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Recomendaciones musicales semana 9 (2026)
Te presentamos a un grupo sobresaliente de artistas que esta semana ha cautivado tanto a la crítica como al público. Con estilos propios, propuestas innovadoras y una energía contagiosa, cada uno de ellos promete hacerte vibrar con su talento.

LeVERSE: la emoción que aprende a quedarse en “Todo lo que imaginaba”
Hay canciones que no hablan del impacto, sino de lo que ocurre después. “Todo lo que imaginaba”, tercer adelanto de El Diario del Agua, confirma la vocación conceptual de LeVERSE: convertir cada tema en una forma distinta del agua, en esta ocasión la lágrima consciente.
No es una canción sobre la ruptura, sino sobre la comprensión. Sobre ese instante en el que la emoción deja de ser herida y se transforma en pausa. Aquí no hay dramatismo ni desgarro excesivo. La intensidad nace de la contención, de una producción que respeta el silencio y permite que cada matiz respire. La banda apuesta por la cercanía y por una construcción sonora que no invade, sino que acompaña.
Aceptar no siempre es rendirse; a veces es aprender a mirar el recuerdo sin que duela.
Con la participación de músicos que aportan solidez instrumental y con la producción íntegra a cargo de Carlos LeVERSE, el proyecto reafirma su identidad artística desde una mirada personal y coherente. Grabado en Cehegín, el tema mantiene una línea emocional clara: explorar el amor, la memoria y el crecimiento sin artificios.

One Man Void: electricidad cruda desde Salvador
El ruido también puede ser una forma de claridad. Desde Salvador de Bahía, One Man Void convierte la inquietud en materia sonora. El dúo formado por Lucas Ferreira y Rafael Nunezz entiende el rock como una vía directa de expresión: sin adornos innecesarios, sin discursos prefabricados. Alternativo con nervio grunge y pulsión punk, su propuesta es visceral y frontal.
Tras los singles “Unlimited” y “Again”, ahora presentan “Come and Go”, un tema expansivo que apuesta por la inmediatez y el estribillo coreable. Hay algo festivo en su energía, pero también una tensión subyacente que conecta con esa tradición de rock urgente que no pide permiso. La canción funciona como declaración de intenciones y como puente hacia su primer EP, previsto para 2026.
“Un encuentro natural que transforma inquietações en música.”
La frase resume bien el espíritu del proyecto: dos músicos que canalizan la inquietud en canciones directas, orgánicas y cargadas de propósito. Con la producción, mezcla, masterización y baterías a cargo de Jera Cravo, el sonido gana cohesión sin perder crudeza.

Lessens: caminar al borde en “Holding Room”
Hay canciones que no gritan su oscuridad, la susurran. Desde Bristol, el trío post-punk Lessens regresa con “Holding Room”, un single que explora esa sensación inquietante de estar y no estar al mismo tiempo. La pregunta que lo atraviesa es tan íntima como incómoda: sentirse detenido en el pasado, suspendido en un lugar del que no se sabe si se está escondido o atrapado.
Lejos de recrearse en la densidad, “Holding Room” avanza con una ligereza casi pop que desafía la etiqueta sombría que la banda ha cultivado en su ciudad. Hay tensión, sí, pero también aire. Guitarras que respiran, un estribillo que crece hasta un clímax contenido y la impresión de que la canción no solo suena: transita. Es un viaje hacia esa parte de uno mismo que parecía perdida.
“Antes sentía vergüenza, pero ya no. ¿Podría realmente salvarme a mí mismo?”
Ese verso concentra la paradoja que define a Lessens: una canción esperanzadora sobre algo oscuro; una canción oscura sobre algo esperanzador. Concebida entre ensayos y grabada con una producción que respeta tanto el silencio como la explosión, la pieza amplía su paleta sin traicionar su esencia.

