rigidez.
Hay canciones que no buscan sorprender; buscan quedarse.
Recodos territoriales no es un disco para consumir rápido. Funciona mejor cuando se le da espacio, cuando se escucha sin interrupciones. Ahí es donde realmente aparece.
Mena no intenta destacar por volumen. Lo hace por verdad. Y eso, a largo plazo, pesa más.

Flor y Trol: imperfección, impulso y verdad en Sophi
Hay proyectos que crecen sumando capas y otros que avanzan quitándolas. Flor y Trol, el proyecto de Sophi Rodríguez, elige claramente la segunda vía en su nuevo EP Sophi: menos pulido, más directo y con la emoción en primer plano.
Tras el recorrido de su álbum Sami, esta nueva etapa plantea un cambio de enfoque. La grabación, realizada en solitario, refuerza esa idea de control total pero también de exposición: Sophi se encarga de todo, desde la composición hasta la producción, dejando una huella completamente personal en cada detalle.
El giro sonoro es evidente. El EP abandona cualquier intención de perfección técnica para abrazar un sonido más crudo, incluso áspero por momentos. Instrumentos sencillos, grabación directa y una producción que no intenta corregir, sino acompañar.
Cuando quitas lo innecesario, lo que queda ya no puede esconderse.
Las canciones se sostienen sobre la voz y la carga emocional de las letras, sin artificios que distraigan. Todo apunta a lo esencial: lo que se dice y cómo se siente.
Sophi no busca sonar impecable. Busca sonar real. Y en ese riesgo es donde encuentra su fuerza.

Elderstag: distorsión, concepto y mutación en su debut
Elderstag no plantean canciones sueltas, plantean un mundo. Su álbum debut homónimo funciona como una pieza conceptual que se mueve entre el stoner, el hard rock y el progresivo para construir algo más narrativo que inmediato.
Desde Lisboa, la banda articula un relato distópico donde la deshumanización es literal: un universo en el que la identidad se diluye y lo humano se transforma en otra cosa. Cada tema actúa como un capítulo dentro de esa historia, alternando momentos introspectivos con estallidos de intensidad más pesada.
Musicalmente, el disco juega con ese contraste. Hay peso, hay riffs densos, pero también giros inesperados que rompen la linealidad. No buscan una escucha cómoda, sino mantener cierta inestabilidad constante.
Cuando todo cambia de forma, lo difícil no es resistir… es reconocerse.
Se nota la base: músicos con recorrido dentro de la escena metal portuguesa que entienden cómo construir tensión y liberarla en el momento justo.
El debut de Elderstag no es un ejercicio de estilo. Es una propuesta con intención narrativa y ambición sonora. Y eso, para una primera entrega, no es menor.

PATRICIJA: tensión, fragilidad y estallido en “Angel With a Broken Harp”
Hay canciones que crecen y otras que se contienen… hasta que rompen. “Angel With a Broken Harp”, el nuevo single de PATRICIJA, se mueve precisamente en ese filo: una construcción lenta que acumula tensión hasta liberarla sin concesiones.
La artista lituana afincada en Berlín apuesta por un enfoque claramente cinematográfico, donde las atmósferas pesan tanto como la interpretación. El tema juega con contrastes constantes: susurros frente a explosión, fragilidad frente a control, delicadeza frente a impacto.
En el centro está la voz. Técnica, precisa, pero sobre todo expuesta. Su formación clásica se percibe, pero no limita; al contrario, sirve de base para una interpretación que busca llevar la emoción al límite sin perder el control.
La vulnerabilidad no siempre es suave; a veces es lo más contundente que tienes.
El tema gira en torno a la fractura interna y la capacidad de sostenerse incluso desde ahí. No hay dramatismo gratuito, hay una intensidad medida que se construye paso a paso.
“Angel With a Broken Harp” no intenta encajar en fórmulas. Funciona más como declaración estética: un sonido que mezcla lo orquestal con lo contemporáneo y una artista que no reduce su discurso para hacerlo más cómodo.
PATRICIJA no busca gustar. Busca impactar. Y lo consigue.

