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La Gramola Murciana

Airin.wav explora nuevas emociones con “Finjo”

Cronista de los temblores cotidianos, Airin.wav firma en “Finjo” un retrato íntimo de la duda y el deseo de pertenecer. Primer adelanto de su nuevo EP, la canción coloca la voz en primer plano y apuesta por una dramaturgia de pequeños gestos: mirar de frente el miedo, nombrarlo y, aun así, avanzar. Este texto traza las claves de una pieza que crece en la escucha y en el directo.

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Airin.wav nació en Murcia en 2020 y se ha desarrollado con mayor profundidad desde 2023 en Madrid. Tras el debut con el EP La caja de Pandora —un viaje por la nostalgia y la disconformidad—, “Finjo” abre el segundo capítulo: No sé cómo explicarlo, un trabajo de cuatro canciones en el que la artista busca otra realidad desde la que decir lo que antes no cabía. El single condensa esa mudanza interior: habitar un nuevo lugar, aceptar que quizá se ha roto algo en el tránsito y sostener la mirada de los demás sin renunciar a la propia.

“Finjo no es esconderse: es mostrar con honestidad la fragilidad de quien está aprendiendo a pertenecer.”

El texto de “Finjo” avanza en dos movimientos: el ensayo general del yo (lo que quiero ser, lo que temo que veas) y la coreografía que lo enmascara (lo que “finjo” para no desbordarme). No hay morbo ni exhibición: hay proximidad. La letra trabaja con imágenes precisas —la cocina, el espejo, el trayecto a un encuentro— y encadena frases que dejan huecos de aire para que el oyente rellene con su propia biografía. La emoción no grita; vibra.

Arquitectura sonora: pop–indie sensible, sin sobreproducción

La producción de “Finjo” apuesta por el detalle y el espacio. Un pulso rítmico sobrio, guitarras y texturas que entran y se retiran como olas cortas, acentos electrónicos medidos; todo acompaña a una voz muy cercana, que respira y duda. El estribillo no busca la grandilocuencia, sino un desahogo interpretativo que llega más por interpretación que por volumen. El resultado se inscribe en una tradición reciente del pop emocional español que reivindica la vulnerabilidad con luz, no con dramatismo.

De “Me (es)forcé” a “Finjo”: una cartografía de tránsito

La trayectoria breve pero significativa de Airin.wav ya anunciaba esta deriva: piezas como “Me (es)forcé”, “Te tengo” o “Razón o con pasión” mostraban a una autora atenta a la microdramaturgia sentimental y a la dicción como herramienta expresiva. “Finjo” no “corrige” ese mapa: lo expande. Cambia la geometría del conflicto —menos culpa, más convivencia con lo que duele— y asienta una estética donde cada arreglo existe para sostener una voz que elige la cercanía.

“El valor de ‘Finjo’ está en decir la verdad incluso cuando todavía no sabemos nombrarla.”

“Finjo” se presentó en el marco de La Disquera en Murcia, un encuentro de sellos y artistas independientes pensado para tejer red y amplificar voces emergentes. En el directo, la mezcla de pudor y arrojo de la canción encuentra su forma definitiva: los silencios pesan, las respiraciones cuentan, y la banda subraya el punto justo de luz para que el texto llegue con claridad. Si el estudio propone intimidad, el escenario la comparte.

“Finjo” no pretende resolver dilemas: sabe que crecer también es aprender a habitar la duda. Por eso, cuando la canción termina, deja encendida una lámpara: la certeza de que la intimidad puede compartirse sin ruido, con la delicadeza de quien baila sobre un suelo que tiembla y aun así no se rompe.

Totana, 1984. Crecí entre cassetes de los Pecos y Fórmula V. Mis oídos se curtieron a base de Rap, Rock, Shoegaze o Metal, y me muevo sin problema del Indie a la copla o del Thrash a la clásica. Al final, no importa el género: lo que cuenta es que la canción merezca la pena. Formo parte del sello murciano La Semilla Mgmt, donde trabajo como consultor y social media, ayudando a grupos emergentes a crecer y a darle chispa a su comunicación digital. Mi otro yo se dedica al marketing y también escribe: publiqué dos novelas, La luna roja de Siberia y Omega, el ángel caótico. Soy fan declarado de la peor ciencia ficción, devoro pelis de serie Z y colecciono vinilos de forma compulsiva: de Nino Bravo a Marilyn Manson. Para mi madre, sigo siendo “un caso perdido”