Mafy y Vicenia: cuando lo humano y lo virtual laten al mismo ritmo en “Las horas muertas”
¿Qué ocurre cuando una artista de carne y hueso comparte canción con una artista virtual? “Las horas muertas”, el nuevo lanzamiento de Mafy junto a Vicenia, no responde con teoría, sino con sensibilidad. La cantautora sevillana y el alter ego digital creado por Creaydestruye construyen un diálogo que desdibuja la frontera entre emoción y tecnología.
El tema se mueve en coordenadas de indie pop, con texturas orgánicas, sintetizadores analógicos y guitarras de aroma bedroom pop que evocan cierto imaginario británico de finales de los 80 y principios de los 90. Pero más allá del sonido, lo interesante es la intención: utilizar las herramientas tecnológicas como extensión creativa, no como sustituto del alma. La producción de Tato Latorre aporta cohesión y profundidad a una propuesta que busca equilibrio entre experimentación y honestidad.
La tecnología no enfría la emoción cuando se pone al servicio de la canción; la amplifica.
Concebida como obra transmedia, la pieza se completa con un universo visual dirigido por Creaydestruye, donde la estética onírica dialoga con el discurso musical. Mafy, con una trayectoria consolidada en la escena independiente, y Vicenia, una de las propuestas más singulares del pop alternativo actual, demuestran que la innovación no está en lo artificial, sino en la mirada.

1+1+1: crecer sin llegar en “FOREST GAMP”
Hay canciones que no buscan el estallido. Prefieren quedarse suspendidas, respirando en un lugar intermedio. “FOREST GAMP”, el nuevo single del proyecto tokiota 1+1+1, avanza precisamente en esa dirección: una energía desnuda, contenida, que late bajo una superficie aparentemente serena.
Inspirado por el espíritu alternativo de los noventa, 1+1+1 construye un rock de guitarras con pulso nostálgico, pero sin caer en la simple recreación. La canción se despliega lentamente a través de pequeños movimientos de textura, transformando su paisaje sonoro casi sin que el oyente lo perciba. No hay una catarsis evidente; hay tensión sostenida.
A veces crecer no significa llegar a ninguna parte, sino aprender a habitar el bosque en el que ya estás.
“FOREST GAMP” habla de desarrollo, de esa sensación de estar siempre a medio camino, de no alcanzar del todo aquello que parecía tan claro. Su estructura rehúye el clímax convencional y apuesta por la atmósfera como discurso. Escrita, interpretada y producida por el propio artista, la pieza refuerza la identidad íntima del proyecto.
En un panorama saturado de urgencias, 1+1+1 elige la pausa. Y en esa quietud tensa encuentra su forma de decir.

Sueder: madurez luminosa desde Gernika
Hay bandas que encuentran su voz a base de insistir. Sueder, el grupo de rock-pop nacido en Gernika en 2012, llega a su tercer disco con la sensación de haber afinado definitivamente su identidad. No es un giro radical, sino un paso adelante consciente, sólido, trabajado.
Grabado y mezclado entre los estudios Gaua y El Tigre, bajo la dirección de Jon Aguirrezabalaga y Xabier Eguia, el álbum respira equilibrio entre frescura y madurez. Siete canciones en euskera que apuestan por la claridad melódica y una energía amable, sin perder carácter. Hay ligereza, pero no superficialidad; optimismo, pero no ingenuidad.
A veces avanzar no es hacer más ruido, sino sonar con más verdad.
Sueder ha construido un repertorio que, sumado a sus trabajos anteriores, dibuja una trayectoria coherente dentro de la escena vasca. Su propuesta se mueve en ese territorio donde el pop abraza al rock sin fricciones, con estribillos que invitan a quedarse y una base instrumental que sostiene sin imponerse.
Este tercer trabajo no busca deslumbrar por exceso. Prefiere consolidar. Y en esa decisión hay una declaración de intenciones: crecer sin perder la sonrisa.

DESU TAEM: fricción generacional en clave salvaje
DESU TAEM no entiende el rock como una etiqueta cómoda, sino como un espacio que hay que tensionar. Su propuesta parte de una singularidad poco habitual: un dúo formado por padre e hijo que no busca armonizar diferencias, sino explotarlas. En ese choque está su identidad. No suavizan el pasado, lo desmontan y lo reconstruyen con intención.
Bajo la bandera del “Savage Retro Rock”, el imaginario remite a cintas gastadas, escenarios húmedos y una épica que nunca quiso ser elegante. Pero lo interesante es cómo esa estética dialoga con el presente: estructuras angulosas, producción marcada y letras que observan el ahora con ironía y cierta mala leche. No hay culto a la nostalgia; hay apropiación y transformación.
El pasado no se homenajea: se agita hasta que vuelve a tener sentido.
En esa convivencia generacional, la experiencia y el impulso conviven con la síntesis y la mirada digital. No se neutralizan, se potencian. El humor, lejos de ser accesorio, actúa como antídoto frente a la saturación contemporánea; el sarcasmo, como filtro crítico.