MarysCreek: experiencia, músculo y melodía en The Beginning Of The End
Dos décadas de trayectoria no garantizan evolución, pero en el caso de MarysCreek sí se percibe una dirección clara. The Beginning Of The End recoge todo lo que la banda ha ido construyendo desde 2004 y lo convierte en un disco más sólido, más consciente y mejor definido.
El grupo sueco mantiene su base: guitarras potentes, estribillos amplios y una carga emocional constante. Pero aquí hay algo más trabajado. El sonido es más compacto, con una producción que equilibra dureza y melodía sin perder intensidad.
El contexto también pesa. El propio álbum nace en un momento marcado por incertidumbre y tensión, algo que se filtra en el tono general: canciones que se mueven entre la oscuridad y la necesidad de avanzar, sin caer en el dramatismo fácil.
La experiencia no suaviza el golpe; te enseña a dirigirlo.
Temas como “The Curse” o “Damnation” reflejan bien esa dualidad: riffs contundentes, energía directa y una construcción melódica que busca quedarse.
The Beginning Of The End no es un giro radical en su carrera. Es una reafirmación bien ejecutada. Una banda que sabe lo que hace y cómo quiere sonar.

Crazy Heart Connection: enfrentar el pasado sin suavizarlo en “Demons from the Past”
No todo lo que vuelve lo hace de forma amable. “Demons from the Past”, el nuevo tema de Crazy Heart Connection, se construye precisamente desde ahí: desde la confrontación directa con lo que no se ha resuelto.
La banda alemana sigue desarrollando su cruce entre blues y rock alternativo, pero en este caso introduce una mayor carga progresiva y una estructura más abierta. El resultado es un sonido que no se encierra en un formato claro, sino que se expande entre lo psicodélico, lo crudo y lo emocional.
Uno de los puntos clave del tema es su forma de grabación: interpretado en directo en estudio, sin excesiva intervención posterior. Eso se nota. Hay imperfecciones, hay tensión real y una sensación constante de estar dentro del momento.
Hay cosas que no desaparecen; solo esperan a que las mires de frente.
Musicalmente, el peso recae en la combinación de guitarras, piano y una base rítmica sólida que empuja sin perder el pulso blues. Todo con una estética que remite a cierta crudeza setentera, pero sin quedarse en el homenaje.
“Demons from the Past” no intenta cerrar heridas. Las expone. Y en ese gesto encuentra su verdad.

Cönaxx: músculo clásico y versatilidad sin complejos
Cönaxx no intentan reinventar el rock. Lo que hacen es exprimirlo desde dentro, cruzando estilos sin pedir permiso y apostando por una energía directa que funciona mejor en vivo que en cualquier etiqueta.
Desde Lafayette (Colorado), la banda construye un sonido que mezcla base clásica con múltiples derivadas: hard rock, metal, funk, thrash o psicodelia. No buscan cohesión académica, buscan impacto. Y ahí es donde encajan.
El directo es el centro del proyecto. Setlists amplios, cambios de registro y una actitud pensada para mantener la atención sin bajar el ritmo. Ese enfoque híbrido —originales + covers— no es casual: es una estrategia clara para conectar rápido y sostener público en contextos muy distintos.
No todos los proyectos necesitan definir un sonido; algunos funcionan mejor dominando varios.
Su recorrido en la escena de Colorado refuerza esa idea. Han pasado por salas clave y escenarios relevantes, compartiendo cartel con nombres de peso del hard rock y el metal clásico. No es un hype puntual, es una construcción progresiva basada en directo.
El añadido de Van Zeppelin, su proyecto paralelo tributo, termina de cerrar el círculo: explotan su capacidad de ejecución y su conexión con el repertorio clásico para ampliar alcance sin diluir la marca principal.
Cönaxx no juegan a ser modernos. Juegan a ser efectivos. Y en su terreno, eso sigue funcionando.
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