Green Easter: tensión contenida y verdad cruda
Hay bandas que nacen del ruido y otras que aprenden a usar el silencio como arma. Green Easter, trío de Illinois formado por Nazarene Mitchell, Emerson Brashear y Michael Wlodek, pertenece a esa segunda categoría. Su alternativa no es impostada: es tensión real, contenida, que estalla solo cuando debe.
Desde 2017 han ido moldeando un sonido donde el post-punk convive con el peso del grunge y una intuición melódica afilada. Bajo que guía, batería que responde en lugar de limitarse a sostener, guitarras que saben cuándo replegarse y cuándo irrumpir. Sus primeros trabajos, Fetus Form (2018) y Still (2019), capturaban esa energía volátil, emocionalmente directa y sin miedo al vacío entre el estruendo.
No toda la intensidad necesita volumen; a veces basta con sostener la tensión el tiempo suficiente.
En su etapa actual, Green Easter suena más preciso, más consciente. La atmósfera gana peso: confesiones nocturnas, soledad de barra, deseo enfrentado a la propia lucidez. No persiguen tendencias; registran momentos. Hay aspereza, sí, pero también espacio para respirar.
Mientras vuelven a los escenarios y preparan nuevo material, la banda reconstruye su impulso en la escena del Medio Oeste con algo que no se fabrica: identidad.

Epic Nelson: voz al límite, blues sin concesiones
Hay bandas que funcionan por química y otras que lo hacen por carácter. Epic Nelson pertenece claramente al segundo grupo. Liderada por la voz expansiva de Eric Nelson, la formación despliega un rock con raíces en el blues que no busca sutilezas innecesarias: busca impacto.
La propuesta se sostiene sobre una interpretación vocal que no se esconde. Hay intensidad, presencia y esa manera de cantar que parece exigir atención desde el primer verso. A su alrededor, las guitarras se mueven entre riffs eléctricos y solos amplios, construyendo una energía que remite al legado clásico del rock sin caer en la simple imitación. Se perciben ecos de ZZ Top, Aerosmith o Stevie Ray Vaughan, pero más como impulso que como copia.
El blues no es una fórmula: es una actitud que se defiende con volumen y verdad.
Con una base formada por músicos experimentados y una trayectoria consolidada en escenarios de la Bahía, Epic Nelson apuesta por un sonido directo, físico y sin rodeos. No hay artificio conceptual ni capas innecesarias. Lo suyo es escenario, amplificador y entrega.
En un tiempo donde muchas producciones pulen hasta borrar el riesgo, Epic Nelson opta por lo contrario: dejar que la electricidad respire.

Belo: la honestidad como única salida en “La Solución”
Hay momentos en la carrera de un artista en los que no basta con publicar una canción: hace falta posicionarse. Con “La Solución”, Belo no solo inaugura una nueva etapa, marca una intención clara. El primer adelanto de su próximo álbum suena a reafirmación, a ajuste de cuentas con uno mismo.
Sostenida sobre guitarras firmes y un desarrollo melódico directo, la canción apuesta por la claridad. No hay rodeos en la letra: habla de asumir responsabilidades, de dejar de buscar culpables fuera y empezar a mirarse hacia dentro. El estribillo tiene vocación de directo, de esos que se cantan con el puño apretado y la convicción intacta.
La solución no siempre está fuera; a veces empieza cuando dejamos de esquivar el espejo.
Desde sus inicios al frente de Belo & Los Susodichos —con aquella irrupción que lo llevó incluso a una nominación al Latin Grammy— hasta su etapa en solitario, el artista asturiano ha construido un repertorio basado en la confesión y la carretera. Ahora, con una producción más depurada y una escritura más reflexiva, mantiene la esencia rock pero afina el mensaje.
“La Solución” anticipa un álbum donde convivirán crudeza y madurez compositiva. Más que un regreso, es una toma de postura: canciones sin artificio, sostenidas por la verdad.

Penalti: cuando la broma empieza a ir en serio
Algunas bandas nacen de un plan; otras, de una ocurrencia que se niega a morir. Penalti pertenece a la segunda categoría. Lo que empezó como ruido entre cuatro amigos en un local de Castellón —más eco que metros cuadrados— ha terminado tomando forma en un primer EP que lleva por título Una broma larga.
Formados por Andrés Vázquez, Álvaro Fabra, Adrián Más y Alejandro Fuentes, el grupo condensa en cinco canciones autoproducidas una mezcla de acidez, ritmo y desparpajo. Hay algo irreverente en su actitud, pero también una conciencia clara de identidad: el sonido no es improvisación caótica, sino la síntesis de cuatro sensibilidades que encuentran punto común en la energía y el baile.
A veces lo que empieza como un chiste es solo la manera más honesta de empezar algo en serio.
Tras una demo inicial y su paso por escenarios como el Loco Club, el EP marca el verdadero debut de la banda, que presentará oficialmente el proyecto en Ca Revolta. Más que una declaración solemne, Una broma larga funciona como gesto generacional: canciones directas, con ironía y pulso rítmico, comprometidas con el movimiento.
Penalti no pretende sentar cátedra. Prefiere incomodar un poco, hacer bailar y alargar la broma todo lo posible.

Oro Rubí incendia la pantalla con “Opio del pueblo”
Hay canciones que no esperan permiso. “Opio del pueblo”, segundo adelanto del futuro álbum debut de Oro Rubí, irrumpe con esa electricidad que no se negocia. El trío formado por Lucas Bauer, Martín Santisteban y Santiago Marín apuesta por un rock en castellano que mezcla guitarras densas, sintetizadores envolventes y una base rítmica que empuja sin descanso.
Su sonido bebe del rock atmosférico, del trip hop y de cierto pulso del nuevo rock argentino, con ecos del clasicismo británico. Pero lo interesante es cómo todo eso se funde en una identidad propia: cruda, emocional y físicamente intensa. “Opio del pueblo” no es una canción contemplativa; es una descarga de tensión, mística y rebeldía que atraviesa de principio a fin.
Cuando la intensidad no se dosifica, se convierte en una forma de fe.
El lanzamiento viene acompañado de un videoclip de alto impacto, con una estética que dialoga con referencias como QOTSA, New Order, Gustavo Cerati o Placebo, expandiendo el universo sonoro hacia lo visual. Grabado en Madrid y producido por Etiqueta Negra Estudios, con mezcla de Carlos Angola y masterización de Black Box Mastering, el tema refuerza la ambición del proyecto.
Oro Rubí no insinúa: arremete. Y en ese gesto hay una declaración clara de intenciones para lo que está por venir.

Credible Witness: vulnerabilidad a todo volumen en “Fish Out Of Water”
Hay canciones que nacen de la incomodidad y la convierten en himno. “Fish Out Of Water”, el nuevo lanzamiento de Credible Witness, recupera la electricidad del alt-rock noventero para hablar de algo que no caduca: la sensación de no encajar, de nadar contra corriente mientras todo aprieta.
Impulsada por guitarras rugientes, batería contundente y melodías vocales superpuestas, la canción equilibra urgencia y fragilidad. El estribillo se eleva como esos momentos pensados para corearse en directo, transformando la lucha individual en experiencia compartida. Hay ecos reconocibles del sonido que marcó a una generación, pero no como ejercicio de nostalgia, sino como lenguaje todavía vigente.
A veces sentirse fuera de lugar es el primer paso para encontrar tu propia voz.
Tras años tocando en bandas punk locales, el proyecto retoma la composición con una premisa clara: recuperar el rock hecho por personas, directo y sin artificios innecesarios. “Fish Out Of Water” no busca reinventar el género, sino devolverle su honestidad primaria: guitarras fuertes, emociones sin filtro y canciones que van al grano.
En un panorama saturado de producción pulida, Credible Witness apuesta por la fricción. Y en esa fricción encuentra identidad.

Vinyl Floor: optimismo melódico en movimiento
Hay canciones que miran el mundo desde un ángulo distinto y, en lugar de incomodarse, sonríen. “I’m on the Upside”, nuevo single de Vinyl Floor y adelanto de su próximo álbum Balancing Act, se mueve precisamente en ese territorio: el de la curiosidad y la voluntad de hacer las cosas a contracorriente, pero con luz.
La banda danesa, liderada por los hermanos Daniel y Thomas Charlie Pedersen, firma un corte de rock melódico ágil, impulsado por guitarras brillantes y un groove de batería vivo que sostiene armonías vocales cálidas. Hay un aire retro que remite al pop-rock británico de los sesenta y setenta, pero la energía es decididamente contemporánea. No es un ejercicio de nostalgia, sino una actualización consciente.
A veces cambiar de perspectiva no es aislarse, sino encontrar el lugar desde el que todo cobra sentido.
Con más de quince años de trayectoria y seis discos a sus espaldas, Vinyl Floor demuestra oficio sin perder frescura. “I’m on the Upside” no busca dramatizar la diferencia; la celebra. Habla de observar desde fuera, de elegir otro camino, de abrazar una nueva forma de mirar.
En tiempos de cinismo fácil, la canción apuesta por algo menos habitual: el entusiasmo inteligente.

Dylan James: volver a la música cuando todo se desmorona
Hay regresos que no se planean. Simplemente ocurren cuando la vida aprieta. Dylan, músico de rock alternativo vinculado a la escena de Filadelfia, pasó más de una década lejos de la música. No por falta de pasión, sino porque había que trabajar, sostener, sobrevivir. Hasta que todo cambió a la vez: pérdida de empleo, ruptura sentimental y el regreso al hogar familiar para cuidar a su madre tras el diagnóstico de Parkinson en pleno inicio de la pandemia.
En medio de ese derrumbe silencioso, volvió la guitarra. Y con ella, algo más que acordes: volvió la conversación consigo mismo. El reencuentro con un viejo amigo —y el descubrimiento de un sonido producido con ambición y cuidado— fue el empujón definitivo. De la idea inicial de remasterizar canciones antiguas surgió otra más honesta: empezar de cero.
A veces no regresamos a la música para recordar quién fuimos, sino para descubrir quién podemos ser ahora.
Con el productor Ant Mas como aliado, Dylan transforma la adversidad en impulso creativo. Su nueva etapa no nace de la nostalgia, sino de la necesidad. No es un regreso romántico: es una reconstrucción.
Y cuando la música vuelve así, no suele irse otra vez.

Sixstrings: hard rock sin maquillaje en “World Is On Fire”
Hay canciones que no pretenden gustar, sino sacudir. “World Is On Fire”, el nuevo single de Sixstrings, entra en esa categoría: hard rock moderno, directo y sin filtros, que señala con el dedo la hipocresía y la ambición desmedida como parte del paisaje cotidiano.
Con guitarras al frente y una actitud combativa, el tema retrata un mundo donde la confianza se erosiona entre discursos vacíos y egos enfrentados. No hay metáforas complacientes. La banda apuesta por la contundencia: riffs sólidos, tensión constante y un estribillo que golpea con vocación de directo. Es una descarga que no busca matices suaves, sino claridad frontal.
Cuando todo parece arder, callar también es una forma de complicidad.
Desde su nacimiento como proyecto personal de José Salvador hasta consolidarse como una formación con identidad propia, Sixstrings ha convertido la guitarra en el eje de su discurso. Tras Cries of the Soul y No Future, este nuevo adelanto confirma una evolución en sonido y ambición, con una puesta en escena cada vez más reconocible y una agenda de conciertos que refuerza su proyección.
“World Is On Fire” no propone escapismo. Propone resistencia. Y lo hace con volumen, músculo y convicción.

Sound Delivery: progresión setentera con pulso contemporáneo
Apenas un año después de su debut en formato largo, Sound Delivery vuelve a mover ficha con “Oh My, Oh My”, un single que reafirma su ambición: mirar hacia delante sin romper el diálogo con el pasado. El trío sueco no se limita a replicar la estética del rock de los setenta; la somete a tensión y la actualiza con una lectura propia.
En esta nueva entrega se percibe una evolución clara. El grupo trabaja sobre estructuras heredadas del prog y del rock clásico, pero introduce giros melódicos y cambios de dinámica que evitan la comodidad. Hay músculo instrumental, sí, pero también intención. El resultado es un sonido difícil de encasillar: pesado por momentos, expansivo en otros, siempre con una energía que empuja hacia delante.
El pasado inspira, pero solo cobra sentido cuando se atreve a transformarse.
Con experiencia en escenarios compartidos con nombres de peso y un bagaje de directo notable, Sound Delivery demuestra que su identidad no depende de etiquetas. “Oh My, Oh My” no es un ejercicio de nostalgia; es una declaración de crecimiento. Una manera de recordar que el rock progresivo no tiene por qué vivir en el museo si aún sabe respirar en presente.

No Llores, Juanita: desamor con luz propia
Hay bandas que convierten la tristeza en peso y otras que la transforman en impulso. No Llores, Juanita pertenece a la segunda categoría. Con los adelantos “Invítame a un cigarro” y “Me has comido el corazón”, el grupo sigue preparando el terreno para su disco debut, manteniendo ese sonido sincero y de buen rollo que se ha convertido en su sello.
Su manera de abordar el desamor no se queda en la herida abierta. Las letras transitan del golpe inicial a esa pequeña chispa de esperanza que aparece cuando menos se espera. Hay honestidad, pero también ligereza; melancolía, pero sin dramatismo impostado. El equilibrio entre emoción y energía es parte de su identidad.
No todo final es un derrumbe; a veces es el inicio de una nueva forma de latir.
Tras un 2025 intenso en salas madrileñas y festivales, la banda encara 2026 con más de diez canciones publicadas y una comunidad que crece concierto a concierto. Los nuevos temas no solo anticipan un álbum: consolidan una etapa.
No Llores, Juanita no convierte el desamor en espectáculo. Lo convierte en canción compartida.

Belide y Víctor Fraile: una nueva vida para “He Dejado de Huir”
Hay canciones que no terminan cuando se publican. Solo esperan el momento adecuado para volver a decir algo distinto. La banda madrileña Belide recupera “He Dejado de Huir” y la transforma en un diálogo íntimo junto a Víctor Fraile. Más que una nueva versión, es una ampliación emocional.
Cantada ahora a dúo con Eva, la canción gana profundidad y contraste. Donde antes había confesión, ahora hay intercambio. Las voces se cruzan, se sostienen, se responden. El tema respira de otra manera, con más tensión contenida y más verdad compartida.
A veces no huir no es un acto de valentía, sino el primer gesto de reconciliación con uno mismo.
Belide se mueve con naturalidad entre el rock, el pop-rock y el indie, construyendo un sonido guitarrero firme, con base rítmica sólida y melodías que avanzan con carácter. En sus letras siempre hay una mezcla de claridad y sombra, de impulso y reflexión.
Esta revisión no busca nostalgia ni simple actualización. Es una reafirmación. Una forma de demostrar que las canciones, como las personas, cambian cuando se atreven a mirarse desde otro ángulo.

Nico Guitarman: virtuosismo y pulso progresivo en “Give Me Five”
Hay guitarristas que tocan rápido. Y luego están los que saben contar algo mientras lo hacen. Desde Eslovaquia, Nico Guitarman —también conocido como Nico® o nicoguitarman— lleva años construyendo una identidad instrumental donde técnica y emoción no compiten, sino que se complementan.
“Give Me Five”, publicado originalmente en 2020 e incorporado más tarde al álbum Silent Planet (2022), es una pieza que entiende el rock instrumental como relato. Arranca con una introducción magnética, avanza entre riffs sólidos y precisos, y se expande hacia un solo explosivo antes de desembocar en un cierre de carácter casi épico. Hay estructura clásica, pero también una clara vocación progresiva que evita la repetición cómoda.
“A high-energy instrumental rock composition that merges progressive elements with classic rock structure.”
Premiada en 2020 y difundida en emisoras de distintos países, la canción confirma algo más relevante que cualquier reconocimiento: Nico compone, graba y produce su música en solitario. Ese enfoque independiente no es marketing, es método.
Entre influencias que van del metal al blues, pasando por el jazz y la música clásica, “Give Me Five” demuestra que el rock instrumental sigue teniendo espacio para la ambición y la identidad propia. No necesita voz para transmitir intensidad. Solo convicción, sensibilidad y una guitarra que habla con autoridad.
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